26/05/2026 08:37 Actualizado a 26/05/2026 08:46 Quedan muy pocos músicos de jazz que merezcan la consideración de gigantes. Tras la muerte, la pasada madrugada, del saxofonista Sonny Rollins, la representación de la época dorada del género queda limitada a figuras como el pianista Herbie Hancock (Chicago, 1940) o el contrabajista Ron Carter (Femdale, Michigan, 1937), ambos todavía en activo.Es cierto que en generaciones posteriores surgieron muy dignos continuadores de la obra de aquellos genios, como los actuales Joshua Redman o Brad Mehldau, pero cierta mística del jazz se extingue cuando nos despertamos con noticias como la desaparición de Rollins a los 95 años.Se ha escrito y se escribirá mucho sobre Rollins, que abrazó el hard bop, el bebop, el post-bop y muchas otras etiquetas posibles. Pero no hay duda de que parte de la fama del personaje hay que buscarla en su voluntario retiro en un puente de Nueva York. La leyenda dice que en 1959, en plena crisis de creatividad, Rollins se fue a vivir al resguardo del Williamsburg Bridge frustrado porque asumió que nunca alcanzaría el nivel de su admirado John Coltrane. Que allí se reinventó a base de expandir las fronteras de su música.Rollins, en una actuación en Tokio en 2010. Junji Kurokawa / Ap-LaPresseNo es del todo cierto, pero sí es verdad que fue sobre la pasarela del puente, en la soledad de la noche, donde este coloso recobró un ánimo que ya no abandonaría hasta hace poco más de una década, cuando dejó de actuar en directo. Los fieles del Festival Internacional de Jazz de Barcelona han sido privilegiados testigos de las actuaciones del músico, fallecido a los 95 años.En realidad, lo que pretendió Rollins con su retiro en un puente fue hacer un acto en la frenética agenda de un músico de jazz para buscar nuevas fórmulas de expresión artística. No se fue a vivir allí. Simplemente, utilizaba el lugar como un espacio para ensayar a pleno pulmón sin molestar a los vecinos de su piso en el Lower East Side.¿Se retiró en el puente porque asumió que nunca alcanzaría a Coltrane? Puede que sí¿Se retiró temporalmente porque le traumatizó asumir que nunca podría alcanzar la grandiosidad de Coltrane? Cuesta encontrar alguna cita que confirme esta hipótesis, pero es evidente que coincidir en el tiempo y en el lugar con el autor de Love Supreme debió de afectar sobremanera a los saxofonistas que fueron sus contemporáneos. Rollins había estado muy cerca del genio. Fue en 1956, cuando compartieron estudio para grabar el tema Tenor Madness. Bendita locura, en cualquier caso. Qué lujo debió de ser asistir a aquella grabación.Lee tambiénEl hecho es que, después de fundir durante dos años sus prodigiosos solos con el ruido del tráfico nocturno del puente, Rollins reapareció con nuevos bríos y creatividad renovada. Encontró, de alguna manera, su propio camino en el universo del jazz. El disco The Bridge es el relato musical de aquellos meses.Fueron dos años tocando hasta 16 horas al día. Tenía 28 años. “Tocar al aire libre realmente mejora tu volumen y tu capacidad pulmonar; me hubiera quedado allí toda la vida”, declaró.Pero la historia del puente no ha acabado. Una asociación, el Sonny Rollins Bridge Project, lleva a cabo una campaña para que el puente sea definitivamente rebautizado con el nombre del saxofonista. Es posible que la noticia de su muerte de un nuevo impulso a esta reivindicación. Se les encuentra en sonnyrollinsbridge.net.Director adjunto de La Vanguardia. Escribe cada semana un artículo de opinión sobre cultura y ciudades. Novelista. Último libro: 'Siete días en la Riviera'