Ganar el voto del caribe colombiano no es garantía para ganar la presidencia de Colombia, pero asegurarlo es como tener un pie en la Casa de Nariño. Es una realidad electoral que los punteros de las encuestas han reflejado al elegir a Barranquilla, capital clave de la región, para cerrar oficialmente sus campañas este fin de semana, último plazo para hacer campaña en la plaza pública antes de medirse en las urnas el próximo domingo, 31 de mayo. Lo hicieron con cierres radicalmente distintos que, en su puesta escena y sus mensajes, reflejan tres formas muy distintas de entender sus campañas, su liderazgo y el país que proponen. “En estos eventos no se mueve gente solo de Barranquilla: vienen de Santa Marta, del departamento de Bolívar, de toda la región”, cuenta Luis Trejos, profesor de Ciencia Política en la Universidad del Norte. “Y este departamento, el Atlántico, tiene además la facilidad de que está densamente poblado: 2,1 millones de votos potenciales que puedes mover fácilmente porque es un departamento pequeño”. Allí llegó, primero, la senadora uribista Paloma Valencia. El viernes, la candidata de la derecha tradicional y tercera en las encuestas demostró que el Caribe no es su zona: frente a su tarima en la Plaza de la Paz, aparecían especialmente ciudadanos movilizados por políticos tradicionales de la región. Además, fue inmediatamente criticada por sus contendores por codearse con esos líderes, algunos cuestionados por sus vínculos parentales con corruptos. Su apuesta era arriesgada: el hoy presidente Gustavo Petro, de quien ha sido opositora, inició su exitosa campaña presidencial de 2022 con un lleno total de la misma plaza en 2021. Valencia ha hecho campaña con la promesa de sumar entre diferentes, pero muchos colombianos no están dispuestos a subirse al relato de hacer esa suma con los tradicionales. Los dos candidatos punteros, de hecho, afirman una y otra vez que avanzan impolutos de políticos tradicionales, aunque esas afirmaciones deberían ir con asteriscos porque tanto el izquierdista Iván Cepeda, como el ultraderechista Abelardo de la Espriella, han recibido apoyos que llenan de dudas esas afirmaciones. En todo caso, Valencia llegó con un discurso ajustado para la ciudad, como cuando prometió bajar el precio de las altas tarifas de energía que sufren los ciudadanos del Caribe. Pero la foto que quedó de su visita a Barranquilla fue la de ella intentando convencer a Sergio Fajardo, candidato del centro, de unirse a su campaña mientras se tomaban un café. Salió de la arenosa con café pero sin acuerdo, tras una incómoda conversación transmitida en Youtube, y con la fe puesta en el voto bogotano, su ciudad y donde hizo su última aparición este domingo. El día siguiente, el sábado, fue el turno del candidato que juega de local, el abogado penalista Abelardo de la Espriella. Aunque nació en otra ciudad del Caribe, quien aparece de segundo en las encuestas hace años tiene una residencia en Barranquilla. El candidato de la ultraderecha no apareció con nadie en tarima: su one man show escenifica la promesa de que él solo puede, de que es un llanero solitario antiestablecimiento que supuestamente no recibe dinero ni apoyo político de los poderes tradicionales.“Aquí no hay tamales, aquí no hay buses ni politiqueros, aquí no está Pulgar, ni Name, ni Torres“, dijo el ultra en referencia a políticos tradicionales que apoyan a Valencia (Pulgar) o a Cepeda (Torres). Pero no mencionó el más famoso de esos apellidos en la ciudad, el Char del alcalde Alex y los exsenadores Fuad y Arturo. Es un clan que hace semanas cantó, en voz baja, el apoyo por el ultra. Y es que los Char venían implícitos. De la Espriella eligió el malecón para hacer su show, una impresionante obra de ingeniería junto al río Magdalena que los barranquilleros asocian a la casa Char pues fue concebido y construido bajo su égida. Además, el periódico que ha sido cercano editorialmente a la familia, El Heraldo, cantó su apoyo a De la Espriella este mismo domingo. Pese a esos impulsos, el candidato sigue diciendo que viene solo, solísimo, a gobernar al país. De la Espriella tiene a su favor el dicho “costeño vota costeño”: no oculta su acento de su natal Montería, ni la identidad caribe que resaltó en su discurso. Al contrario, se dice orgulloso de ese legado. “Dijeron que yo era un corroncho [mote despectivo para los colombianos del caribe], indigno de los medios prepago de Bogotá, y fui a cada uno y los peiné, como dicen los cachacos”, dijo ante los miles que llenaron el malecón. “Somos nosotros contra el mundo entero, luchando como tigres contra el bogocentrismo elitista que nos mira por encima del hombro”. Un día después fue el turno de Iván Cepeda, el candidato de izquierdas y puntero en las encuestas, quien recordó que el otro costeño que se ganó esa plaza en 2022 es el actual presidente Petro, nacido en Ciénaga de Oro - aunque muchos costeños olvidan que ya tienen presidente caribe, pues Petro creció en el interior y tiene un acento y un estilo andino. Cepeda convocó a sus seguidores a un barrio popular para recordarles que su jefe es uno de los suyos. “En Barranquilla termina la campaña, comienza la victoria”, dice el candidato, rodeado en la tarima de toda la bancada de su partido y el de Petro, el Pacto Histórico. “Cierro aquí mi campaña con alegría, pues soy hijo del Caribe por mis raíces maternas”, dijo. Su madre, la periodista y líder comunista Yira Castro, era de Sincelejo, otra ciudad de la región. El de Cepeda no fue el show de los políticos que se suman, ni el del llanero solitario. Repitió, como en tantas plazas, que la suya es la campaña de los movimientos sociales, los sindicalistas, los jóvenes, los indígenas, los afrocolombianos, los municipios que se han sentido excluidos. Y sobre todo, que es una campaña contra los que dice no representar, los políticos como los Char. “Me he enfrentado a los mismos que ahora anuncian, a través del principal periódico de la ciudad, su respaldo a la opción fascista en la actual contienda”, dijo en referencia a El Heraldo. Fue la primera vez que asociaba al fascismo con De la Espriella. Según las últimas encuestas, antes de la veda que ya inició, es el ultra su más probable contrincante en una casi fija segunda vuelta. Barranquilla, la cuarta ciudad más poblada de Colombia, es conocida por quedar donde se mezclan el majestuoso río Magdalena, la arteria histórica del país, y el mar Caribe. Pero en realidad no son esas las únicas aguas que coexisten. También coexisten y compiten los clanes políticos que hoy están con el petrismo y con la oposición, los Torres y los Char, que el 31 de mayo no se juegan solo la presidencia, sino sus posibilidades para ganar la alcaldía en 2027. También conviven el ultra Abelardo de la Espriella con el ministro del Interior de Petro, Armando Benedetti, un barranquillero que ha insinuado querer arrebatar ese fortín a los Char, que dominan esa alcaldía desde 2008. Es también la capital de Shakira, cuya estatua decora el malecón - pero este fin de semana fueron otros los que se robaron el show.