El festival de Cannes mostró cómo las producciones de China y directores como Doug Liman y Steven Soderbergh ya trabajan con la tecnología generativa, aunque se mantengan las reticencias de muchos artistas
En el primer día de Cannes, en su primera rueda de prensa, la inteligencia artificial ya provocó el debate entre dos miembros del jurado, Demi Moore y Paul Laverty. Desde ese mismo momento, el certamen y el mercado que se celebra en paralelo se separaron en su reacción ante la herramienta digital: si el festival pone límites a su uso (aunque uno de sus patrocinadores, que se ha sumado en este 2026, es Meta, propietaria de Meta AI) y los artistas advierten de sus peligros, en el mercado hubo una descarga de películas chinas realizadas con inteligencia artificial y un puñado de proyectos occidentales que abrazan su uso. Los cineastas estarán recelosos, pero la industria se ha lanzado a exprimir la IA.
En Variety, a mitad del certamen, un veterano agente de ventas contaba: “Hace un año, algunas personas usaban IA, pero les daba vergüenza admitirlo. Hoy, ni siquiera lo ocultan”. Y algunos países, como China, la están empleando como reclamo de ventas. El 14 de mayo, por la noche, se celebró el evento La Noche de China, la única velada de gala en el Mercado de Cannes. Los asistentes disfrutaron de un recorrido por los mundos de la inteligencia artificial y la realidad extendida, y uno de los robots de la empresa Magic Lab salió a pasear por La Croisette. El encuentro no lo organizaban unos cualquiera, sino la Administración de Cine de China, el China Film Group Corporation, la Asociación de Productores de Cine de China y la empresa china de adquisición, inversión y producción Wing Sight. Es decir, el Estado.










