EntrevistaEl candidato presidencial habló con la Revista BOCAS de su vida, del río Sinú, Cincinato, Álvaro Uribe y mucho más.Abelardo de la Espriella habló con la Revista BOCAS. Foto: Hernán Puentes / Revista BOCASPERIODISTA JUDICIAL22.02.2026 22:01 Actualizado: 26.05.2026 22:10
Abelardo de la Espriella continúa en su carrera por la Presidencia de la República; hoy, sin pelos en la lengua, y con el busto del histórico dictador romano en su oficina, dice con toda la seriedad del caso: “Yo soy Cincinato”. En su infancia se define como un “Tom Sawyer costeño” que estaba siempre listo para atravesar el Sinú y cazar serpientes en el monte. Dice que El Padrino es una de sus películas favoritas, pero no se identifica con Tom Hagen, el impasible abogado de Vito Corleone. Tiene cuatro hijos, sus papás le mandan un mercado de la finca a su casa, dejó de ser ateo y ya no usa relojes de 200 millones de pesos, porque encontró a un relojero santandereano con el que hizo su propio reloj. Esta es la entrevista del “Tigre” en la Revista BOCAS.Tres camionetas Toyota se abren paso a toda velocidad con los vidrios blindados en una calle del norte de Barranquilla. En una de las camionetas, en la parte de atrás, está sentado Abelardo de la Espriella rumbo a su oficina, en una casa esquinera del barrio Prado Alto, que los taxistas y los barranquilleros de pura cepa tienen como punto de referencia. La vieja fachada no le hace justicia al lujo que ofrece ‘el cuartel de campaña’ de De la Espriella después del riguroso filtro de seguridad; en su espacio, entre otras cosas, hay una potente cava climatizada con más de mil vinos y varias obras de arte de Alejandro Obregón, Enrique Grau y Carlos Jacanamijoy.Abelardo de la Espriella es la nueva portada de BOCAS. Foto:Hernán Puentes / Revista BOCASCuatro escoltas uniformados, uno que parecía Goliat, se bajan para custodiar la entrada de la caravana al parqueadero. Uno de ellos lleva un arma larga que parece una ametralladora. Otros dos, un escudo para cubrir al penalista y candidato presidencial que puntea, junto con Iván Cepeda, las encuestas de intención de voto. “Un hombre no puede escapar de su destino”, me dice De la Espriella cuando le pregunto por el día en que se despertó con el deseo irrefrenable de ser presidente de la República.Es un ateo convertido que cree que Dios le labró el camino para “sacar de las garras del comunismo al país”. Y, en medio de esa fe mesiánica, se refleja en historias como la de Cincinato, un dictador romano designado por el Senado en tiempos de crisis, y hasta en Rafael Núñez, “el último presidente costeño”. Gustavo Petro, a pesar de ser paisano suyo, un hombre nacido en Ciénaga de Oro (Córdoba), no encaja para él en el gentilicio de costeño porque definitivamente “le falta sazón”. Admira a Trump, Bukele y Milei. Y siguiendo esa corriente de derecha pura y dura, promete que de llegar a la Casa de Nariño gobernará con ‘mano de hierro’, acabará con las negociaciones de paz, derrotará a bala a los grupos armados y protegerá al empresariado, bajando los impuestos. Estas banderas, dice De la Espriella, lo han hecho objetivo militar número uno del Eln. Sus propuestas —que sacó a relucir en su entrevista con el director de EL TIEMPO, Andrés Mompotes— pasan por eliminar “9 o 10” de los 19 ministerios que existen, porque “Colombia tiene más de 700.000 funcionarios y contratistas que le sobran”, y fumigar “las más de 330.000 hectáreas de coca y bombardear los campamentos del narcoterrorismo”.Abelardo de la Espriella. Foto:Hernán Puentes / Revista BOCASLe dicen Abelardo III, porque es hijo y nieto de Abelardos. Mide un metro con sesenta y pico. Es impecable de cabeza a pies. No se le mueve un solo pelo, tiene la barba perfectamente cortada, lleva puesto un traje a la medida y sonríe coquetamente cuando le dicen que aparenta ser diez años menor de los 47 que tiene.El primer pasillo de su oficina tiene colgadas en la pared páginas de revistas y periódicos en los que ha sido mencionado y que mandó a enmarcar; es un túnel del tiempo en el que están desde sus logros como abogado, hasta su supuesto romance con Paulina Rubio. “Una pareja de impacto”, se lee en el titular. En la recepción hay solo una obra de arte que no tiene la firma de un artista reconocido: el cuadro de un tigre y un capote estampado con su nombre que, según me cuenta, se lo regaló la asociación taurina de Bogotá cuando ganó una tutela para reabrir la Santamaría, después de que Gustavo Petro la clausurara cuando era alcalde.En los demás salones cuelgan cuadros de Carlos Jacanamijoy, Enrique Grau y Alejandro Obregón. En la mitad de su oficina personal tiene La Samotracia andina, de Obregón. La obra está rodeada por una biblioteca de piso a techo con libros principalmente de derecho, ordenados por tomos. Tiene un mapa de Colombia, la bandera y el busto