Marcas como Oh Juliette o Sorellas The Brand se han especializado en trajes para la fiesta de fin de estudios

High School Musical, 10 Cosas Que Odio de Ti, o Nunca Me Han Besado, son algunas de las películas con las que jóvenes —y no tan jóvenes— se han criado. El estand de los besos o A todos los chicos de los que me enamoré, son la versión actualizada de la comedia romántica al más puro estilo estadounidense. Todas ellas tienen algo en común: el baile de graduación, “prom” en inglés. Sea cual sea la trama de la película, el vestido, el ramillete, y la hora de recogida la noche de la fiesta, siempre están presentes. Esta cultura “prom” ha impactado en las graduaciones catalanas con una reconversión: ahora todas las chicas quieren su vestido.

Oh Juliette y Sorellas The Brand son dos empresas dedicadas únicamente a la venda de vestidos de graduación. La primera nació en 2012, y fue la pionera en “introducir el concepto prom”, tal y como explican en su web. Un concepto que ahora ha llegado a su cúspide: “Hay muchísima gente. Se hacen colas de cinco o seis horas”, explica Noelia Jaramillo, responsable de la tienda de Oh Juliette en Barcelona. La temporada empieza en los primeros meses del año, los fines de semana. En marzo, ya se hacen colas de dos y tres horas. Pero es entre abril y mayo que llega a su pico, cuando se acercan la mayoría de graduaciones de instituto. “Es una cosa loca”, reconoce Sònia Céspedes, encargada de la tienda de Sorellas en la calle Aragó. Ambas cuentan que las colas llegan a la hora muy fácilmente, aunque hay una limitación de vestidos que se pueden entrar en el probador —cuatro como máximo— y que “antes de entrar, se les explica cuál es el funcionamiento de la tienda”, cuenta Jaramillo. En estas dos tiendas, los vestidos oscilan entre 40 y 70 euros.