Ted Bundy y Elizabeth Kendall fueron pareja durante varios añosLa llamada llegó a las dos de la mañana. Al otro lado de la línea, desde una celda en Florida, Ted Bundy le dijo a Elizabeth Kendall que una noche había cerrado el tiraje de la chimenea de su departamento, puesto una toalla bajo la puerta y esperado. Ella dormía. Él esperó a que el humo llenara la habitación.“Hay algo que anda mal en mí —le dijo Bundy—. No pude controlarlo. Luché durante mucho tiempo… pero era demasiado fuerte."PUBLICIDADElizabeth recordó esa noche. Los ojos llorosos, la tos y el salto de la cama para abrir la ventana. Que al día siguiente le había recriminado a Ted no haber vuelto con el ventilador.El ADN confirma a Ted Bundy como responsable del asesinato de Laura Ann Aime en Utah, tras casi 52 años de investigación (AP)Era octubre de 1969. Elizabeth Kloepfer tenía 24 años, era secretaria en la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington, madre divorciada de una niña de dos años y luchaba contra una soledad que describió, años después, como paralizante. Esa noche, una amiga la convenció de salir a tomar algo al Sandpiper Tavern, en Seattle. Era algo que casi nunca hacía porque el dinero apenas le alcanzaba.PUBLICIDADIntentaba escabullirse de un hombre que la incomodaba cuando vio a Bundy sentado solo al otro lado del bar. Se acercó. “Parece que tu mejor amigo acaba de morir”, le dijo.La química fue inmediata. Bundy pasó esa primera noche en su departamento, sin que ocurriera nada, y a la mañana siguiente le preparó el desayuno. El fin de semana siguiente ya viajaban juntos a Vancouver.PUBLICIDAD“La química entre nosotros era increíble —escribió Kendall en sus memorias de 1981, El príncipe fantasma: mi vida con Ted Bundy—. Ya estaba planeando la boda y eligiendo nombres para los hijos. Él me decía que echaba de menos tener una cocina porque le encantaba cocinar. Perfecto. Mi príncipe."Ted Bundy tenía 23 años, estudiaba derecho, era atractivo y seguro de sí mismo. Para una mujer que se describía a sí misma como tímida e insegura, representaba exactamente lo que necesitaba. “Le entregué mi vida a Ted. Me volví cada vez más dependiente de él. Cuando sentía su amor, estaba en la cima del mundo.”PUBLICIDADEl 14 de julio de 1974, Bundy secuestró y asesinó a Janice Ott, de 23 años, y a Denise Naslund, de 19, en el parque natural del lago Sammamish. Ese mismo día había salido con Elizabeth a comer hamburguesas (AP)A los pocos meses de relación, Bundy conoció a los padres de Elizabeth y ella conoció a los suyos. En febrero de 1970, cuatro meses después de su primer baile, tramitaron una licencia de matrimonio. La relación avanzó entre rupturas y reconciliaciones. En 1972, Elizabeth quedó embarazada. Ella interrumpió el embarazo. Él, según escribió en sus memorias, “estaba satisfecho consigo mismo. Había engendrado un bebé”.PUBLICIDADLas señales de alarma llegaron pronto, aunque disfrazadas. La amiga de Elizabeth, Marylynne Chino, le contó que un día encontró ropa interior de mujer y yeso de construcción en el escritorio de Bundy. Cuando Elizabeth lo confrontó, la respuesta fue directa. “Si se lo cuentas a alguien, te rompo el puto cuello”, le advirtió.Había días en que Bundy desaparecía durante horas. Si ella preguntaba dónde había estado, él la acusaba de querer controlarlo. Ella bebía cada noche para poder dormir.PUBLICIDAD“Si le preguntaba dónde había estado, se ponía furioso —contó Kendall años después—. Me acusaba de no respetar su libertad, me decía que estaba empeñada en controlarlo todo."Imagen policial del asesino en serie Ted Bundy (Florida Department of Corrections )Bundy manejaba su doble vida con precisión. El 31 de mayo de 1974 salió a cenar con Elizabeth, los padres de ella y la pequeña Molly en un restaurante de Seattle. Tras dejarlos en sus casas, se marchó. A la mañana siguiente llegó tarde a una cita. Esa madrugada, una joven llamada Brenda Ball había desaparecido en un pueblo cercano.PUBLICIDADCuando Elizabeth llamó a la policía y nadie la escuchóEl 14 de julio de 1974, Bundy secuestró y asesinó a Janice Ott, de 23 años, y a Denise Naslund, de 19, en el parque natural del lago Sammamish. Ese mismo día había salido con Elizabeth a comer hamburguesas.Los testigos del rapto describieron a un hombre con el brazo enyesado. La policía difundió un retrato robot. El nombre del sospechoso era “Ted”. Conducía un Volkswagen.PUBLICIDADElizabeth recordó el yeso de construcción que había encontrado en el escritorio de Bundy meses atrás. Recordó que él le había dicho, entre risas, que “nunca se sabe cuándo uno se puede romper una pierna”. Encontró una hacha en su Volkswagen. Bundy explicó que había talado un árbol en la cabaña de sus padres. Encontró muletas en su cuarto, similares a las descritas en otro ataque sin resolver.El 8 de agosto de 1974, Elizabeth llamó al Departamento de Policía de Seattle.