Noticia Basado en hechos observados y verificados directamente por nuestros periodistas o por fuentes informadas. 27 may 2026 - 07:08Clara Sánchez (Guadalajara, 1955) es profesora, escritora, académica de la lengua (su sillón es el X) y... un pozo de sorpresas. Esta dama de las letras españolas, que tiene en su biblioteca premios importantísimos como el Nadal, el Planeta y el Alfaguara, mueve la mano con gesto contrariado cuando se le pregunta por el Cervantes, esa gran casilla que sus libros le van marcando en cierto modo, a su pesar. Clara está en la Redacción de 20minutos para algo más tangible, como es su novela número 17, Lo inexplicable (Planeta), que plantea el paso y el peso del tiempo. Lo hace con su habitual estilo narrativo directo, efectivo y nada estridente, a través de una niñera (Alicia) que cuida a un bebé (Rafael) que no lo parece, con sus miradas profundas y castigadoras y su curiosidad impenitente, hijo de unos padres inestables e inseguros (Lira y Leonardo). La obsesión de Rafael por una casa concreta, cuando salen a pasear, lleva a Alicia a preguntarse qué es lo que el niño ve y ella, no. Dónde está el límite entre la realidad y lo inmaterial. Lo metafísico y esotérico se estrechan la mano en este título de suspense que aborda la reencarnación y, claro está, lo indescriptible... Lo inexplicable. Días antes de que comience la 85ª Feria del Libro de Madrid, Clara Sánchez, traducida a más de 20 lenguas y con una presencia ya familiar en Italia, deshoja el calendario para reunirse con los lectores. A sus 71 años encarna esa mirada constante y sabia de la siempre necesaria mezcla entre literatura y aprendizaje.¿Le parece extraño si le digo que no me pegaba un asunto de este calibre en su novela? ¿De dónde le vino la idea? Esoterismo, reencarnación... Esta ha sido siempre una inquietud desperdigada en mis novelas, que fue creciendo, iba penetrando en una especie de realidad alternativa. En mi libro Presentimientos estaba ya presente esta inquietud. Se debe a no tener respuestas a qué es el tiempo. Mi discurso de ingreso en la RAE iba de eso, de cómo la máquina del tiempo limita nuestra vida. En el fondo llamamos tiempo a la muerte, pero no sabemos lo que es. En esta novela me he desmelenado y he ido a trapo a tratar de sacar de esta pregunta algo profundamente literario y vital, el concepto de reencarnación. Me parece maravillos lo que me aportaron los lamas y las culturas orientales, que entroncaban con filósofos como Epicuro. La muerte no es un concepto para ellos. Quería darle una visibilidad muy concreta a través de un personaje que se reencarna en otro. Desdramatizar la muerte. La aceleración con la que vivimos pierde tensión ya no es tan urgente, cuando nos planteamos esto. Desde el punto de vista vital y literario, me ha permitido explorar la realidad desde dos ángulos: la realidad y y la posrealidad, que es lo que está más allá de la realidad.Me gustaría reencarnarme en mí misma, pero ser más frívola, ligera y vivir sin presión¿En quién le gustaría a la autora reencarnarse?En mí misma, pero en ser más frívola, más ligera, más inteligente, capaz de vivir sin tanta presión. Arrastramos en la vida otras vidas pasadas: no sabemos por qué sufrimos ciertos miedos.Pensaba en la reencarnación como un ingrediente de lo que es la vida cotidiana: por qué sufrimos tanto si somos tan poca cosa, por que la vida es tan breveEsta es una novela corta pero con muchas aristas: la maternidad, las relaciones de pareja, la fragilidad mental... ¿Con qué objetivo remueve todo esto?Pensaba en la reencarnarcion como un ingrediente de lo que es la vida cotidiana. Les he arrebatado a los lamas y a las culturas orientales este concepto para traerlo a la vida cotidiana. Me ha servido desde un punto de vista, que es