de su admirado Cincinato con la banda presidencial. Sobre su escritorio también tiene una Biblia abierta con versículos resaltados.Abelardo de la Espriella. Foto:Hernán Puentes / Revista BOCASEl recorrido, en una película, ganaría un Óscar a mejor fotografía. Y así como cada frame está perfectamente pensado y encuadrado, también sus respuestas. Sus más de dos décadas de litigio y algunos años en los medios le han dado la destreza de esquivar con gracia los temas difíciles. El guion lo tiene memorizado. “Es que más fácil se olvida mi mujer unos cachos que ustedes del tema de Alex Saab o de David Murcia”, cuando habla de dos de sus clientes más cuestionados. Saab, siempre señalado como testaferro de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, y Murcia, la cabeza de la mayor pirámide que existió en Colombia, DMG, y que hace poco, en una entrevista con Daniel Coronell, lo acusó de haberlo engañado y de haberle pedido más de 700 millones para amañar los procesos en su contra. En esta lista de clientes polémicos se incluyen a los paramilitares, que asesoró durante su proceso de desmovilización, las AUC también lanzaron acusaciones similares. De la Espriella niega estos señalamientos. “¿Por qué no me denunciaron hace 18 años cuando supuestamente pasó y sí ahora que voy ganando la Presidencia?”, pregunta con ironía.De la Espriella se desmarca rápido y también tiene una explicación lógica para cada “evolución” de su vida. Se declaró ateo, pero volvió al ‘redil del Señor’ y ahora lee el evangelio a diario, luego del luto por la muerte de su tía Beatriz, que lo sumió en una tristeza infinita. Colgó los trajes de cuadros y colores, los sombreros de ala corta y ahora busca la sobriedad. Jura que ya no compra lujo y que es feliz en un chinchorro porque maduró con los años. Y, luego de salir en un video diciendo que les ponía pólvora en los costados a los gatos callejeros para que volaran como cohetes, hoy quiere a los animales y por sus hijos tiene de mascotas a dos perros, dos gatos, gallinas y una pecera.Abelardo de la Espriella. Foto:Hernán Puentes / Revista BOCASDespués de usar ‘un reloj por pinta’, guardó para siempre la colección, avaluada en varios cientos de millones de pesos, y pasó a usar a diario el "Tigris Uno", un reloj personalizado, con los colores de su campaña y con un lote exclusivo de 9 piezas, hecho por un maestro relojero santandereano que, a pesar de que cuesta 20 millones de pesos en el mercado, no se compara con las piezas de 200 o 300 millones que acostumbraba a llevar en la muñeca, entre ellos un poderoso Audemars Piguet y, según los que lo vieron, un impresionante Bovet. Ahora Abelardo tiene su propio tic tac. Porque De la Espriella no duda extrapolar sus gustos personales a sus marcas y negocios, también incursionó con su propio ron, Defensor, en colaboración con el vallenatero Silvestre Dangond, y con su propio vino, Fratellone, que fabrica en su propio viñedo artesanal en la Toscana. Una finca que, según dice, pudo comprar a punta de litigio, porque era el abogado que más cobraba en el país.De la Espriella conoció a Ana Lucía Pineda, su esposa, cuando aún eran niños, en Montería. Tienen una foto juntos en la que ella se ve de unos cuatro años y él con más de diez. Sus cuatro hijos se llaman Lucía, Salvador, Filippo y Francesca, y está ‘empechichado’ con la menor, de tres años. Hoy su esposa lidera la recolección de las donaciones de víveres para ayudar a los damnificados de Córdoba, la tierra de los De la Espriella / Pineda, tras la inundación. Ana Lucía también fue la encargada de montar un evento de campaña, cerca al malecón, en Barranquilla, al que Abelardo me invitó a acompañarlo después de la entrevista. “Quiero que veas al ‘Tigre’ en acción, que sientas la adrenalina. El calor de la gente”, me dijo. Me tomó del brazo para subir con él al ascensor que se abrió en la mitad de un salón, con unas dos mil personas que se abalanzaron a grabarlo, saludarlo, tocarlo. De la Espriella está seguro de que es el único candidato que logra emocionar a la gente y que impedirá que Iván Cepeda gane en primera vuelta.En un almuerzo en Montería, sus papás, Abelardo y María Eugenia, contaron que le seguían mandando mercado a su casa en Barranquilla, ¿qué le mandan?Mi mamá manda cosas de la finca, pero es porque ella quiere, yo nunca la molesto ni le pido nada, pero ella manda mercado para los niños. Eso es muy tradicional en las familias del Caribe colombiano. Me arman una caja con plátano, yuca, queso, todo lo que produce la finca. Hasta pescado. Y la mandan con uno de los choferes. Lo que pasa es que uno en el Caribe, por más independiente que sea, nunca se desteta del todo. Porque aquí somos muy familiares, muy cercanos, y por más edad que tengas sigues siendo el bebé de tus padres. Supongo que a ti te mandarán bocadillos…Mi mamá me