Es raro encontrar un folleto de salida a bolsa que mencione tanto las dificultades de la ingeniería lunar como los litigios en curso relacionados con la creación de imágenes explícitas no consensuales y “contenido que representa a menores en contextos sexualizados” como riesgos para la valoración de la empresa. Pero la salida a bolsa de SpaceX no es una oferta pública inicial (OPI) cualquiera, y Elon Musk dista mucho de ser un director ejecutivo común. El empresario espera recaudar 75 mil millones de dólares en un debut bursátil que valorará a la compañía, que actualmente maneja pérdidas, en 1.75 billones de dólares. De lograrlo, Musk se convertirá en el primer billonario del mundo.El folleto, de 200 mil palabras, parece, al menos en parte, escrito por alguien que está de viaje. Hay reflexiones entusiastas sobre extender la “luz de la conciencia a las estrellas” y aprovechar el sol para “alimentar una inteligencia artificial que busque la verdad” (traducción: centros de datos de IA en el espacio). Pero la cosa se complica: el prospecto detalla las diversas advertencias en 37 páginas y señala que “tenemos un historial de pérdidas netas y es posible que no alcancemos la rentabilidad en el futuro”. ¡Qué fastidio!Estoy bromeando un poco, pero la verdad es que SpaceX representa algo muy serio: la ambición de privatizar el espacio, antes dominio de los gobiernos.Las compañías espaciales comerciales, de las cuales la más grande es SpaceX, ahora dominan la última frontera. Este cambio se venía gestando desde hace 20 años, a medida que el Congreso modificaba los incentivos de financiamiento y creaba una nueva política (el programa de Servicios Comerciales de Transporte Orbital) para fomentar la privatización. La idea era reducir costos y aumentar la innovación, y, para ser justos, la privatización logró parte de esto. Datos de la NASA de 2014 muestran que SpaceX pudo entregar 1 kilogramo de carga a la Estación Espacial Internacional (ISS, por su sigla en inglés) por aproximadamente un tercio del precio del Transbordador Espacial. En la actualidad, los vuelos privados realizan la mayoría de las misiones de reabastecimiento a la estación espacial e incluso transportan a parte de la tripulación.Sin embargo, como argumenta Matthew Weinzierl, profesor de la Escuela de Negocios de Harvard, si bien los costos disminuyeron ligeramente, el control se concentró en un puñado de grandes empresas. Los contribuyentes que financiaron la investigación básica que permitió la existencia de compañías como SpaceX (lo mismo ocurre con Tesla y X) no tendrán participación alguna en la riqueza que generan los multimillonarios en el espacio, el mayor bien común público de todos.Además, existe el riesgo de mercado a corto plazo. Aquí también se aplica el fenómeno de que el ganador se lo lleva todo. Musk controla 85 por ciento de los votos de los accionistas de la compañía y hace campaña por una estructura de gobierno tan rígida y de control en SpaceX que los accionistas tendrían muy poca influencia, lo que hace imposible cuestionar o cambiar la dirección de la empresa. En un artículo reciente en el Foro de la Facultad de Derecho de Harvard sobre Gobierno Corporativo, Lucian Bebchuk y Kobi Kastiel argumentan que esto tendrá consecuencias negativas a largo plazo, ya que Musk podrá mantener el control incluso mientras vende su participación financiera.Supongo que la pregunta para los inversionistas es: ¿confían en Musk? ¿SpaceX logrará solucionar la brecha entre las necesidades de energía de la inteligencia artificial y la escasez de la red eléctrica, o el empresario dueño también de la compañía de autos eléctricos Tesla y la plataforma de redes sociales X derrochará su fortuna intentando colonizar Marte? ¿Y acaso no hay cosas mejores que puede hacer en la Tierra? Para responder a estas preguntas, me complace tener conmigo esta semana en el artículo de Swamp Notes a Jonathan Taplin, emprendedor en serie y autor, cuyo libro El fin de la realidad: Cómo cuatro multimillonarios venden un futuro fantástico del metaverso, Marte y las criptomonedas predijo este momento hace más de tres años.Jonathan, ¿qué significa esta oferta pública inicial para Elon Musk, los mercados y nuestra economía política?Lecturas recomendadas-El artículo de Nadia Schadlow en Foreign Affairs, quien colaboró en la redacción de la Estrategia de Seguridad Nacional de 2017 durante la presidencia de Trump, vale mucho la pena leerlo. Refleja algunos de los problemas de la globalización que abordé en mi libro Homecoming.-La semana pasada, The New York Times publicó dos artículos fabulosos que no marqué, así que me pongo al corriente aquí. Primero, no se pierdan un reportaje de primera plana sobre dos hermanos negros: uno decidió mudarse de Luisiana a Chicago y hacerse pasar por blanco, mientras que el otro se quedó en el sur y vivió como un hombre negro. La historia es fascinante, y sospecho que la periodista, nieta del segundo, lo convertirá en un libro. Sin duda lo leería.