abordar lo que nos ocurre a todos, los problemas más humanos, desde dos ángulos diferentes, haciendo las mismas preguntas pero que cobran otro valor. Traspasada a la existencia de Hugo (el niño fallecido de la novela) en otro lugar, cobran otro relieve. En todas mis novelas hay alguien que se cuela en un mundo no suyo, como el narrador de El Gran Gatsby (de F. Scott Fitzgerald). Alicia (la niñera y narradora) tiene una situación privilegiada para ser testigo de problemas de Rafael que no verán los padres. He notado cómo seres queridos que han desaparecido de mi vida, los he sentido muy cercaSus personajes son inquietantes, algunos sí parecen fantasmas.No se trata de fantasmas ni de espíritus, lo que deviene de Hugo es una conciencia. Esa conciencia, donde se instala Hugo muerto, se pregunta por este lugar y reflexiona. Se hace preguntas de tipo filosófico, se pregunta qué soy yo, de qué estoy hecho. También se acuerda de algunas frases, como esa del filósofo Luis Vives de que 'el alma no es casi nada'. Hugo se pregunta: '¿Seré yo ese casi?. En el fondo, es una traslación de lo que a todos nos pasa . Por qué sufrimos tanto si somos tan poca cosa, por que la vida es tan breve. Nos las planteamos todos. El hecho de que se las plantee Hugo desde el otro lado de la vida cobra otro valor, las vemos con otra mirada. Es lo que más me atrae de apresar esta idea de la reencarnación. Quiero destilar esta vertiente, es una novela montada en el suspense pero reflexiva.¿Qué es lo más inexplicable que le ha sucedido hasta ahora? Muchas cosas, la misma realidad me resulta absolutamente inexplicable. De dónde viene esto y qué hacemos aquí. Todo lo que sucede me parece extraño, pero dentro de lo extraño, tuve algo muy fuerte que dio lugar a Presentimientos. Tuve sueños tan profundos y reales y conectados con la vigilia, que me estremecían y llegué a tenerles miedo. Esa época afortundamente ha pasado, pero siempre me he preguntado por qué sufrí esa etapa. Y luego he notado cómo seres queridos que han desaparecido de mi vida, los he sentido muy cerca.Los personajes y lenguajes tecnológicos nos ofrecen una vida ruda y carente de poesíaSi tuviera que calificar su libro número 17, ¿cómo lo haría? ¿Raro, diferente, inexplicable, liberador?Muy liberador. Yo siempre me he sentido rara y extraña, porque he sentido la rareza de lo que es vivir. Me he sentido más osada, hasta ahora no me había atrevido a tener un narrador así, alguien que hablara desde el otro lado y expresara mis propias dudas. Lo ha sido también en el sentido de que la realidad es aplastante, se nos impone. Ha habido un momento en que me he dado cuenta de que yo no tenía que ser el juguete de la realidad, sino al revés, que ella fuera el mío. Antes de que saliera a la palestra el personaje de Elon Musk, lo había encontrado en Internet, y leyendo cosas sobre él, mi intuición no me falló: su visión del mundo, cómo vivía, prácticamente no tenía casa, vivía en en casa de amigos. Estos nuevos ultrarricos ya no les hace gracia tener mansiones, quieren que el mundo sea su juguete. Son antisabios, no nos ofrecen nada. No hay una sola frase que haya oído de él o de otros como él que me haga pensar en algo o que me inspiren. Pero acudes a Google y está lleno de frases filosóficas, las hay a mansalva, Pitágoras, Euripides... estamos recurriendo a los clásicos porque nos ofrecen respuestas sobre lo que sentimos. Los personajes y lenguajes tecnológicos nos ofrecen una vida ruda y carente de poesía. Es una tecnología sin poesía y por eso pasará por periodos de colapso. Quiero destilar esta vertiente, es una novela montada en el suspense pero reflexiva, esta novela me ha liberado.