devuelve de cada visita con huevos criollos envueltos en papel periódico. Pero hablemos de usted… Abelardo, su papá, es un personaje muy particular. Es extravagante y siempre es el alma de la conversación… ¿qué le heredó?Fíjate que yo tengo una mezcla bien interesante, porque tengo la capacidad de trabajo, la fortaleza y la visión para los negocios de mi madre, y tengo la intelectualidad de mi padre, que es un hombre que incentivó en mí los hábitos de la lectura, de la cultura, de la buena música, de la buena gastronomía, y creo que es una mezcla maravillosa. Yo fui criado con esos principios y valores que representan el alma de la colombianidad. Yo soy fruto de una infancia feliz, con una familia funcional, en una ciudad pequeña, jugando en la calle, yendo a la finca, nadando en el río… una especie de Tom Sawyer costeño.¿Qué recuerda de su infancia, siendo el hermano del medio de una familia con tres hijos?Recuerdo el olor a leña y a monte quemado cuando llegábamos a la finca. Me encanta ese olor. Y me encanta el olor de la mañana en el campo. El ordeño, el corral… Hay un recuerdo que tengo muy vívido, que es el jugo de guayaba y el jugo de maracuyá. Tú sabes, la comida tiene un rastro en el tiempo que te lleva a otro momento y esos dos los tengo fijados a la finca… Yo me atrevía a cruzar el río Sinú a los 10 años. Yo creo que, si lo hago ahora, me ahogo. No sé cómo coño lo crucé. Yo subía a los árboles, hacía expediciones, cazaba culebras…¿Dónde quedaba la finca de su familia?Son varias fincas. Una quedaba hacia el lado de La Mojana sucreña y otras hacia Sahagún. Acuérdate que Córdoba es un departamento ganadero y agrícola y nosotros estábamos muy conectados con el campo. Mi familia es una familia de abogados, pero abogados a los que les ha gustado el monte. A mí me fascina el monte. Eso hace parte de mi estoicismo. Yo soy estoico y parte del estoicismo implica estar conectado con la naturaleza y dejar que las cosas fluyan. Yo tengo eso. Me relaja el campo, un kiosco, una hamaca. Me encanta esa vaina. Uno se pasa la vida dando vueltas, buscando cosas, para al final darse cuenta que la felicidad está en las más sencillas. En algún momento de la vida me llamaron la atención muchas cosas superfluas, los lujos, otras vainas, ahora no…Difícil creerlo en una oficina así…No, pero ya no. Tengo 47 años, ya estoy en el segundo tramo de mi vida. Grave que a estas alturas siguiera pensando en esas tonterías.Y qué va a hacer ahora con De la Espriella Style, su marca personal que se basa precisamente en… ser ostentoso.Pero es que el estilo no tiene que ver con los lujos. El estilo tiene que ver con una forma de ver el mundo. El estilo tiene que ver con la bacanería. No tienes que tener plata y vestirte de marca para tener estilo. Tienes que ser auténtico. Tienes que ser original. Tienes que ser particular y sobre todo divertido y chévere, como decimos en el Caribe colombiano.Y en esa infancia en Montería usted conoció a Salvatore Mancuso en su barrio…Sí, creo que era campeón nacional de motocross, algo así. Lo que pasa es que Salvatore debe tener 16 años más que yo. Nunca tuve amistad con él porque además no podía. Yo tenía 10 años y él veintipico. Pero lo veía en el barrio montando moto. Yo lo volví a ver sentado en la mesa de negociación de Ralito desmovilizado o a punto de desmovilizarse. Es decir, yo no lo conocí en la criminalidad. Ni a él, ni a ningún jefe paramilitar. Al único que conocía de antes era a Salvatore, pero porque era de Montería, y de la misma cuadra, que no es lo mismo.¿Qué barrio era?Primero fue el barrio Pasatiempo y luego La Castellana… eran unos de los barrios buenos de Montería. Mira, yo tengo ese sueño de que, como decía el maestro (Darío) Echandía, volvamos a pescar de noche sin miedo y que los niños puedan volver a jugar en la calle. En mi época, incluso aquí en Barranquilla, las casas no tenían reja. Hoy todas las casas tienen reja. Yo sueño con regresar a esa época en la que el país tenía seguridad, los niños podían salir a la calle, compartían con sus amigos, disfrutaban de la naturaleza… yo la pasé del carajo. Me la pasaba en la calle, a pata pelada, me bañaba en los aguaceros, jugaba trompo, montábamos bicicleta. Y el colegio me quedaba cerca. La verdad es que siempre lo tuve todo, gracias a Dios. Pero lo que forjó mi corazón y mi carácter fue la necesidad de labrarme mi propio futuro. Yo me pude haber pegado al cuento de mi padre y vivir del cuento ese, pero no. Decidí hacer una historia completamente diferente.Pero usted nació en Bogotá.Sí, en esa época las mujeres del Caribe iban a Medellín o a Bogotá porque las clínicas eran mejores. Pero yo soy costeño. Aquí y en cualquier parte del mundo. Te lo pregunto a ti, si una gata se mete en tu cocina y el horno está abierto y pare dentro del horno, qué tuvo, ¿un gato o un pan? Yo soy