Hannah Spencer lleva un par de meses en el Parlamento británico. La diputada del Partido Verde tiene 34 años, es fontanera de profesión, vive en las afueras de Manchester y, como muchos norteños, sabía poco de la vida en Westminster antes de ganar el escaño. Una de sus primeras sorpresas es cuánto beben sus colegas en el puesto de trabajo.

Spencer es ahora la estrella del partido, después de lograr derrotar en febrero a los laboristas en un escaño que históricamente habían ganado. Uno de los motivos de su victoria en Gorton and Denton, barrios de Manchester, es que era una profesional del lugar y que estaba fuera de la burbuja de Westminster. También es una de las pocas diputadas que tiene una profesión en un oficio manual, algo que ya ha dejado de ser habitual en una cámara llena de abogados y de personas que siempre se han dedicado a la política. Ahora la nueva diputada se ha atrevido a tocar un tabú.

“Me siento verdaderamente incómoda con esto”, dijo Spencer en una entrevista a finales de abril. “Puedes oler el alcohol cuando la gente está entre votaciones”, añadió. Además, señaló que en los bares y restaurantes de Westminster el alcohol es más barato que en los pubs de la calle porque está subsidiado por los contribuyentes. Cada año se gastan millones de libras en mantener esta veintena de locales y estas ayudas rebajan el precio de la comida y la bebida para los diputados y sus invitados. Los diputados pueden tomar pintas por un precio unos dos euros más bajo que la media de Londres.