¿Hay influencias literarias en este planteamiento que a suena a La Casa de los Espíritus, de Isabel Allende, y otras a Canción dulce de Leila Slimani?Siento decir que no he leído ninguna de las dos. En esta novela quiero volver a los clásicos. He leído y se me quedó en la mente Otra vuelta de tuerca, de Henry James. Alicia tiene mucho que ver con las alucinaciones de ese libro. Porque James hizo algo maravilloso, cogió a los fantasmas de la realidad y los metió en la mente. También Dr. Jekill y Mr. Hyde, Robert L. Stevenson, esa doble visión, el doble comportamiento. La realidad no es única. Así lo demuestra La metamorfosis de Kafka. No hay nada más raro que un hombre que se convierte en insectoYo tenía una idea de la Academia de la Lengua y cuando entré allí, la cambié: es democrática, no impone nada y a mí me gusta el edadismo, aportar lo que uno sabeEl escritor nicaragüense Sergio Ramirez acaba de ser elegido para ocupar el sillón 'L' de la RAE, en sustitución de otro latino, Vargas Llosa. ¿Es buena esta pluralidad internacional para la institución ahora que la gente de fuera no siempre está bien vista?De la Academia hay que decir en su favor, que su principio regulador es totalmente democrátivo. Solo ha habido una candidatura, la de Sergio, que es por votación secreta, algo que elogio de la institución. La figura de Sergio me gusta muchísimo, lo conozco hace mucho tiempo como escritor. Sobre todo le admiro como escritor y por su coherencia vital humana, vital y poítica. Es una incorporación muy buena para la Academia traer personas y experiencias de otros lugares. No obstante, hay que recordar que la RAE no está compuesta solo por la sede de España, sino por 23 academias más. Nosotros compartimos lo que hacemos, la labor filológica, con las otras academias, cuando discutimos una palabra en una comisión y se propone para ser modificada, no es lo que se estima solamente en la sede de Felipe IV (la de Madrid). Esa palabra tiene que recorrer todas las otras academias hasta que se formaliza, es una labor de todas las que hay, que son muchas.Me gusta la palabra 'tristeza' y no uso nunca 'coño', pero sí 'coñazo'Hay voces críticas que señalan que la Academia evoluciona lentamente, que sigue siendo 'machista' en el uso del lenguaje y está poco rejuvenecida. ¿Qué opina al respecto?La Academia no impone nada. Recoge, entiende el lenguaje como un instrumento de comunicación, lo que la sociedad está usando. Hay muchos neologismos, ante nuevas realidades se imponen nuevos vocablos. Puede haber atisbos de machismo como los hay en la sociedad. Pero reitero que no puede imponer nada. Más bien se nos acusa de incorporar usos que vienen de internet. El machismo está presente, por eso hay muchos usos machistas pero no los impone la academia. Y respecto a lo segundo, yo estoy en contra del edadismo, hay que valorar a las personas por lo que aportan, no por su edad. No vamos a rejuvenenerla porque sí. La Academia está firmada por mucha gente, nosotros somos los de número, pero hay muchos lexicófragos. Quizás la Academia peca de que no son visibles en todo lo que hacen. Yo tenía una idea distinta de ella hasta que entré. Las cosas cambian. Se ve el esfuerzo y el trabajo que se desarrolla.Como académica que estudia el buen uso de la lengua: dígame una palabra que use con frecuencia.Tristeza. Tiene mucha carga emocional. Expresa tanto...Y otra que no emplee nunca, porque no le gusta o no está en su vocabulario.No uso nunca 'coño', que se usa mucho. En mi vocabulario no está. Sin embargo sí uso 'coñazo'.Conforme a los criterios deRosa BallarínPeriodista Cultural '20minutos'Rosa Ballarín Borruel es redactora de 20minutos desde 2023. Trabaja en la sección Estilos de vida, sobre cultura y entretenimiento. Su especialidad son los temas relacionados con libros y entrevistas con escritores.
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