“Necesita venir a rellenar un formulario —le dijeron—. Estamos demasiado ocupados para hablar con novias por teléfono."Colgó. Meses después, cuando Bundy se mudó a Utah y las desapariciones de mujeres jóvenes se multiplicaron en ese estado, volvió a intentarlo. Esta vez llamó a la Policía del Condado de King. Le dijeron que Bundy ya había sido descartado como sospechoso. Nadie la escuchó.Laura Aime, una de las víctimas de Ted Bundy (Utah Department of Public Safety)Su hija Molly, que hoy tiene 53 años y habló públicamente por primera vez en el documental Ted Bundy: Falling for a Killer, lo puso en perspectiva. “A ver, un momento. Era lógico que te sintieras confusa. Estabas enamorada de él, ¿verdad? Lo cierto es que comunicaste unos hechos a la policía, y se suponía que la policía tenía que hacer su trabajo", sostuvo.Molly tenía tres años cuando conoció a Ted Bundy. Lo conoció como conocen los niños a los adultos que los cuidan: por el desayuno que les preparan, por los juegos, por la atención sostenida. Durante años, Bundy fue para ella una figura paterna.“Ted nos parecía una persona estupenda. Siempre estaba a nuestro lado, o eso creíamos”, declaró en el documental.En el mismo documental, Molly reveló por primera vez detalles de su infancia que nunca había contado. Describió el día en que Bundy entró desnudo a su cama. Describió su costumbre de agarrarla “por la entrepierna”, deslizando los dedos bajo su ropa interior. “Nunca le dije a nadie aquellas cosas tan raras que hacía Ted a veces”, admitió.Hoy, al ver las fotografías de esa época, su lectura es otra. “Miro a Ted y me pregunto qué estaría pensando en ese momento. ¿Qué sentía en realidad? Los recuerdos felices se han convertido en un montón de cenizas".Todas las víctimas de Ted Bundy eran mujeres jóvenesEn agosto de 1975, la policía detuvo a Bundy en Utah después de que intentara huir de un agente que lo interceptó de madrugada en una zona residencial. En el baúl de su coche hallaron seis máscaras, guantes, cuerda, una palanqueta de hierro y unas esposas. Fue condenado a 15 años por el secuestro agravado de Carol DaRonch.Mientras estaba preso, Bundy y Elizabeth mantuvieron correspondencia. Cartas apasionadas. Ella lo visitaba en la cárcel. Seguía creyendo que era inocente.Bundy se escapó dos veces. La primera evasión duró seis días. La segunda, en diciembre de 1977, lo llevó hasta Florida. Había perdido peso suficiente para escurrirse por un conducto de ventilación en el techo de su celda en Colorado. En Florida asesinó a al menos tres personas más, entre ellas Kimberly Leach, de 12 años.Cuando lo volvieron a detener y lo pusieron en libertad bajo fianza antes de un juicio, Elizabeth lo recibió de nuevo en su casa.“Sabía que me usaba como tapadera, para contrarrestar la imagen de tipo raro construida por los medios —contó—. Pero estaba dispuesta a asumir el papel que fuese si con ello lograba seguir a su lado."Fue en Alcohólicos Anónimos donde Elizabeth comenzó a distanciarse. La sobriedad le devolvió una claridad que el alcohol había mantenido anestesiada durante años. Dejó de visitarlo. Dejó de responder las cartas.Antes de cortar el contacto definitivamente, le hizo la pregunta. Bundy admitió que sí. Que una noche había ido a su departamento, cerrado el tiro de la chimenea y puesto una toalla bajo la puerta. Que había esperado mientras ella dormía. “Voy a amarte siempre, en mis sueños. Voy a amarte hasta el último aliento”, le escribió desde la cárcel.“Me resulta imposible creer que todo esto haya formado parte de mi vida. Cuando pienso que estuve enamorada de Ted Bundy me parece demencial”, declaró.El 24 de enero de 1989, Ted Bundy fue ejecutado en la silla eléctrica en Florida. Tenía 42 años. Había confesado 30 asesinatos.El 24 de enero de 1989, Ted Bundy fue ejecutado en la silla eléctrica en FloridaTras la ejecución, Elizabeth Kloepfer, conocida como Kendall, desapareció de la vida pública durante décadas. “Mi crecimiento espiritual es extremadamente importante para mí ahora. Trato de vivir mi vida según la voluntad de Dios. Rezo por Ted, pero me produce náuseas”, escribió.Su libro, El príncipe fantasma: mi vida con Ted Bundy, publicado en 1981 bajo el seudónimo de Elizabeth Kendall, fue la base de la película Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile (2019), protagonizada por Zac Efron como Bundy y Lily Collins como Elizabeth. El director Joe Berlinger consultó con Kendall antes de rodar. Ella aceptó, con reticencias.En 2020, madre e hija rompieron su silencio de forma más extensa en el documental Ted Bundy: Falling for a Killer, disponible en Amazon Prime Video. Fue la primera vez que Molly habló públicamente sobre su infancia junto al asesino.Karen Sparks, la primera víctima documentada de Bundy, habló en el documental por primera vez sobre lo que ocurrió en su departamento en enero de 1974. Bundy entró mientras ella dormía, le fracturó el cráneo con una madera de su propia cama y la dio por muerta. La encontraron 20 horas después. Convive con las secuelas hasta hoy. Nadie la había escuchado antes, tampoco.