Granadilla de Abona, domingo 10 de mayo, 6:40 horas. El crucero MV Hondius fondea frente al puerto industrial pese a los intentos de rebelión del presidente canario. No atraca. Un equipo de Sanidad Exterior —médicos, técnicos de salud pública, equipo protector completo— sube primero al barco para realizar la evaluación epidemiológica de pasajeros y tripulación. Los pasajeros son evacuados con gran eficiencia en aviones fletados especialmente para repatriarlos a sus países de origen para que inicien ahí sus respectivas cuarentenas. Los ciudadanos españoles son conducidos al Hospital Gómez Ulla que dispone de todas las facilidades necesarias para atenderlos y supervisar sus cuarentenas y para lidiar con un brote de Hantavirus de los Andes, incluida una planta de aislamiento para quienes pudieran resultar positivos.
Horas después, en el mismo puerto, comparece ante los medios el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, junto a la ministra de Sanidad, Mónica García, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska y el ministro de Administraciones Territoriales, Víctor Ángel Torres. Esa imagen —el máximo responsable de la salud mundial avalando in situ el dispositivo español en coordinación con otras instituciones europeas como el ECDC y la protección Civil Europea— dice más sobre lo ocurrido que cualquier comunicado oficial.







