Roland GarrosEl espa�ol de 19 a�os no acus� los nervios en su primera vez en Par�s y despach� al estadounidense Kovacevic por 6-1, 6-0 y 6-4 con una solidez impropia de su edadJ�dar, en su debut en Roland Garros.AFPJavier S�nchezEnviado especial Par�sActualizado Lunes,

mayo

14:49Contaba Andy Roddick en su podcast que todo el glamour del tenis se pierde entre bambalinas cada d�a de Grand Slam a las 11 de la ma�ana, cuando los partidos est�n a punto de empezar y la mayor�a de los jugadores se pelean por ocupar los lavabos de los vestuarios. Los nervios van al est�mago y en un torneo 'grande' solo se libran los elegidos. Para muchos una pista de Roland Garros es tan claustrof�bica y peligrosa como un oct�gono de MMA. Para unos pocos es el patio de la escuela. Rafa J�dar debut� este lunes en Par�s y confirm� su madera de campe�n, su envergadura como tenista, su car�cter.Gan� al estadounidense Aleksandar Kovacevic como tantas veces hab�a ganado unas semanas atr�s en Barcelona, Madrid o Roma, dominando con su juego agresivo, por solo 6-1, 6-0 y 6-4 en una hora y 34 minutos de juego, pero lo mejor fue su puesta en escena. A sus 19 a�os, en su primera vez en el lugar, no le tembl� ni una ceja. Todo lo contrario, fue a�n m�s firme, m�s serio, m�s expeditivo."�Es aqu� Jod�r?", preguntaba un aficionado franc�s a la prensa espa�ola con la duda en la cara. S�, s�, era ah�. La organizaci�n situ� a J�dar en la pista 12, una peque�a pista a los pies de la Suzanne Lenglen, una pista con apenas cuatro filas de gradas, y el error qued� claro desde el principio. El p�blico galo, deseoso de ver al nuevo talento, abarrot� el lugar desde media hora antes del inicio del encuentro, y el calor que estos d�as azota Par�s acab� convirtiendo el lugar en un horno. "Ici s'il vous pla�t!", gritaban los presentes a los encargados de regar la tierra batida entre set y set para que desviaran un poco la manguera y les dieran un remoj�n. M�s de una vez accedieron. Era la �nica manera de aguantar.La posici�n de su padreEl lugar y la temperatura podr�an haber afectado a J�dar, que solo hab�a disputado dos partidos a cinco sets, los dos en el pasado Open de Australia, pero tampoco fueron un problema. Ante un Kovacevic inm�vil, quiz� impresionado por el escenario, quiz� aquejado por el cansancio acumulado en el reciente ATP 500 de Hamburgo -fue semifinalista-, J�dar hizo lo que quiso. Derechazos aqu� y all�, acometidas con su resto, finura con el rev�s, saques a toda velocidad. Cuesta todav�a leer la cara del espa�ol, que tampoco es especialmente expresivo, pero desde el primer momento parec�a que estaba disfrutando de lo lindo. A mediados del primer set, Kovacevic le gan� un juego -se puso 3-1- y a partir de ah� ya no le dio descanso hasta una hora m�s tarde, en el tercer set, cuando ya lo ten�a todo finiquitado. No necesit� ni tan siquiera hablar con su padre, que ni se sent� en el palco de los entrenadores, a pleno sol, y se coloc� unos asientos m�s atr�s en busca de algo de sombra.