El gas natural, que genera el 25% de la electricidad del país, mueve medio millón de taxis y camiones en Lima y sostiene buena parte de la industria nacional, proviene de un solo lugar: Camisea. Y Camisea tiene reservas para 10 años. Únete a nuestro canal de política y economía Eso no lo dijo un activista ni un político de oposición. Lo señalaron Pedro Gamio, exviceministro de Hidrocarburos, y Carlos Herrera Descalzi, exministro de Energía y Minas, en el primer foro del ciclo Perú: Futuro Energético, organizado por La República. Sus cifras son concretas y su conclusión es la misma: si el Perú no encuentra nuevas reservas antes de que se agoten las actuales, tendrá que importar gas. Y el gas importado cuesta, según Víctor Murillo, presidente del directorio de Egesur, hasta 15 veces más que el precio interno actual. TE RECOMENDAMOS ANÁLISIS DEL DEBATE ELECTORAL: RESUMEN COMPLETO | SIN GUION CON ROSA MARÍA PALACIOS ¿Qué significa eso en la práctica? Que la tarifa eléctrica —artificialmente baja gracias al gas barato de Camisea— subiría de forma sostenida. Que el transportista que este miércoles llena su tanque con gas natural vehicular a precio accesible volvería a depender de combustibles más caros. Que la industria que usa gas como insumo vería dispararse sus costos de producción. La crisis de marzo, cuando la rotura del ducto en Megantoni generó pérdidas de entre US$3.000 y US$5.000 millones en apenas 13 días, fue un anticipo a pequeña escala de lo que puede ocurrir de forma permanente. Lo que se agota y lo que no se está haciendo El inventario real del gas peruano es más preocupante de lo que el debate público reconoce. El lote 88 —el único formalmente comprometido con el mercado interno— tiene aproximadamente 7 TCF de reservas y un consumo anual de 0,5 TCF. Diez o 12 años en el escenario más optimista. Los lotes de exportación —56 y 57— tienen reservas para menos tiempo aún: 0,9 y 1,1 TCF, respectivamente, con un consumo exportador de un cuarto de TCF por año. El lote 58, que el discurso político presenta como la reserva del futuro, tiene 3,5 TCF y está en manos de una empresa china con derecho contractual a exportarlo libremente. No hay compromiso formal que lo destine al mercado interno. Sumando los lotes 58 y 88, el escenario más conservador da apenas 15 años de consumo interno. Y eso asumiendo que el sector eléctrico deja de consumir gas como lo hace hoy. Herrera Descalzi fue directo sobre ese punto: "El 60% del gas se consume en el sector eléctrico y no es tan necesario. Se podría reducir drásticamente sustituyéndolo por hidroeléctricas y energías renovables, liberando reservas para hogares, transporte e industria donde el gas es realmente insustituible." El problema es el tiempo. Construir una hidroeléctrica toma 10 años. Explorar y desarrollar un nuevo yacimiento de gas también. Y el Perú, que pasó de tener más de 80 contratos de exploración activos a no llegar este miércoles a dos dígitos de lotes en exploración, lleva años perdiendo ese tiempo. El transporte y la industria: los más expuestos El gas natural no es solo el balón de cocina —cuyo GLP proviene en parte de los líquidos de Camisea, aunque en cantidad limitada, y en parte de importación y refinerías—, sino el combustible que mueve la economía en sus sectores más sensibles. En Lima hay aproximadamente 500.000 a 600.000 vehículos que funcionan con gas natural vehicular. Son taxis, camiones y buses. Si el gas se encarece por escasez o por necesidad de importarlo, esos vehículos vuelven a la gasolina o el diésel, y el costo del transporte —y, con él, el precio de todo lo que se transporta— sube para toda la cadena. Murillo lo cuantificó con el ejemplo más reciente: "13 o 14 días de interrupción del gas generaron pérdidas de entre 3,000 y 5,000 millones de dólares." Eso con solo Lima afectada. Eso con solo dos semanas. La industria es igualmente vulnerable. El gas natural es insumo directo de la producción manufacturera, la generación de vapor, los procesos químicos y la petroquímica que el Perú nunca desarrolló, pero todavía podría desarrollar. Sin gas barato y asegurado, ningún proyecto industrial de mediana o gran escala puede planificarse con horizonte de largo plazo. Y sin esa planificación, el país seguirá exportando materias primas en lugar de productos con valor agregado. Herrera Descalzi lo ilustró con una lámina de cuando era ministro y se firmó el contrato de Camisea: "Dice que lo que teníamos en Camisea era 5.8 veces lo que había en el Mantaro. En el año 2040 lo que teníamos en Camisea va a ser cero. El Mantaro va a seguir vivo y va a poder operar 100 años más. ¿Cuál es el resultado? Hay que crecer en Mantaros." Es decir, la solución para el sector eléctrico existe y tiene nombre. Lo que falta es la decisión política de ejecutarla. Lo que el próximo gobierno no puede postergar Los especialistas del foro coincidieron en que el siguiente gobierno tendrá una sola oportunidad y deberá actuar en varios frentes al mismo tiempo desde el primer día. Primero, decidir sobre el contrato de exportación de Perú LNG que vence en 2028. Herrera Descalzi fue claro: "Lo dejaría librado a que ellos encuentren nuevas reservas en los lotes 56 y 57. No van a tocar el lote 88 porque se requiere por seguridad energética." Renovar ese contrato con las reservas actuales sería hipotecar el mercado interno. Segundo, reactivar la exploración de forma urgente. "Tenemos reservas probadas de 10 años. Todo eso en el escenario optimista en 10 años para confirmar y desarrollar Candamo", advirtió Herrera Descalzi. Y Gamio fue más directo: "Ya estamos tarde. No hay tiempo que esperar." Tercero, construir la planta de regasificación que la crisis de marzo demostró que es indispensable. "Si no podemos sacar el gas, tenemos que asegurar el suministro. La planta de regasificación se necesita de todas maneras, ya no hay que esperar a mañana", dijo Herrera Descalzi. Cuarto, liberar la masificación regional del gas con tarifas promocionales reales. El 80% o 90% de los usuarios de gas natural están en Lima. El error del Congreso al aprobar tarifas solo para pequeños consumidores condenó ese proceso a 20 años en lugar de cinco. Murillo cerró el foro con la frase que mejor resume la urgencia: "El gas ya se instaló en el Perú y no hay forma de quitarlo. Estamos condenados a buscar o a comprar en el extranjero. Y nos iría muy mal de verdad." El gas que mueve la economía peruana se acaba en 10 años. El próximo gobierno lo sabe o debería saberlo. Lo que falta saber es si tiene un plan.