costeñísimo, porque es mi visión del mundo. Es mi cosmogonía. Es la alegría, es lo abierto, lo cariñoso, lo familiar; para nosotros no es realismo mágico, es nuestra cotidianidad.Abelardo de la Espriella. Foto:Hernán Puentes / Revista BOCAS¿Y tuvo algún choque cultural cuando se devolvió a Bogotá a estudiar derecho en la Sergio Arboleda?Tú sabes que con la Sergio fue un poco más fácil porque era una universidad de costeños. Yo fui a varias universidades, a la Javeriana, el Externado. Muy frías, por allá en una loma… y cuando llegué a la Sergio, había un combo de costeños jugando dominó. Yo dije, “uy, papi, esta es la mía. Aquí me quedo”. Y fue lo mejor que pude hacer en la vida porque tuve maestros como Álvaro Gómez Hurtado, como el doctor Raimundo Emiliani, como Rodrigo Noguera Calderón, como el doctor Ciro Alfonso Lobo Serna, o sea, maestros de maestros. Era una universidad pequeña y era como un colegio: empezábamos las clases a las 7 a. m. y terminábamos a la 1:00 p. m., con los mismos compañeros. Esa doctrina conservadora, esa visión del mundo fue determinante en mi vida porque marcó mi visión ideológica y de alguna manera soportó esos principios y valores que yo defiendo, que son propios del conservadurismo.¿Qué le dictó Álvaro Gómez Hurtado?Cultura de la civilización occidental.Sé de buena fuente que usted quería ser periodista, ¿qué pasó?Mira, yo siempre dije que quería estudiar derecho para dedicarme al periodismo. Porque siempre pensé que el mejor periodista tenía que ser abogado, porque el derecho te da una serie de posibilidades que otras carreras no. La carrera del derecho es más completa, es más universal y eso te da una visión diferente. A mí me gusta mucho el periodismo. Yo hice radio en Montería. A los 10 años hacía un programa que se llamaba La voz de Montería. Y a los 12 años empecé a hacer Inquietudes juveniles en Telecaribe. Yo desde ese entonces era una celebridad, y no había redes sociales. Daba autógrafos y la vaina. Y me encantaba porque entonces a los 13 años me nombraron jurado de un concurso que se llamaba Miss Tanga. Fue una época dorada. Ufff… eso fue una maravilla. Yo creo que ahora a un pelao de 13 años no lo dejarían ir (risas), pero yo vengo de la época en donde la gente no usaba cinturón, en la que los niños podíamos ir a eventos de grandes, o sea, yo vengo de una época jodida, pero interesante. Pero el haber hecho televisión y radio me dio una ventaja con mis colegas abogados, porque yo soy comunicador, y me entrené. A los 20 años me llamó don Juan Gossaín y me dijo: ‘tú eres un pelao inteligente, vente pa’ la mesa de trabajo de Radio Sucesos de RCN’. O sea, yo terminé de graduarme con nada más ni nada menos que con el decano del periodismo en Colombia. Mis compañeros en la mesa de trabajo eran Humberto De la Calle, que había sido vicepresidente, y Jaime Castro, que había sido ministro y alcalde de Bogotá. Yo era el pollito. Y la que leía las noticias era Vicky Dávila, ahí nos hicimos amigos.¿Qué referentes tiene en el periodismo?Juan Gossaín. Para mí, Gossaín es la ‘tapa de la cajeta’, como decimos los costeños. Después de Juan Gossaín no hay nada.Y de los periodistas que están ejerciendo actualmente, ¿cómo le parece el periodismo de Daniel Coronell, por ejemplo?Lo que pasa es que el periodismo de Daniel Coronell es sinuoso, es un periodismo que con premisas falsas y amañadas termina llegando a conclusiones que quiere presentar como verdades… es una cosa oscura, siniestra y retorcida porque no puede ser que no veas nada bueno en el otro. No puede ser que todo sea malo. Digo, todos tenemos un lado que mira al sol y otro a la luna. Para él todo es malo, todo es truculento, retorcido, una cosa supremamente ‘dark’, como dicen los gringos. Ese periodismo militante no me gusta. Es un periodismo que está pendiente de venganzas y de persecuciones.Pero el periodismo tiene esa función de ejercer control y hacer contrapoder…No hay problema. Pero es que un periodismo como el de Daniel Coronell tiene la predisposición a juzgar y que todo lo que los demás hacen es malo, truculento y retorcido. Yo no tengo problema con el periodismo, yo respeto el periodismo, he hecho periodismo, pero tengo reparos con los periodistas que hacen activismo y que utilizan la actividad periodística para sus venganzas personales.Una de las críticas en su contra es por lo que la FLIP denomina como “persecución judicial” a la prensa. Usted ha interpuesto más de 100 acciones judiciales en contra de periodistas que lo mencionan en las investigaciones…En contra de los periodistas, no. De los mismos 10 o 12 que llevan años inventándome historietas, atacándome y fustigándome, incluso refiriéndose a mí con los peores epítetos. Un periodista serio no te trata de mafioso sin que haya una sentencia judicial que así lo corrobore. Un periodista correcto no dice que tu