Cuarenta a�os no son solo una efem�ride: son un logro. En un momento de profunda transformaci�n de los medios, alcanzar el 40� aniversario en la prensa escrita -y especialmente en la econ�mica- merece reconocimiento. Por eso, desde UGT queremos felicitar a EXPANSI�N por su trayectoria y agradecer la oportunidad de participar en este n�mero conmemorativo.En estas cuatro d�cadas, la econom�a espa�ola ha experimentado una transformaci�n profunda. Hemos pasado de un modelo vulnerable, con elevados desequilibrios macroecon�micos, a una econom�a integrada en la UE, m�s abierta, competitiva y capaz de generar empleo en contextos complejos. La modernizaci�n de nuestras infraestructuras, la internacionalizaci�n de nuestras empresas y el desarrollo de sectores estrat�gicos han sido determinantes. Pero junto a estos cambios, se ha producido una evoluci�n igualmente relevante desde el punto de vista social y laboral.Esa evoluci�n tiene un anclaje claro en nuestro marco constitucional. La Constituci�n reconoce en su T�tulo Preliminar, a trav�s del art�culo 7, el papel esencial de los sindicatos y las organizaciones empresariales en la defensa y promoci�n de los intereses econ�micos y sociales que les son propios. Este reconocimiento no es simb�lico: es la base de un modelo de relaciones laborales asentado en el equilibrio, el di�logo y la participaci�n.A ello se suman derechos fundamentales que han sido determinantes en la construcci�n de nuestro sistema. El art�culo 28 consagra la libertad sindical y el derecho de huelga como instrumentos leg�timos de acci�n colectiva. Y el art�culo 37 reconoce la fuerza vinculante de la negociaci�n colectiva, elev�ndola a pieza central del ordenamiento jur�dico-laboral. Este tr�pode -representaci�n, acci�n colectiva y negociaci�n- ha permitido articular un modelo en el que el crecimiento econ�mico puede y debe traducirse en derechos.No ha sido un camino lineal. Espa�a ha afrontado crisis profundas -la reconversi�n industrial de los a�os ochenta, la crisis financiera de 2008 o el impacto de la pandemia- que pusieron a prueba la solidez de nuestro modelo. Sin embargo, en esos momentos cr�ticos, la negociaci�n ha demostrado su valor. Los acuerdos alcanzados entre interlocutores sociales y poderes p�blicos han permitido amortiguar los efectos m�s duros de las crisis, sostener el empleo y preservar el tejido productivo. Los mecanismos de flexibilidad interna, la protecci�n social reforzada y, m�s recientemente, instrumentos como los Erte o el mecanismo RED han evidenciado que el acuerdo no es solo una herramienta de reparto, sino tambi�n de resiliencia econ�mica.Ahora bien, esta trayectoria tambi�n ha estado marcada por tensiones y desequilibrios. La precariedad laboral, la segmentaci�n del mercado de trabajo y la insuficiente traslaci�n de la productividad a los salarios han sido desaf�os persistentes. En determinados momentos, el debilitamiento de la negociaci�n colectiva o la primac�a de ajustes unilaterales han contribuido a agravar estas brechas. De ah� la importancia de haber reequilibrado, gracias a la reforma laboral pactada de 2021, los marcos de negociaci�n y de haber reforzado el papel de los convenios colectivos sectoriales como garant�a de derechos.Hoy, el contexto vuelve a ser exigente. La transici�n digital, la transformaci�n ecol�gica y las tensiones geopol�ticas est�n redefiniendo el modelo productivo. A ello se suma un elemento central: el conflicto distributivo en torno a c�mo se reparten los frutos del crecimiento. La inflaci�n reciente, especialmente en bienes esenciales como la vivienda o la energ�a, ha erosionado el poder adquisitivo de las personas trabajadoras, mientras que en algunos sectores los m�rgenes empresariales han mostrado una notable capacidad de recuperaci�n. En este escenario, la lecci�n de estos cuarenta a�os es clara: el crecimiento solo es sostenible si se distribuye de manera justa. Y esa distribuci�n no se produce de forma autom�tica; requiere reglas, instituciones y, sobre todo, negociaci�n. La concertaci�n social ha sido -y debe seguir siendo- el instrumento que permita equilibrar intereses, orientar las transformaciones econ�micas y garantizar que nadie quede atr�s.Mirando al futuro, Espa�a tiene la oportunidad de consolidar un modelo de crecimiento m�s inclusivo, basado en el empleo de calidad, la innovaci�n y la cohesi�n social. Para ello, ser� imprescindible fortalecer los espacios de negociaci�n, adaptar la regulaci�n a los nuevos desaf�os y seguir apostando por el acuerdo como se�a de identidad.Que los pr�ximos 40 a�os consoliden esta senda, con la negociaci�n como eje del progreso compartido, mientras medios como EXPANSI�N siguen dando cuenta de ello.Pepe �lvarez, secretario general de UGT.