Alguien subió las fotos del incendio a un grupo de Facebook llamado “No eres de Yunclillos si…”. En ellas se veían los efectos de las llamas a mediados de junio de 2022 en una zona campestre de este pequeño pueblo de Toledo de 816 habitantes censados. El fuego afectó a una vivienda y llegó a quemar parte de la fachada y también mató a algunos pavos. Esa vivienda pertenecía a Adrián P., un vecino de 37 años que vivía allí junto a su padre, su pareja y uno de sus hijos, que entonces tenía 14 años. Un tremendo susto para la familia y el origen de un crimen que acabó con el cuerpo del presunto autor del fuego atado de pies y abandonado en un arroyo apenas una semana después. La víctima, y supuesto autor del fuego, era Juan de Dios M., otro vecino del pueblo de la misma edad. “Tenía una discapacidad; era algo sabido por todo el pueblo. Desde pequeño hacía trastadas. Cada vez que pasaba algo, se le atribuía a él. Algunas cosas las haría y otras no”, señala el actual alcalde de Yunclillos, Manuel Zamarreño (PP). Las trastadas fueron subiendo de tono y llegó a cometer delitos como entrar en casas a robar o dañar vehículos. El hombre pasó un tiempo en prisión. “Este es un pueblo tranquilo donde no hay apenas criminalidad“, describe Zamarreño. Nunca se llegó a saber si Juan de Dios había sido el autor del fuego que quemó parte de la finca de Adrián, pero este leyó los comentarios de ese grupo de Facebook en el que la gente lo apuntaba a él como culpable. Esta idea penetró con fuerza en la cabeza de Adrián, que en los días sucesivos comenzó a obsesionarse con ese fuego que había puesto en peligro a su familia. Un día, se encontró por el pueblo con Juan de Dios y se paró a hablar con él mientras grababa la conversación con el móvil. Su objetivo era que reconociera que había provocado él las llamas y así conseguir una prueba con la que denunciarlo. “A Adrián se le metió en la cabeza que tenía que estar en la cárcel porque vivía con un miedo atroz a que lo volviera a hacer”, explica Eva Leonor García, su abogada defensora. Sin embargo, el hombre solo obtuvo de Juan de Dios divagaciones sin sentido sobre que iba a llamar a unos terroristas para que pusieran una bomba en el pueblo. La fijación fue creciendo en la cabeza de Adrián, un hijo de rumanos emigrados a Toledo 30 años antes, padre de dos hijos y cerrajero de profesión. El 24 de junio, el hombre fue hasta Olías, donde su novia trabaja en un bar, para estar con ella y pasar la jornada. Sobre las cinco y media de la tarde se montó en su coche y se fue a Recas, otro pueblo de la zona con más población donde muchos de los habitantes de la zona hacen más vida social y comercial. La casualidad quiso que ese mismo día Juan de Dios y su padre, del mismo nombre, también se hallaran en Recas para hacer algunas compras.Adrián pasó con el coche por delante de la parada de autobús que conecta Recas con Yunclillos, en la que esperaban Juan de Dios y su progenitor. “No sabe qué se le pasó por la cabeza, se le cruzaron los cables y fue a por él”, describe su letrada. Esta misma versión contó él en el juicio celebrado la semana pasada en la Audiencia Provincial de Toledo, en el que admitió los hechos. “Lo metí en el maletero dándole golpes, lo quería matar”, reconoció el acusado. Después del encontronazo violento y salvaje, Adrián se llevó a Juan de Dios a una zona alejada y lo abandonó atado de pies y manos junto a un arroyo. “Es un hecho objetivo que no se puede negar, pero Adrián no sabe cómo acabó así ni por qué actuó de esa manera. Describió que era como si se lo hubiera llevado el demonio”, detalla Eva Leonor García. Adrían no tenía ningún antecedente penal ni policial. El informe psicológico imparcial del juzgado que se le practicó después dictaminó que el hombre podía padecer algún trastorno de tipo antisocial, pero que este no afectaba a su capacidad de decisión ni de comprender sus actos. Un psiquiatra contratado por la defensa sí que encontró un trastorno de bipolaridad que afectó gravemente a su conducta aquel día.Tras abandonar el cuerpo, Adrián limpió su vehículo y la ropa que llevaba en el momento de la agresión. El acusado contó a su familia lo sucedido y esta le instó a acudir a la Guardia Civil a entregarse. Sus allegados también querían comprobar si todavía se podía hacer algo para salvar la vida de Juan de Dios. Pasada la medianoche, se dirigieron en coche al puesto de Bargas, otro municipio de la zona, pero estaba cerrado, así que el 062 les indicó que debían ir a Illescas. Allí notificó lo sucedido y los agentes acudieron al lugar donde Adrián había dejado el cuerpo, cerca del río Alberche.La autopsia dictaminó que la víctima, que pesaba 53 kilos y medía 1,75, había fallecido por una “hemorragia subaracnoidea masiva que ocupó ambos hemisferios cerebrales y otra que comprimió el tronco del encéfalo”. El cuerpo fue hallado semisumergido en el arroyo. La Guardia Civil obtuvo sangre de la víctima en varias partes del coche del acusado así como en el lugar en el que comenzó la agresión.Gracias a la admisión de los hechos, la Fiscalía renunció a casi toda la prueba testifical y pericial y rebajó su petición de pena. De los 25 años que solicitaba en principio al considerar que había habido ensañamiento y alevosía, es decir, más dolor del necesario para causar la muerte y nula posibilidad de defensa por parte de la víctima, pasó a una solicitud de 13 años. La defensa estuvo conforme con esta pena y el jurado dictaminó la culpabilidad en apenas media hora de deliberación.El Ministerio Fiscal recalcó en la vista oral que el acusado demostró que quería matar a la víctima y que “hizo todo lo posible para que muriera”, como golpearle en repetidas ocasiones y “abandonarlo en un lugar apartado donde no pudiera recibir socorro”. El padre de Juan de Dios falleció un mes antes de ver el juicio por el homicidio de su hijo.