plata es de extraña procedencia cuando no hay una sentencia judicial o una sanción… es que eso no puede ser. Ahora, cuál es el mecanismo que me entrega a mí la Constitución y la ley para defender mi honra y mi honor…¿Y cuál es la raya entre su legítima defensa y el acoso judicial?La mentira. Esa es la frontera. Si tú dices sobre mí lo que tienes que decir, no tengo por qué reclamarte. Pero si dices mentiras... Es más, yo he logrado condenas civiles contra periodistas en Colombia. Las únicas condenas civiles que hay contra periodistas en Colombia las he logrado yo porque se ha probado que mintieron.Contra quién, por ejemplo.Jorge Gómez Pinilla, por ejemplo. Ariel Ávila. Los dos están condenados civilmente. Porque además todo el mundo les tiene miedo a los periodistas, sobre todo a los militantes, y los jueces no se atreven a fallar en contra de ellos. Pero como yo no como de nada, y llegué tarde a la repartición del miedo, ¿qué querían que hiciera? ¿Que llamara a un director de medios para que sacara a un periodista? Esa es una cosa que nunca he hecho ni jamás voy a hacer, ni voy a presionar a la fuerza para que no hablaran de mí… hago lo que hace un ciudadano de bien, que es acudir al mecanismo que te entrega la Constitución y la ley: una denuncia o una demanda. Ahora, el señor de la FLIP no dice que tuvimos un proceso, que lo perdió y que por eso me odia. Yo no tengo problema con que no les guste. Periodistas me han dicho costeño fantoche, corroncho, no pasa nada, no tengo problema con eso, que no les guste como visto, como canto… el problema es con la mentira.Abelardo de la Espriella. Foto:Hernán Puentes / Revista BOCASA propósito de sus gustos, que han sido una particularidad suya, ¿cuándo nació su desaforado amor por la ‘dolce vita’?Por mi padre, que es un hombre culto, un personaje. Fíjate que en el Caribe tenemos la ventaja de ser caballeros y piratas, artistas y sacerdotes… Tú me dices mañana: ‘vámonos al club de yates de París que hay una cena’, yo sé qué ponerme y cómo combinar la champaña. Y si voy a comer caviar de beluga, sé qué vodka pedir. Pero si me dicen mañana, ‘vámonos pa’ las fiestas de Santoto’, allá me vas a ver en un bordillo (andén) tomando Costeñita ‘enmaizanao’. Nosotros los costeños somos muchas cosas en uno y eso es lo que confunde a la gente. El hecho de que a mí me gusten las cosas buenas no significa que yo haya dejado de ser un hombre de provincia, o que no me gusten las cosas de pueblo o la comida colombiana.Pero recibió mucho palo cuando dijo que el ajiaco era un potaje carcelario…Esa es otra cosa que no han podido entender. Nosotros en el Caribe somos unos mamadores de gallo a toda hora. Perrateo, que llamamos en Barranquilla. Aquí se perratea a todo el mundo. García Márquez decía que tú solo podías estar tres días en Barranquilla porque al cuarto te cogían el culo. Con nosotros todo es perrateo. Pero, además, venimos siendo apaleados por la gente que dice que somos zoofílicos, cosa que yo nunca hice en mi vida ni se me pasó por la cabeza, y que somos flojos y borrachines. Pero el día en el que yo mamé gallo y dije que el ajiaco era un potaje carcelario, se delicaron todos. El ajiaco me gusta, la changua no me gusta… hay cosas de la comida colombiana que me gustan, otras que no, así como hay cosas de la comida italiana que me gustan, otras que no. Tengo derecho.¿Cuál es su plato favorito?El mote de queso está en mi top ‘five’. La posta negra cartagenera, el arroz con coco, patacón con suero, el arroz con camarón. La otra semana voy pa’ Riohacha y espero comer arroz con camarón. ‘Abelardo, que están en temporada de tortuga’. Loco, no hay ninguna posibilidad que yo coma eso. Ni animales de monte, armadillo, nada de eso. A mi papá sí le encanta esa vaina. Tú abres la nevera de mi papá y sale una garra, que da miedo abrir el congelador. Pero yo disfruto la comida e intento comer de lo que producen en cada tierra. Yo aquí no como comida italiana, por ejemplo. Cuando yo vivía en Italia, les preparaba arroz con coco, que es una poesía, a mis amigos de allá. Me pedían: ‘el riso di coco’, que se volvió famoso en Florencia.