Ha transcurrido ya un mes desde que el gobierno de los Estados Unidos solicitó la detención con fines de extradición de diez funcionarios del partido Morena en el estado de Sinaloa, incluido su gobernador, un senador y el presidente municipal de Culiacán, acusados de presuntos vínculos y colaboración con el crimen organizado. En todo este tiempo, el gobierno federal mexicano no ha mostrado el más mínimo interés en aclarar los hechos, investigar a fondo o deslindar responsabilidades. Por el contrario, lo que hemos visto es protección política, seguridad pública, silencio cómplice, defensa irresponsable y una cortina de humo para tratar de cubrir sus escándalos.Pero eso sí: en cuanto una gobernadora de oposición combate al crimen organizado con resultados reales, entonces sí se activa toda la maquinaria del Estado y toda la estructura partidiaria para acosar y acusar de “traición a la patria” a una gobernadora valiente de oposición que su único delito es combatir al crimen organizado con acciones claras y efectivas. Como se esperaba, ya citaron a comparecer a la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos. ¿Y cuál es el “pecado” que cometió? Hacer su trabajo. Enfrentar a los criminales. Desmantelar un narcolaboratorio. Proteger a las familias de su estado. Actuar donde otros gobiernos simplemente voltean hacia otro lado o, peor aún, terminan cohabitando con quienes lastiman a México.Porque no nos confundamos. Lo que hoy está ocurriendo no tiene nada que ver con justicia. O defensa de la soberanía. Tiene que ver con persecución política. Y eso debe decirse con todas sus letras.Mientras en Chihuahua se destruyen laboratorios clandestinos, se decomisan drogas y se enfrenta a los grupos criminales, en los estados gobernados por Morena vemos exactamente lo contrario: gobiernos permisivos, autoridades rebasadas y administraciones que parecen más preocupadas por cuidar la narrativa presidencial que por devolverle la paz a la gente.Lo más grave es el doble rasero. Para los gobiernos emanados de Morena hay apego a la ley, comprensión, excusas y defensa pública desde las mañaneras. Para los gobiernos de oposición hay hostigamiento, campañas de desprestigio y utilización facciosa de las instituciones.Eso explica por qué, ante los señalamientos internacionales contra funcionarios morenistas, el gobierno federal guarda silencio; también explica por qué, cuando una gobernadora panista actúa contra el narcotráfico, entonces aparecen citatorios, declaraciones filtradas y amenazas disfrazadas de procedimientos legales.En Morena no les incomoda el crimen organizado. Les incomoda quien sí lo combate y eso es profundamente delicado para cualquier democracia.Porque cuando un gobierno usa a las instituciones para intimidar opositores, pero protege a los cercanos al poder, deja de actuar como gobierno y empieza a comportarse como aparato de persecución política y de protección de intereses criminales. La gobernadora Maru Campos ha dado la cara desde el primer momento. No se escondió, no evadió responsabilidades y tampoco se victimizó. Lo dijo con claridad: la persecución continúa, pero seguirá luchando por Chihuahua, por las familias y por la libertad. Esa firmeza contrasta muchísimo con otros personajes de Morena que, ante cualquier señalamiento, inmediatamente reciben respaldo presidencial, blindaje político y silencio institucional.México merece gobiernos que enfrenten al crimen, no gobiernos que persigan a quienes lo enfrentan.Y hay algo todavía más absurdo en todo esto: pareciera que el mensaje para las autoridades estatales es que combatir al narcotráfico sale caro políticamente. Que destruir un laboratorio clandestino puede terminar en citatorios y ataques desde el poder central. Mientras tanto, quienes son señalados internacionalmente por presuntos vínculos con grupos criminales siguen intocables, protegidos bajo el paraguas político de Morena.Así de surrealista se ha vuelto este gobierno.Lo que está ocurriendo con Chihuahua también deja otra reflexión inevitable: el enorme miedo que Morena le tiene a los gobiernos de oposición que sí dan resultados. Porque Maru Campos ha logrado construir condiciones de estabilidad, inversión y desarrollo en Chihuahua en medio de un contexto nacional complicado. Y eso evidentemente incomoda a quienes viven de dividir, polarizar y fabricar enemigos.Por eso intentaron organizar marchas contra ella y fracasaron. Porque la gente sabe distinguir perfectamente entre quien trabaja y quien persigue. Porque las familias de Chihuahua saben quién está de su lado y quién solamente busca golpear políticamente desde el centro del país.Y que quede claro: Acción Nacional acompañará plenamente a la gobernadora Maru Campos. No solamente por solidaridad política, sino porque aquí está en juego algo mucho más grande: la defensa del federalismo, de las libertades y del derecho de los estados a combatir al crimen sin recibir represalias políticas del gobierno federal.Maru Campos no está sola. Chihuahua no está solo. Y millones de personas en este país tampoco están dispuestas a quedarse calladas frente al uso faccioso del Estado.Porque cuando perseguir opositores se vuelve prioridad nacional y combatir al crimen se convierte en motivo de castigo político, entonces queda clarísimo quiénes están del lado de México y quiénes solamente están del lado del poder.Presidente del Partido Acción NacionalÚnete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.