El viento sopla hoy a favor de Ucrania en el campo de batalla. Su ejército no solo está logrando contener el avance ruso, sino que en abril incluso logró recuperar más territorios de los que perdió, algo que no sucedía desde el verano del 2024.Pero, a pesar de las buenas noticias, Kyiv no baja la guardia, ya que cree que Moscú puede intentar romper esa dinámica con un movimiento sorpresa. Por ejemplo, un ataque desde Bielorrusia, Estado vasallo del Kremlin con el que Ucrania comparte casi 900 kilómetros de frontera.Volodímir Zelenski hace semanas que alerta de esa posibilidad. “Rusia está ansiosa por involucrar todavía más a Bielorrusia en esta guerra”, afirmó el pasado viernes. Según el presidente ucraniano, en las zonas fronterizas del país vecino se están construyendo carreteras e instalando posiciones de artillería, lo que da alas a la idea de que pueda producirse una ofensiva desde ahí.El comandante en jefe del ejército ucraniano, Oleksandr Sirski, también piensa que la posibilidad de un ataque desde Bielorrusia “es real”. “Sabemos que el Estado Mayor ruso está calculando y planificando activamente operaciones ofensivas desde el norte”, declaró hace unos días al medio digital Militarnyi.Las maniobras militares conjuntas que Rusia y Bielorrusia llevaron a cabo la semana pasada han contribuido a alimentar esas suspicacias. Para ellas, Moscú trasladó 64.000 efectivos a territorio bielorruso, así como 7.800 unidades de artillería y vehículos. Los ejercicios incluyeron además el despliegue de armamento nuclear.Traslado de un misil balístico intercontinental durante las últimas maniobras conjuntas de Bielorrusia y RusiaAp-LaPresseUcrania no olvida que, en septiembre del 2021, otras maniobras conjuntas fueran aprovechadas por Rusia para acumular tropas en Bielorrusia. Al cabo unos meses, aquellos soldados marcharían hacia Kyiv en el marco de la “operación militar especial” con la que Putin aspiraba a hacerse con el control total del territorio ucraniano.Zelenski teme que ahora pueda ocurrir algo parecido. El momento es propicio: Moscú necesita romper su estancamiento en el frente, y una ofensiva desde Bielorrusia ayudaría a ello, ya que obligaría a Ucrania a desviar tropas y recursos defensivos del flanco oriental, que quedaría más expuesto al avance ruso.Por ahora, no parece que Rusia haya concentrando suficientes efectivos en Bielorrusia como para llevar a cabo una operación de estas características. Pero el Gobierno ucraniano prefiere curarse en salud, y ha reforzado la seguridad en las regiones norteñas para evitar cualquier conato de infiltración desde la frontera.Mientras, el presidente bielorruso, Alexander Lukashenko, intenta rebajar la tensión: el pasado viernes, tendió la mano a Zelenski después de que este le amenazara con “consecuencias” si decidía colaborar con Putin en una ofensiva. “Estoy listo para reunirme con él en cualquier lugar”, dijo el líder prorruso. “Si Zelenski quiere hablar de algo, pedir consejo o cualquier otra cosa, que lo haga”, agregó.Dos días después de esas declaraciones, Lukashenko recibió la llamada de Emmanuel Macron. Era su primera conversación desde el inicio de la guerra, y en ella el presidente francés quiso subrayar “los riesgos para Bielorrusia de dejarse arrastrar” por Rusia al conflicto, según detallaron fuentes del Elíseo.Lo cierto es que para Lukashenko resulta arriesgado implicarse más en la guerra. La mayoría de bielorrusos se oponen a una intervención directa en Ucrania, y además Minsk se encuentra en plena fase de acercamiento a EE.UU., tras años de ruptura. La Administración de Donald Trump ha aliviado algunas de las sanciones impuestas con motivo de la represión de las protestas antigubernamentales del 2020 y la colaboración en la invasión de Ucrania. Trump piensa que así alejará a Bielorrusia de la influencia de Rusia.El problema es que Lukashenko le debe mucho a Putin. El autócrata ruso fue quien le ayudó a mantenerse en el poder tras las protestas del 2020, y es su principal suministrador de energía y valedor económico. ¿Cómo negarse a sus peticiones? Periodista. Redactor de Internacional de La Vanguardia.