En India, el presunto Partido del Pueblo Cucaracha se propaga en redes a una velocidad de vértigo. Una broma viral que el poder en Nueva Delhi se toma tan en serio que ha ordenado bloquear su web y su cuenta en X. Con un argumento, además, que no podría ser más kafkiano: “Representa una amenaza a la seguridad nacional”. El poder indio demuestra tener la piel muy fina, cuando lo que tiene enfrente es un bebé de diez días, de carácter más satírico que contestatario. En este tiempo ha sumado 23 millones de seguidores en Instagram. Más, muchos más, que los del gobernante BJP, para arrobo del primer ministro, Narendra Modi, que presumía de contar con “el mayor partido democrático del mundo”. Todo empezó con un latigazo de desprecio contra la Generación Z, por parte del polémico presidente del Tribunal Supremo, Surya Kant. Este tildó a los jóvenes en paro de “cucarachas” y “parásitos” enganchados a las redes. Y la Gen Z respondió. O mejor dicho, lo hizo en su nombre un relaciones públicas llamado Abhijit Dipke: “¿Y si nos juntáramos todas las cucarachas?”. En un tuit proponía medio en broma el “lanzamiento de una nueva plataforma política”, con un listón no demasiado alto para potenciales afiliados: “Los requisitos son: Ser un vago, un quejica, estar en paro y pasar once horas demostrables enganchado a las redes”. La marabunta.El Cockroach Janta Party (CJP) -su marca en hinglish, que juega con el nombre y las siglas del BJP- se inundó de inscripciones, no menos jocosas. Pero a alguien no le hizo maldita la gracia. “Nos han bloqueado la web y han hecho desaparecer un millón de inscritos”, protestaba Dipke este lunes desde Boston, donde cursa un posgrado. Abhijeet Dipke (izquierda), inspirador del Cockroach Janta Party (CJP). Montaje a partir de la web del Partido de las CucarachasCJPSin embargo, este publicista en racha prácticamente se ve obligado a hacer realidad lo que empezó como un chiste. “Desde luego volveré a la India, pero ahora mismo no paro de recibir amenazas de muerte, diciendo que me van a pegar un tiro tan pronto como aparezca”. Su familia, señalada, vive ahora bajo protección policial en Pune. En Nueva Delhi o Bombay no son pocos los que temen que una juventud supuestamente narcotizada y despolitizada, de repente ponga a India patas arriba. Tal como ha venido sucediendo en varios de sus vecinos. Primero en Sri Lanka, luego en Bangladesh y, el año pasado, en Nepal. El bromista en jefe, Abhijit Dipke, en realidad, no es tan joven, a sus 30 años. Ni tan ajeno a la política, puesto que entre 2020 y 2023 formó parte del equipo de comunicación de Aam Aadmi Party (AAP), el partido anticorrupción que gobernó Nueva Delhi hasta hace muy poco, de la mano del activista Arvind Kejriwal.De ahí que su ocurrencia cuente ya con un rudimentario e irreverente manifiesto político, que tiene miga. Pide, para empezar, la paridad entre hombres y mujeres en el Parlamento; apartar de la vida política a los tránsfugas durante veinte años; retirar la licencia a los medios de comunicación de los magnates Mukesh Ambani y Gautam Adani, los dos hombres más ricos de India y a veces de Asia; fin de las puertas giratorias para jueces, principalmente en forma de escaño; y por último, penas agravadas para los que alteren las listas electorales (millones de nombres son eliminados erróneamente cada año). Cockroach Janta PartywebNo parece que vayan a quemar nada. Pero hay tanta leña acumulada que el BJP -que entiende de políticas incendiarias- desconfía de cualquier chispa. India produce anualmente diez millones de graduados -la mayoría en centro privados de calidad dudosa- pero muchísimos menos empleos, cualificados o no. De este modo, solo un 7% de esos graduados encuentra un trabajo estable al cabo de un año.Episodios como la reciente suspensión -por filtración de las preguntas- del examen de acceso a Medicina, que afectó a 2,3 millones de candidatos, aumentan la indignación.Solo faltaba la metedura de pata de Surya Kant, un juez bajo sospecha desde hacía años. Pero que ha logrado ascender a lo más alto en la carrera judicial gracias a su alineamiento con los postulados de la derecha hinduista en el poder. Ya en el Supremo, como magistrado, exoneró al gobierno de Modi del escándalo de escuchas vía Pegasus. Entre sus víctimas, el jefe de la oposición, Rahul Gandhi, que no quiso asistir a la toma de posesión de Kant, hace seis meses. Este también dio luz verde a la degradación del estado de Cachemira a territorio de la unión.El primer aviso de revuelta en India fue precisamente en Ladakh, en septiembre. Y el primer mazazo a los partidos convencionales lo ha dado este mismo mes el actor Vijay, en Tamil Nadu. Algunos empiezan a ver cucarachas por todas partes. Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.