¿Cuál considera que es su herencia cultural italiana?En Italia está el 70 por ciento del patrimonio cultural de la humanidad. Todo lo que tenemos viene de allí. Una vez llevé a Silvestre Dangond a Italia y pasamos un verano en la costa amalfitana. Y él me dijo en su inteligencia silvestriana: ‘Canchi, Italia es el monte de todo’, y yo le dije, ‘así es’. Todo lo bueno, hermoso y conmovedor viene del Renacimiento italiano.Veo además que tiene pedacitos de Italia en su oficina. ¿El busto de Cincinato con la banda presidencial colombiana qué significa?Es uno de mis personajes favoritos de la República romana. El gran Cincinato. Fue un general que cada vez que la República romana estaba en peligro de caer ante sus enemigos, asediada por la violencia o que había ruina económica, el Senado lo nombraba dictador. La primera vez lo nombraron a mi edad. Entre los 45 y los 47. Cuando no estaba en la guerra, estaba criando cabras o labrando la tierra. Cuando llegaron a notificarle que había sido nombrado dictador, soltó el azadón, amarró las cabras y asumió los poderes. La primera vez, lo nombraron por un año, asumió el poder solo ocho meses. ¿Cincinato, por qué?, le preguntaron. Él respondió: los enemigos de Roma han sido destruidos, las finanzas están perfectas, acabé con los corruptos y sofoqué todas las amenazas contra la República. Si me vuelven a necesitar, me llaman, yo voy a estar en la finca. Y así lo encargaron tres veces hasta la última, en la que tenía 81 años.¿Se siente representado en esa historia?Claro, porque yo soy un soldado. Yo no soy Marco Aurelio, yo no soy como Uribe. Porque Marco Aurelio, que fue el mejor emperador de Roma, era un estadista. Fue criado en la corte imperial de Antonino. Era un humanista. Era un filósofo estoico, de los tres estoicos más importantes. Y además de eso, era un estratega militar. Como el presidente Uribe, todo en uno. Yo no. Yo soy Cincinato. Yo vine a salvar a mi país y a reconstruirlo. Y me devuelvo para mi finca cuando termine.Cuatro años y entrega…Me desaparezco de la vida pública para siempre. Mira, después de esos cuatro años no quiero tener redes sociales, no quiero dar entrevistas ni participar en nada. Voy a dedicarme a mi mujer, a mis hijos, y a cultivar la tierra, porque mi sueño es ser campesino de tiempo completo.¿Dedicado a su viñedo en Italia?Sí. Pero también a las aceitunas. Dedicado a producir vino y aceite de oliva. Vamos a ver qué nos depara el futuro. Yo sería feliz de quedarme en Colombia. Pero imagínate después de acabar con el narcoterrorismo, después de acabar con el narcotráfico, después de acabar con la extorsión, después de acabar con todas las formas de criminalidad con mano de hierro —porque yo no creo en la paz que se negocia con los bandidos, yo creo en la paz que se impone por la fuerza—, después de todo eso, ¿tú crees que yo puedo vivir solo en una finca aquí sin tener a 100 hombres que me cuiden? Yo quiero volver a ser un ciudadano normal. Salir en una Vespa a recorrer el pueblo con mi mujer. A comer un pan de masa madre fresco, una pasta fresca, leyendo el periódico en físico. Hablar con el carnicero en la esquina, e irme para mi finca a hacer mi vino. LEA TAMBIÉN ¿Cómo y cuándo fue el día en el que usted se levantó y dijo: ‘quiero ser presidente de Colombia’?Yo sabía que este día iba a llegar en cualquier momento. Lo que pasa es que estuve 45 años tratando de esquivarlo. Pero al final del día tú te das cuenta que un hombre no puede escapar de su destino. Y este es mi destino. Yo le saqué el cuerpo a la política hasta donde más pude, pero Dios fue quien me trajo hasta aquí. Yo no he venido a decirle al país que soy mejor que los demás. Yo lo único que sé es que tengo el carácter, la determinación, el talante y el valor para hacer lo que Colombia necesita que se haga.Pero hace 10 años aborrecía la política, ¿qué lo hizo cambiar de opinión?Las circunstancias del país. El país está en su peor momento. Solamente te formulo esta pregunta, ¿qué hubiese pasado si no estuviese aspirando? Cepeda podría ganar en primera vuelta. Porque la gran mayoría de las candidaturas que hay hoy no emocionan al pueblo colombiano. Y Cepeda, nos guste o no, es un fenómeno político.¿Qué piensa de Tom Hagen, el abogado de la familia Corleone, en El Padrino?Es mi película favorita. La he visto 200 veces. ¿Tú sabías que cuando Marlon Brando hizo de Vito Corleone tenía exactamente mi edad? (Y empieza a hablar con la voz del personaje): ‘Te haré una oferta que no podrás rechazar’.(Risas) ¿Pero exactamente qué piensa de Hagen como consigliere, la figura siciliana de consejero de la mafia?Bueno, pues es un personaje de ficción. Más que un abogado, es un asesor en todos los temas. La labor de Hagen era completamente diferente a la de un abogado. Porque un abogado asesora sobre lo legal, no sobre lo ilegal.Se lo preguntaba precisamente porque Hagen lo asesoraba sabiendo que Vito no vendía aceite de oliva…Sí, y fíjate que ese es otro mito sobre mí, que es fácil de derrumbar. Mis odiadores dicen que yo soy el abogado de la mafia. Y yo nunca fui abogado de mafiosos. No porque no tuviesen derecho a un abogado, sino porque el ambiente nunca me gustó.