El músico, leyenda de la improvisación, era uno de los últimos supervivientes de la edad dorada del género
El arte de la sorpresa se sumió en el luto este lunes, Día de los Caídos en Estados Unidos, con el fallecimiento de la leyenda del jazz y coloso del saxofón Sonny Rollins.
Tenía 95 años, y la noticia de su muerte llegó horas antes de la conmemoración del centenario del nacimiento de Miles Davis, músico que, junto a John Coltrane, otro que nació hace un siglo, y a un puñado de grandes nombres del género musical americano por antonomasia, llevaba décadas esperándolo en el Olimpo del jazz para tocar juntos de nuevo en la jam session de la eternidad.
Rollins murió en su casa de Woodstock, en el Estado de Nueva York, según confirmó su representante, Terri Hinte. No trascendieron las causas de su fallecimiento, aunque el saxofonista y compositor llevaba retirado por problemas de respiración desde 2014.
Su cuenta en X, un luminoso foro en el que el músico, o quien fuera que se encargara de su actualización, siempre recordaba los cumpleaños “celestiales” de sus amigos muertos, publicó una declaración del saxofonista de 2009. “Pienso”, dijo entonces, “que cuando la persona creativa llega a su fin, continúa viva en la siguiente existencia. Soy alguien que cree que esta vida no es el principio y el fin de todo. Una persona espiritual no puede verlo de esa manera”.










