Los New York Knicks vuelven a ser finalistas de la NBA. Hacía 27 años, desde 1999, que no podían decirlo, y la euforia en Manhattan está desatada ante la oportunidad de pelear por un título que se les resiste desde 1973. Imbatidos durante las semifinales y finales de conferencia en estos playoffs, los neoyorquinos llevan un mes sin perder y encadenan 11 triunfos, el último anoche por 93-130 ante unos Cleveland Cavaliers incapaces de molestarles lo más mínimo. Ahora podrán descansar el cuerpo y trabajar la mente ante el reto más importante de su trayectoria mientras esperan la resolución de la final del Oeste entre los Oklahoma City Thunder y los San Antonio Spurs.No hubo historia en el cuarto partido de la final del Este, y esa es precisamente la historia de estos Knicks encendidos. A base de triples escaparon en el primer cuarto (26-38), y terminaron de romper el choque al encadenar un parcial de 20-0 y situar un 26-50 en el marcador apenas disputados 14 minutos de juego. La distancia siguió aumentando sin remedio hasta los 29 puntos en el segundo cuarto en una exhibición coral y equilibrada del quinteto titular. Karl Anthony-Towns, con 19 puntos y 14 rebotes, fue el máximo anotador visitante y estuvo acompañado por toda la tropa: 17 tantos y siete rebotes de OG Anunoby, 15 puntos y cinco asistencias tanto para Mikal Bridges como Jalen Brunson, el corazón del grupo entrenado por Mike Brown, el único cambio significativo del curso.Su tremenda racha de victorias, que arrancó en el cuarto encuentro de la primera ronda contra los Atlanta Hawks, es la cuarta más portentosa en una fase final, y no se vivía algo parecido en la NBA desde que los Golden State Warriors sumaron 15 triunfos seguidos rumbo a su segundo anillo en tres campañas en 2017. Para estos Knicks, el margen promedio de victoria ha sido de 23,7 puntos, y todos los encuentros salvo uno ganados por dobles dígitos. Durante la racha, Landry Shamet –16 puntos y cuatro triples sin fallo anoche–, ha ejercido como sexto hombre de lujo para los neoyorquinos.Tal fue la paliza el lunes en Cleveland que ambos entrenadores vaciaron los banquillos en el último cuarto, y ni con esas pudieron limar distancias los locales. Donovan Mitchell, una vez más, fue el único que dio el do de pecho con 31 puntos, acompañado a ratos por Evan Mobley (15) y desertado por un James Harden irreconocible a lo largo de la eliminatoria. El último MVP estadounidense, lejos de su momento de gloria en 2018, se quedó en 12 tantos tras fallar los seis triples intentados y cometer cinco pérdidas.“Siento que la palabra esperanza llevaba tiempo alejada de los Knicks, y formar parte de este grupo que devuelve la esperanza a Nueva York es algo muy especial”, convenía Anthony-Towns, pívot titular del grupo. En las gradas, esa ilusión se tradujo en varios centenares de aficionados neoyorquinos convirtiendo el Rocket Arena de Cleveland en una especie de pabellón local. Hasta los VIP habituales del Madison Square Garden hicieron el viaje, entre ellos el director de cine Spike Lee, el actor Timothée Chalamet y la modelo Kylie Jenner. “Knicks in four!”, gritaba el graderío, viendo como los suyos se escapaban hasta 45 puntos en el marcador.“Lo más importante es que, de arriba abajo, creemos los unos en los otros. Somos un grupo resiliente, capaz de mantener la concentración y la serenidad, y esto significa mucho para todos nosotros”, analizaba Brunson, MVP de la eliminatoria con promedios de 25,5 puntos y 7,8 asistencias. En otro guiño para la historia, el líder neoyorquino recibió el trofeo que acredita a los suyos como campeones de conferencia de manos de dos iconos de la franquicia: Walt Frazier, la gran estrella de los únicos Knicks campeones en 1970 y 1973, y Patrick Ewing, cabecilla de los que fueron finalistas en 1994 y 1999.Si el triunfo de los Knicks fue incontestable, el naufragio de los Cavaliers también fue notable. “Están jugando un mejor baloncesto, y hay que darles todo el crédito. Están en racha”, esgrimió Kenny Atkinson, su técnico. “Sí, nos metieron un 4-0, pero no nos dimos una oportunidad a nosotros mismos. Creo genuinamente que éramos mejor equipo, pero no lo demostramos en esta eliminatoria”, lamentó Harden.Con o sin excusas de por medio, la conclusión es que los mismos Knicks que naufragaron en seis encuentros contra los Indiana Pacers el año pasado han sido capaces de liberarse sobre la pista en el momento adecuado. Cambiando tan solo de entrenador, un año después están ante la oportunidad de sus vidas.