Tras meses valorando la posibilidad de iniciar negociaciones con Rusia para intentar conseguir algún tipo de paz en Ucrania, parece que, finalmente, los ministros de Exteriores de la Unión Europea van a sentarse a discutir la cuestión. Será durante el encuentro que mantendrán la semana que viene en Chipre. Aunque los expertos consideran poco probable que la reunión concluya con una decisión firme, prestarán atención a dos asuntos fundamentales. El primero es qué propuesta se podría plantear ante el Kremlin y el segundo, no menos importante, quién debería encargarse de hacerlo. Ya se barajan varios nombres. Algunos, como el del antiguo canciller socialdemócrata alemán Gerhard Schröder, están prácticamente descartados. Más allá de la amistad que le une con Vladímir Putin (en 2014 asistió a su cumpleaños), muchos en Europa consideran sus lazos con empresas rusas una línea roja insalvable. Otros nombres, en cambio, podrían tener cierto recorrido. De ellos destacan ahora mismo tres. El primero es Alexander Stubb, el presidente finlandés. A favor tiene la contrastada capacidad negociadora de Finlandia, demostrada no pocas veces a lo largo de las últimas décadas y representada por el expresidente Martti Ahtisaari (quien ganó el Nobel de la Paz en el año 2008). Lo que mengua las posibilidades de Stubb es que ahora es el líder de un país de la OTAN. La adhesión de Finlandia a la Alianza Atlántica, motivada por la invasión rusa de Ucrania y sellada en la primavera de 2023, sentó muy mal en Moscú. El segundo nombre que suena con fuerza es el del italiano Mario Draghi. Tras presidir el Banco Central Europeo, un puesto al que llegó gracias a su experiencia como gobernador del Banco de Italia, y ejercer como primer ministro de su país, Draghi cuenta con el respeto de buena parte de los líderes europeos. Además, se considera un perfil moderado en lo que se refiere a Rusia. No simpatiza con Putin ni con su deriva exterior, pero su perfil tecnócrata le convierte en alguien con cintura negociadora. El problema es que no ha mostrado interés alguno en querer asumir el rol. Finalmente, se encuentra Angela Merkel. Quien fuera canciller de Alemania bajo la bandera de la democracia cristiana entre los años 2005 y 2021 ha tratado con Putin en innumerables ocasiones. También con Volodímir Zelenski, con quien coincidió durante los últimos dos años de su mandato. Además, lleva una vida relativamente tranquila y parece estar disponible. El principal problema, en su caso, es la controversia que hay en torno a su legado político. Sobre todo, en asuntos como las relaciones con Rusia. Bajo su liderazgo, por ejemplo, Alemania apostó por el hoy famoso gasoducto Nord Stream 2 y por terminar de abrazar, así, una política energética basada en la dependencia del gas natural ruso. Algo que hoy, a la vista de los acontecimientos, muchos expertos consideran un error estratégico importante. Además, Merkel también se opuso a iniciar el proceso para que tanto Ucrania como Georgia pudiesen ingresar en la OTAN. “No me parece el perfil idóneo porque ha contribuido decisivamente a la situación en la que estamos”, explica Nicolás de Pedro, analista senior del Institute for Statecraft, durante una conversación con El Confidencial. “Ella no lo admite, pero su apuesta apaciguadora, ese decirle constantemente que sí a Putin, ayudó a que los rusos pensaran que atacar Ucrania era una buena idea”. Ante esta acusación, bastante extendida a ambos lados del Atlántico, Merkel suele argumentar lo contrario: que faltó diálogo para evitar la guerra en Ucrania. De hecho, hace unos días acusó a la Unión Europea de “no estar utilizando todo su potencial diplomático” a la hora de lidiar con el Kremlin. “Poner a Merkel sería apostar otra vez por todo lo que lleva fallando en los últimos cincuenta años”, sentencia Nicolás de Pedro. “Y los rusos, que por cierto no se han movido un milímetro en sus exigencias, encantados”, agrega. De todas formas, el analista del Institute for Statecraft ve su elección como mediadora improbable, ya que debido a su postura, Merkel no cuenta con la confianza de países clave como Polonia, las repúblicas bálticas o el Reino Unido. Tampoco, por cierto, con la de