Xavier Col�s VarsoviaActualizado Martes,

mayo

00:04Xi Jinping recibe este martes y mi�rcoles a Vladimir Putin en Pek�n, cuatro d�as despu�s de recibir a Donald Trump. El Kremlin ha hablado de "expectativas muy serias" y prev� abordar la agenda econ�mica, incluida el gasoducto Poder de Siberia 2. Sin embargo, Putin llega m�s necesitado que nunca: con una guerra que no logra cerrar y una econom�a que empieza a pagar el esfuerzo militar en Ucrania. Mientras tanto, la mayor parte de las cruciales exportaciones de hidrocarburos de Mosc� se destinan a China con considerables descuentos. Antes de la invasi�n, China representaba el 16% de las exportaciones rusas y el 30% de las importaciones, seg�n un an�lisis del Instituto de Estudios Econ�micos Internacionales de Viena. Las sanciones occidentales han dejado a Mosc� con pocas opciones, dado el creciente impacto negativo de la guerra en la econom�a, de ah� que ambos hayan fraguado una alianza asim�trica. Desde 2022, China se ha convertido en el principal socio comercial de Rusia, representando alrededor del 30% de las exportaciones y el 35% de las importaciones, mientras que el comercio con Europa, que alguna vez fue el principal mercado de exportaci�n de Mosc�, se ha desplomado de aproximadamente el 50% a solo el 8% a mediados de 2025. En diciembre, Rusia recurri� por primera vez al endeudamiento en yuanes chinos, moneda con la que planea reemplazar en los pr�ximos a�os la deuda en euros y d�lares estadounidenses. El giro de Rusia hacia oriente se visibiliza con el auge de los autom�viles chinos en las calles de Mosc�, pero China no puede reemplazar todo lo que el Kremlin ha importado de Occidente. En el cap�tulo militar, su apoyo es m�s bien limitado porque Pek�n sigue priorizando los lazos econ�micos con el mundo occidental y tampoco ve con buenos ojos las amenazas nucleares del Kremlin. ATAQUE RUSO A UN BARCO CHINOLa v�spera dej� un s�mbolo inc�modo. Seg�n la Armada ucraniana, un dron ruso alcanz� en la noche del 18 de mayo el carguero KSL Deyang, de bandera de las Islas Marshall, propiedad de una compa��a china y con tripulaci�n china, cerca de Odesa. No hubo heridos, pero el episodio afea el viaje: Rusia necesita presentarse ante Pek�n como socio fiable, no como una potencia capaz de poner en riesgo incluso a barcos de su principal sost�n econ�mico. China ha sido el gran salvavidas de Mosc� desde 2022: compra petr�leo, gas y carb�n rusos. A su vez, vende coches, electr�nica, maquinaria y componentes de doble uso, mientras da cobertura diplom�tica a Putin sin cruzar del todo la l�nea de una alianza militar expl�cita. Pero esa ayuda no ha hecho a Rusia m�s fuerte frente a China, sino m�s dependiente. Mosc� vende materias primas con descuentos, compra tecnolog�a donde puede y espera que Pek�n no cierre el grifo. China compra cuando le conviene, regatea precios y preserva sus canales con Occidente. El comercio bilateral toc� techo en 2024, pero en 2025 cay� un 6,9%, el primer descenso en cinco a�os. El gran test es el gasoducto Poder de Siberia 2, la tuber�a que permitir�a a Rusia enviar hasta 50.000 millones de metros c�bicos anuales de gas a China a trav�s de Mongolia. Mientras que para Putin podr�a sustituir parte del mercado europeo perdido, para Xi es una opci�n m�s. Aunque la guerra en Ir�n y la vulnerabilidad de Ormuz dan valor al gas ruso por tuber�a, no cambian lo esencial: China tiene todav�a alternativas y a Rusia le quedan muchas menos opciones. El desequilibrio con China llega en un momento delicado para el r�gimen de Putin. El Gobierno ruso acaba de recortar su previsi�n de crecimiento para 2026 del 1,3% al 0,4%, tras una contracci�n del 0,3% en el primer trimestre. La econom�a de guerra dio a Mosc� dos a�os de crecimiento artificial. Ahora, de pronto, se acumulan los costes: sanciones, tipos altos, presi�n fiscal, descuentos en el petr�leo ruso y menor capacidad de crecimiento. La foto con Xi sigue siendo �til para Putin: le permite ense�ar que no est� aislado y que Rusia conserva un papel en la arquitectura antioccidental que Pek�n promueve. Putin viaja como un l�der en guerra que necesita compradores, tecnolog�a, rutas financieras y paciencia china. China no quiere una derrota rusa que refuerce a Occidente, pero tampoco heredar los costes de Putin. Su estrategia es sostenerlo lo suficiente para que incomode a Estados Unidos y Europa, y mantenerlo lo bastante d�bil para no imponer condiciones. La relaci�n ruso-china est� en su punto m�s estrecho y en su punto m�s desigual. Por un lado, Putin ha convertido a Rusia en el socio menor de una potencia que no comparte sus urgencias. Por otro lado, Pek�n no necesita elegir entre Mosc� y Washington: recibe a Trump, recibe a Putin y cobra ventajas de ambos. Para el Kremlin, esa es la paradoja de la visita: cuanto m�s necesita a China, menos margen tiene para negociar con ella.