¿Y Mancuso? ¿Y los paramilitares en Ralito?Fue en el proceso de paz. Y nunca fui abogado de Mancuso y nunca fui abogado de narcotraficantes. Facilito, con un derecho de petición a la Fiscalía se dan cuenta que ni yo ni mi firma defendimos procesos de narcotráfico.Pero Alex Saab y David Murcia Guzmán estaban siendo procesados por lavado de activos…No, pero Saab era un señor de Barranquilla que me contrató por unos temas diferentes. Que después tuvo un problema con eso es otra cosa. Pero incluso por esos problemas (lavado de activos, enriquecimiento ilícito y concierto para delinquir) fue absuelto en segunda instancia. No le pudieron comprobar que lavaba plata. Una cosa es la percepción y otra la realidad jurídica. Y no lo estoy defendiendo, me remito simplemente a los hechos. A mí me han inventado unas vainas… y me parece que hay que desconfiar de todo el que diga que es demócrata y desdeña la función del abogado litigante. Porque, parafraseando al maestro Carrara: ‘Todo hombre honorable podrá pensar que nunca en su vida cometerá un delito, pero ay de aquel tonto que piense que nunca en su vida será investigado’.Si bien toda persona tiene derecho a ser defendida, los abogados tienen la libertad de elegir a quien defender y a quien no, ¿usted por qué eligió casos como Saab o Murcia?Pero es que yo defendí a Saab cuando no tenía ningún lío, y llegó a la oficina en un carrito. El ruido de ser testaferro del régimen chavista empezó a los dos años. Yo le pregunté, me lo negó.¿Y si hubiera sabido que era testaferro de Chávez y Maduro, no lo hubiese defendido?Probablemente le hubiese dicho que no por una razón elemental. Yo he sido un enemigo del régimen de Maduro y de Chávez. Siendo abogado de Saab, escribí un libro que se llama Muerte al tirano. Yo no sabía de la cercanía de Saab con el régimen. Si yo hubiese sabido, a lo mejor no lo asisto nunca. Pero me enteré en medio de la defensa y le dije que cooperara con los americanos. El que lo sentó en Estados Unidos fui yo. Él le mama gallo a la cooperación, le sale orden de extradición y le digo ‘hasta aquí llegamos’.¿Y en el caso de Murcia Guzmán?David Murcia me entrega una contabilidad falsa. La estudiamos con 20 peritos y cuando llegamos a la acusación nos sacaron otra contabilidad. Le renuncié. O sea, ¿la gente cree que a los abogados no nos engañan?Explíquele a un estudiante de primer semestre su frase ‘la ética no tiene que ver con el derecho’.Mira. El aborto en Francia era un crimen, hoy el Estado lo subsidia. El derecho evolucionó. Dejar de acusar y procesar a la gente de acuerdo con la ética de su juzgador para juzgarlo respecto a la ley existente. Eso fue lo que quise decir, lo que pasó fue que nadie lo entendió. Lo que resulta antiético es que un abogado haga juicios éticos contra alguien. Si yo te digo ‘no te voy a defender porque mataste a dos personas’, estoy siendo antiético. Lo que no puedo hacer es decirte, trae los cadáveres y te digo dónde esconderlos.¿Se arrepiente de haber defendido a alguien?Sí, claro. A gente que no siguió mis indicaciones. Si tú le dices a la persona ‘haga esto’, pero la persona hace lo contrario y sale mal, es frustrante. La gente es terca y todo el mundo se vuelve abogado cuando tú pasas por un proceso judicial. ‘No, es que mi tío me dijo’. Tú tío es zootecnista, no seas imbécil, te van a encanar. Vainas así, que yo decía, qué mierda es esto. Me da rabia porque yo sabía que podía resolver esos casos y por terquedad de la gente, terminaron enredados.¿Cuál es su caso estrella?Hay un caso que me tocó el corazón que fue el de Natalia Ponce de León y el logro jurídico que conseguimos condenando a un bandido de esos, fue tremendo. Se cambió la tipificación penal porque antes de Natalia Ponce esos ataques se penalizaban como lesiones personales e hicimos que se condenaran por tentativa de homicidio. Rosa Elvira Cely… por cuenta de ese crimen, nació la ley que tipificó el feminicidio. Esos dos casos me llenan de alegría el corazón porque son para defender los derechos de las mujeres, que para mí son los miembros más importantes de la sociedad.¿Qué sintió la primera vez que vio a Natalia Ponce o que escuchó la noticia del empalamiento de Rosa Elvira Cely?Lo de Natalia Ponce, yo duré tres meses para verla. El día en el que la vi, se me salieron las lágrimas. Y le dije: ‘no es por cómo te ves, es por lo que te hicieron. No me cabe en la cabeza que alguien pueda hacer semejante monstruosidad’. Y ella me consoló. Ese caso de verdad que fue duro y emocional para mí. Con Rosa Elvira lo mismo. Esos casos me mueven el corazón. Mi posición favorita era la defensa de los niños, las mujeres y la gente más vulnerable.Abelardo de la Espriella. Foto:Hernán Puentes / Revista BOCAS¿De qué forma ha incorporado a Dios en sus decisiones desde su conversión del ateísmo?En todo.¿De qué forma siente que lo cambió?Ha hecho de mí una mejor persona, un mejor ser humano, me ha dado sabiduría, discernimiento, fortaleza. Siento que tengo un contacto muy cercano con él. Mira, por ejemplo, aquí estoy armado con todo (se abre la camisa y muestra al menos cinco medallas religiosas) San Benito, La Milagrosa, este otro es el Zohar del judaísmo… y acá tengo a San Miguel arcángel y todo su combo.