los ucranianos. Esto último ha sido corroborado por un alto funcionario del país, quien al ser preguntado por el Financial Times declaró que Zelenski desearía contar “con alguien como Draghi” o, en su defecto, con “un líder actual, en activo, fuerte”. A ojos de Kiev, por tanto, Merkel queda doblemente descartada. “Me sorprendería su elección, pero quién sabe”, coincide Miriam Kosmehl, experta principal en Europa del Este de la Fundación Bertelsmann –una institución radicada en Berlín– al ser consultada por este periódico. No obstante, sobre sus capacidades como mediadora, la analista considera que la excanciller germana no es un mal perfil. “Conoce a Putin, sabe de dónde viene, habla el idioma [Merkel domina el ruso] y es inteligente”, explica. Además, añade Kosmehl, “tiene algo que compensar: la confianza que tuvo en que una interdependencia conveniente serviría para contener a Putin”. Angela Merkel y Vladimir Putin, durante una reunión en 2007 en Moscú. (Reuters) En términos más generales, Kosmehl señala la dificultad de dar con una figura solvente que sea aceptada no ya por el conjunto de los líderes europeos sino también, y sobre todo, por Kiev y por Moscú. Es cierto que en ambos sitios se ha dado el visto bueno a un intermediario europeo. También lo ha dado Washington, donde la administración que lidera Donald Trump está demasiado ocupada lidiando con la guerra de Irán como para seguir pendiente de las negociaciones en torno a Ucrania. Pero si ya es complicado que alguien goce de consenso en Bruselas, que cuente además con el beneplácito de Moscú y de Kiev al mismo tiempo convierte la búsqueda en una tarea harto compleja. Con todo, sigue habiendo expertos que no ven con buenos ojos iniciar conversaciones en este punto. El propio Nicolás de Pedro, por ejemplo. “No va a haber ningún acuerdo de paz”, espeta. “Los rusos siguen insistiendo en sus objetivos de máximos y mientras no quieran bajarse de esa burra no veo que haya nada que negociar”, añade. En su opinión, lo que debe hacer Europa es “probar lo que nunca ha probado: la posición de la firmeza y de reforzar la disuasión hacia Rusia”. “Lo que ocurre es que a muchos líderes europeos, algunos de los cuales tienen un ego bastante grande, les molesta que exista una mesa de negociación a la que no han sido invitados”, cuenta. “Por eso ponen tanto el foco en el flash, en lo accesorio, en lugar de ponerlo en lo sustancial”. Su reflexión casa con lo que lamentaba, durante una conversación reciente con este periódico, un diplomático europeo: la creciente importancia de la estética no solo en la política nacional de los distintos países sino, de un tiempo a esta parte, también en la política internacional. Curiosamente, el nombre de Merkel como posible mediadora ha empezado a sonar justo cuando el Parlamento Europeo le ha hecho entrega –junto al exlíder sindical y expresidente polaco Lech Wałęsa y el propio Zelenski– de la Orden Europea al Mérito. Aprovechando el acto, la excanciller alemana hizo un llamamiento a comprometerse con la “paz, la prosperidad y la democracia” en Europa e instó a Bruselas a cumplir sus “promesas a los ciudadanos de nuestros Estados miembros”. “Es una de las grandes figuras políticas europeas de nuestro tiempo”, afirmó poco después de su discurso –en unas declaraciones recogidas por la revista Der Spiegel– el líder del Partido Popular Europeo, Manfred Weber, que es de su mismo partido. “Tuvo que gestionar crisis difíciles”, añadió en referencia a la crisis del euro. Pero una vez hecho el reconocimiento, Weber se permitió deslizar un reproche bastante extendido tanto en Alemania como en otras partes del continente. A saber: que tanto Merkel como su entorno político decidieron posponer durante demasiado tiempo una serie de reformas muy necesarias en materia de política exterior y de seguridad. “Esperábamos más liderazgo y más visión histórica”, concluyó el jefe de los conservadores europeos.
¿El 'triunfal' regreso de Merkel? Tras su candidatura para ser la "susurradora" europea de Putin
El debate en la Unión Europea sobre unas posibles negociaciones con Rusia ha reabierto la discusión sobre el legado geopolítico de la excanciller alemana











