Este año, los peregrinos a La Meca se enfrentan a una amenaza peor que la del sol abrasador: la reactivación de la guerra de Irán.La sombra del conflicto se cierne sobre la celebración de la fiesta religiosa más multitudinaria del mundo, el hajj, un rito que todo musulmán debe cumplir al menos una vez en su vida –siempre que su salud y su economía se lo permitan–, y que tiene lugar hasta el viernes en la ciudad santa de Arabia Saudí.Pese a que el alto el fuego pactado por Washington y Teherán sigue en vigor y que desde el pasado sábado se negocia para llegar a un acuerdo más estable que permita dar por cerrada la crisis, el escenario sigue siendo muy incierto. De hecho, varios países occidentales –entre ellos, Estados Unidos – han recomendado a sus ciudadanos evitar los viajes a La Meca por motivos de seguridad. Un consejo sensato si se tiene en cuenta que Arabia Saudí fue uno de los países atacados por Irán tras el inicio de la guerra.Pero la fe mueve montañas, y estos días está prevista la llegada de 1,5 millones de peregrinos extranjeros. Más que el año pasado, según las autoridades saudíes, que se han propuesto a toda costa evitar que el contexto bélico enturbie el hajj: los eslóganes políticos están prohibidos en todos los lugares sagrados –incluida la Gran Mezquita, sede del santuario de la Kaaba, punto focal de la celebración–, al igual que las banderas o cánticos sectarios. Quien infrinja las normas, se enfrenta a duras sanciones, incluida la deportación. Fieles musulmanes en los alrededores de la Gran Mezquita de La Meca, el pasado lunesZain Jaafar / AFPToda precaución es poca en un evento al que están convocados tanto los fieles suníes –mayoritarios en el mundo islámico– como los chiíes –predominantes en Irán–, y que en el pasado ha sido fuente de choques entre Riad y Teherán. Basta recordar lo sucedido en 1987, cuando una manifestación proiraní alentada por el ayatolá Jomeini derivó en enfrentamientos violentos con las fuerzas de seguridad saudíes que dejaron más de 400 muertos.Los analistas, eso sí, consideran que es muy improbable que Irán decida lanzar un ataque contra La Meca, ya que esta ciudad también es sagrada para el régimen de los ayatolás. De hecho, este año se espera que desde el país persa lleguen unos 30.000 peregrinos –bastante menos que antes de la guerra, cuando solían acudir unas 87.000 personas–. Otra cuestión es que un hipotético reinicio de las hostilidades deje atrapados a los viajeros, debido a las afectaciones en el tráfico aéreo.Precisamente, los ataques producidos en los últimos meses han obligado a muchos a buscar rutas alternativas para llegar a La Meca. Volar a Oriente Medio ya no es tan fácil como antes: cancelaciones de última hora, cierres temporales de aeropuertos... Además, los precios de los billetes de avión se han disparado, por el alza de los combustibles derivada del bloqueo de Ormuz. Ante esta situación, algunos estados han decidido aprobar ayudas extraordinarias para sus peregrinos. Es el caso de Indonesia, país que concentra la mayor población musulmana del mundo, cuyo Gobierno ha anunciado que sufragará parte de los gastos extra que deban afrontar los fieles que participen en el hajj.Este despliegue de medios evidencia la importancia de una tradición que constituye uno de los cinco pilares del islam, y que alcanzará su clímax este martes, cuando los peregrinos acudan en masa al monte Arafat –donde se cree que Adán y Eva se encontraron por primera vez– para alabar a Dios, implorar perdón y hacer súplicas. Lo harán bajo un sol inclemente, y con el rumor de guerra de fondo, si no hay acuerdo milagroso antes entre Donald Trump y el régimen de los ayatolás.Periodista. Redactor de Internacional de La Vanguardia.