I. Asenjo

Actualizado a las 13:33h.

La felicidad es vista como una búsqueda continua, por eso nos libera de la presión de alcanzarla en un estado permanente, permitiéndonos valorar los momentos diarios basados en el aprendizaje y las pequeñas experiencias, tal y como indican los expertos. Y es que lejos de ser un estado permanente, se trata de una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales

Una forma de interpretar el mundo que no se encuentra en la búsqueda desesperada o en el placer momentáneo, sino más bien en la capacidad de vivir plenamente. Según la literatura de Harvard y otras universidades, cerca del 50% de la capacidad para sentirse feliz, viene determinada por la genética, mientras que el entorno y las decisiones personales influyen en el resto.

Y es que querer ser feliz es un sentimiento universal, y el peor error para lograrla está en la obsesión. La clave para muchos pensadores contemporáneos modernos se llama resiliencia, un concepto que gana popularidad en nuestro día a día y que te permite ser feliz incluso con heridas en el alma. Algo que se cultiva día a día a través de hábitos coherentes y vínculos reales.