-Además, la maravillosa editora de la revista T del Times, la novelista Hanya Yanagihara, se va (¡qué pena!), pero como regalo de despedida a los lectores nos ha ofrecido una historia del budismo casi completa, al estilo de un diario de viaje. Esto me hizo recordar otro excelente artículo de mi colega Janan Ganesh en Financial Times sobre por qué el Gran Tour del siglo XXI debería realizarse en los mercados emergentes y en Asia.-En Financial Times, sospecho que mi colega Martin Wolf tiene razón al afirmar que la crisis de energía no ha hecho más que empezar. Además, no se pierdan el perfil de Chris Hohn, director de The Children’s Investment Fund, el gestor de fondos de cobertura más exitoso del mundo y, curiosamente, una persona bastante espiritual.Jonathan Taplin respondeLos fans de Elon Musk en la red social X siempre afirman que es la reencarnación de Thomas Edison, pero yo diría que la comparación con P. T. Barnum, contemporáneo de Edison, es más acertada. Musk no es un inventor. Compró la compañía automotriz Tesla y luego despidió al inventor. No podría diseñar un cohete ni aunque su vida dependiera de eso. Musk es el máximo exponente del bombo publicitario de nuestra época, y los posibles inversionistas ansiosos por participar en la salida a bolsa de SpaceX deben ser cautelosos.Las valoraciones convencionales de las compañías que cotizan en bolsa —la relación precio-beneficio— no tienen sentido aquí, porque SpaceX no genera ganancias. La compañía perdió 4 mil 900 millones de dólares el año pasado.SpaceX generó 18 mil 700 millones de dólares en ventas el año pasado, por lo que el precio de salida de 1.75 billones de dólares valora a la compañía en casi 100 veces sus ventas. Para ponerlo en contexto, Apple, la empresa más rentable del índice S&P 500, está valorada en 11 veces sus ventas. La mayoría de las empresas que componen el S&P mantienen su valoraciones en tres veces sus ventas.Sin embargo, esto no es un caso de única ocasión para Musk. Tesla tuvo ingresos de más de 90 mil millones de dólares el año pasado, pero su relación precio/beneficio (P/E) fue de 386, lo que le otorgó una capitalización de mercado de 1.56 billones de dólares. En contraste, Toyota tuvo ventas de 50 mil millones de dólares, pero su relación P/E fue de 10, lo que le dio una modesta capitalización de mercado de 244 mil millones de dólares.Musk compró Twitter en octubre de 2022, cuando las acciones de Tesla estaban por debajo de los 200 dólares. Luego modificó el algoritmo para asegurar que todos los usuarios de Twitter/X recibieran todas las publicaciones de Musk, a menos que bloquearan activamente su contenido. La consiguiente campaña publicitaria de @$TSLA logró atraer a inversionistas minoristas fans suyos a la acción.Al igual que SpaceX, Tesla siempre se vende no por las ganancias actuales, sino por las perspectivas futuras. Dominará el mercado del transporte con vehículos autónomos. Pero hasta ahora, Waymo, de Google, le está dando una paliza. SpaceX promociona la idea de centros de datos en el espacio, conectados por satélites Starlink; no obstante, la idea es absurda. Un satélite Starlink es de capacidad compartida y el servicio puede ralentizarse durante las horas pico. El desempeño también varía según la densidad de la ubicación; los usuarios rurales con pocos suscriptores cercanos suelen obtener mejores velocidades que los urbanos. Es imposible que los centros de datos orbitales de Musk dejen de ser un negocio de nicho en los próximos 10 años.Además, existe el riesgo que la salida a bolsa de SpaceX representa para el público. En un artículo titulado “Los índices bursátiles se están adaptando para incluir a SpaceX”, el periodista de The Wall Street Journal, James Mackintosh, escribe que actualmente existe “el requisito de obtener utilidades y esperar un año para que las ofertas públicas iniciales entren en el índice S&P 500”. Sin embargo, bajo la presión del benefactor de Musk, Donald Trump, la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) propone reducir ese requisito a sólo seis meses, eximiendo de la rentabilidad a las acciones de “megacapitalización”. ¿Por qué quiere Musk que se cambie esta regla? Porque en el momento en que SpaceX pase a formar parte del S&P 500, todos los fondos indexados e inversionistas institucionales tendrán que comprar acciones de SpaceX. Muchas personas podrían verse obligadas indirectamente, a través de sus fondos de jubilación, a comprar acciones de SpaceX a una valoración inicial elevada. Dado que el precio inicial de las acciones parece algo utópico, podrían ver cómo sus participaciones se desploman rápidamente. Pero, por supuesto, a Musk le da igual. Será el primer billonario del mundo y eso es lo único que importa.