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Era el año 2009. Alan García presidía el país y el Perú vivía el momento más promisorio de su historia energética. Camisea producía a pleno, las reservas parecían abundantes y el mundo miraba al país como un destino atractivo para la inversión en gas. García lo entendió y convocó una convención internacional. Vinieron presidentes. Vinieron empresas. Seis compañías con al menos mil millones de dólares cada una para invertir en proyectos petroquímicos que habrían transformado el gas peruano en fertilizantes, plásticos y productos de alto valor agregado. Habrían generado empleos, divisas y una industria que el país todavía no tiene.

No se fue ninguna porque el negocio era malo. Se fueron porque el Estado peruano no supo —o no quiso— darles las condiciones para quedarse.

Carlos Herrera Descalzi, exministro de Energía y Minas y expresidente del Colegio de Ingenieros del Perú, estaba en primera fila. Lo contó en el primer foro del ciclo Perú: Futuro Energético del Grupo La República con la precisión de quien conoce cada detalle de lo que falló: "Vinieron seis empresas que buscaron invertir. Cada una tenía por lo menos 1,000 millones de dólares para inversión en proyectos. Yo tuve dos de ellas como clientes, entonces conozco la historia más o menos de cerca. Al final no le dieron gas a ninguna."