¿Por qué era ateo?Porque Dios había decidido que fuera así para prepararme para este momento.Pero para entonces debía tener otro argumento…Porque no podía entender nada que la razón no pudiera explicar. Pero siempre en el fondo admiré a la gente que podía creer. Y entonces entendí que la inteligencia viene del hombre, pero la sabiduría de Dios. Y ha sido una maravilla el encuentro con Dios. Ahora, nunca me atravesé en las creencias de mi mujer, que siempre fue creyente. Mis hijos están bautizados. Yo nunca intenté convencer a nadie de mi ateísmo.Y usted terminó convencido luego de la muerte de su tía Beatriz...Sí, mira, yo no sé lo que es una depresión, pero creo que en ese momento me deprimí. Le dije a mi mujer: ‘no hay cosa más triste que la tristeza de un hombre feliz’. Porque yo soy un hombre feliz, alegre, extrovertido, dicharachero, el clásico bacán del Caribe. Me gusta que la gente esté contenta, siempre tengo buena energía, y esa vez fue una fatalidad.¿Cuánto tiempo duró así?Como 15 días. Fue una vaina terrible. Yo creo que ahí entendí a la gente que sufre de eso porque fue la única vez que estuve triste. Primera y última, confiando en Dios. Lo que te digo, yo nunca he tomado una pastilla pa’ dormir, yo no sé lo que es un antidepresivo, una droga a mis 47 años; lo más fuerte que he probado es el Dolex Forte. Yo he sido más sano que una vacuna. Mi mujer no me ha visto borracho en 18 años.¿Cómo es un día en su vida?Me levanto a las 5:30 de la mañana. Salgo a buscar mi café, me meto a mi estudio, hago una oración que la tengo perfectamente organizada en mi celular, me leo el evangelio del día y me pongo a revisar correos, a escribir, a estudiar un poco, y sobre las 7:30 a. m. hago 45 minutos de ejercicio.¿No hay penalista pobre, pero cómo logró amasar su fortuna?Yo me di el lujo de ser el penalista que mejor cobraba. Yo le daba opciones a la gente de irse con otros a mitad de precio, pero me decían ‘no, yo quiero que seas tú’. Entonces les decía, ‘ah, bueno, si quieres el muñeco, paga lo que vale’, y me pagaban hasta dos o tres veces más que a los demás. Yo soy un tipo que asume las defensas, apasionado con los casos. Además, me fascinaba, yo podía durar 14 horas en una audiencia, 16 horas encerrado revisando un expediente, preparando alegatos, organizando las pruebas… me fascinaba. En mi época, ningún penalista se dio el lujo de cobrar lo que yo cobraba.O sea, a punta de litigio…Claro, el litigio me dio pa’ todo lo demás. Con esa plata monté mis negocios.¿Qué lujos se da usted, además de tener un avión privado?¿Te cuento la verdad? Para mí el lujo es echarme al chinchorro con mi hija Francesca y dormirla en el pecho mío. Yo sé que es difícil de creer, pero por ejemplo yo ya voy a los centros comerciales y no compro nada.¿En qué invierte su plata, qué gusto culposo tiene?En comida. Hace años que no compro relojes, por ejemplo. Con cada pinta usaba un reloj diferente, hoy están todos guardados.¿De cuánto es la colección?Uno que otro relojito. Pero mira, hoy tengo puesto este reloj marca ‘Defensores de la Patria’; lo vamos a lanzar pronto. La historia es maravillosa, de un paisano tuyo. Empieza a contactarme una persona: un tipo que se va de Zapatoca, Santander, a los 11 años; se viene caminando hasta Bogotá, hace trabajos de todo tipo y luego llega a Barranquilla. Aquí vendía calderos y peroles en una carretilla, en un barrio del sur. Manejó taxi hasta los 16. Después se va pa’ México; allá cruza por el hueco a Estados Unidos, trabaja un año y, a los 18, se va para Ginebra, Suiza. Consigue un trabajo como mensajero de Rolex y, un año después, al maestro relojero no le llegó el asistente. Él se ofreció a ayudar y sintió que esa era su verdadera pasión. Es el único latinoamericano que es uno de los maestros relojeros certificados. En su taller se hacen ediciones especiales de Rolex, Piaget, Patek Philippe y Jacob & Co., y es un tipo de Zapatoca, Santander. Álvaro Moya se llama. Él vino, me dijo que era seguidor mío y me regaló este reloj para la campaña, y le pedí que hiciera más para venderlos.Abelardo de la Espriella Foto:Hernán Puentes / Revista BOCAS¿Quiénes son sus amigos?Joaquín Gutiérrez, Carlos Suárez; tengo muchos amigos queridos y muy cercanos.¿Y Silvestre Dangond?Silvestre es mi llave, mi hermano. Lo conozco hace 27 años y con él trabajamos Ron Defensor.¿Quiénes son sus referentes políticos?Álvaro Uribe, sin duda alguna. El más grande de todos los tiempos en Colombia. A nivel internacional, me encanta el presidente Ronald Reagan, Winston Churchill, Margaret Thatcher, el general Douglas MacArthur. Me gusta el presidente Trump, el presidente Bukele y el presidente Milei. Recomendado: Miller PradaMiller Prada ganó una estrella Michelin en Londres. Foto:Arthur Melngalvis LEA TAMBIÉN Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.






