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Una estudiante del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) desarrolló un plástico biodegradable elaborado a partir de escamas de peces, un residuo frecuente de la industria alimentaria, en un material con potencial para reemplazar productos desechables de uso cotidiano. La propuesta busca ofrecer una alternativa sostenible frente al creciente problema de la contaminación plástica en mares y océanos.
La autora del proyecto es Jacqueline Prawira, quien presentó su investigación como una respuesta a uno de los mayores desafíos ambientales actuales: la acumulación de plásticos derivados del petróleo, cuya degradación puede tardar cientos de años. Su innovación plantea reutilizar un subproducto que normalmente termina desechado para convertirlo en una nueva materia prima útil y menos contaminante.
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La investigación partió de una observación simple: las escamas de peces poseen propiedades físicas como resistencia, flexibilidad y ligereza, características similares a las del plástico convencional. A partir de ello, Prawira comenzó a experimentar con este residuo orgánico hasta lograr una película delgada, transparente y moldeable, capaz de adaptarse a diferentes aplicaciones.










