Aclaremos, para quienes no están muy puestos en esto del clima, que la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico (AMOC, por sus siglas en inglés) es un complejo y extenso sistema de corrientes oceánicas que provoca intercambios de calor por el mundo. Todos habrán oído, en Educación Secundaria al menos, que una parte del agua de los océanos es muy viajera. Una serie de corrientes (como ríos dentro de los océanos) transportan agua cálida desde los trópicos hacia el norte y agua fría desde allí de vuelta hacia el sur. Este complejo sistema desempeña un papel importante en los episodios de temperaturas y precipitaciones globales. También es conocido que la Corriente de Canarias, una parte de la AMOC, hace más llevadero el clima del archipiélago de lo que por su situación sería, como el de África que tiene enfrente. O que el agua superficial dulcifica el clima de Norteamérica este y del oeste europeo.Ahora mismo ya se ve amenazada, es una forma de hablar pues ella ni siente ni padece, por el cambio climático provocado por el ser humano. El calentamiento de los mares, el deshielo y el aumento de las precipitaciones alteran el permanente (re)equilibrio de temperatura y salinidad del Atlántico Norte. La gente de ciencia climática ya ha advertido que las corrientes oceánicas se están ralentizando. Pronostican también que, con el tiempo, podrían volverse tan débiles que dejen de transportar calor por el planeta. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) pronostica que es poco probable que esto suceda antes de 2100. ¡Uf! Menos mal.El sobrecalentamiento de la atmósfera debido al aumento de los gases de efecto invernadero está provocando una afluencia de agua dulce al Atlántico Norte, procedente del deshielo de Groenlandia. Además, el cambio climático se relaciona con una intensificación general del ciclo mundial del agua, lo que significa que una mayor cantidad de lluvia y de escorrentía de los ríos termina en el océano. Todo esto reduce la salinidad del agua en el Atlántico Norte. Al mismo tiempo, las temperaturas de las superficies marinas también están aumentando. Tales cambios tienen sus efectos en la vida de las personas y en la biodiversidad.Si el engranaje de la corriente termohalina del Atlántico Norte se rompiese, la AMOC entrase en coma, no se puede restablecer; aunque posteriormente las temperaturas aire/agua/suelo recuperasen sus condiciones previas.Todo lo anterior no se lo inventan los centros de investigación. El IPCC concluye: "Si se produjera un colapso de la AMOC, muy probablemente causaría cambios abruptos en los patrones climáticos regionales y en el ciclo del agua, así como un desplazamiento hacia el sur del cinturón de lluvias tropicales. Podría provocar un debilitamiento de los monzones africanos y asiáticos, además de un fortalecimiento de los monzones del hemisferio sur y una sequía en Europa".Puede que no me haya explicado convenientemente. Quienes deseen aclararse algo más no dejen de visitar lo que dice sobre el asunto National Geographic, por ejemplo. En mi descargo explicativo, decir que la cuestión es tan compleja que desborda los caracteres que puedo escribir en una entrada. Siempre queda la curiosidad de quienes deseen explorar algo más.
AMOC, ¿coma climático?
El sistema de corrientes oceánicas juega un papel determinante en los episodios de temperaturas y precipitaciones globales.
El IPCC alerta: el cambio climático ralentiza la AMOC, sistema oceánico que regula el clima global, aunque su colapso antes de 2100 es improbable. Un fallo sería irreversible y provocaría sequías en Europa, impactando supply chain e infraestructuras críticas.













