Durante décadas, las ferias del libro han sido un oasis de lectura, cultura y arte en distintas partes del mundo, pues además de presentar ejemplares de diferentes autores, concentran actividades artísticas para todos los gustos y edades.

Estas surgieron en países como Alemania, Francia, Argentina, México y Colombia, donde editoriales, librerías, editores, ilustradores y autores promovían los libros con el fin principal de venderlos.

En Guatemala comenzaron a replicarse a partir de la aprobación de la Ley de Fomento del Libro, en noviembre de 1989, la cual “declara de utilidad colectiva e interés nacional la creación, producción, edición, distribución y difusión del libro, así como la formación del hábito de lectura entre todos los sectores de la población y los servicios destinados a satisfacerlo”, según se lee en el artículo 1.

Según César Medina, presidente de la Asociación Gremial de Editores de Guatemala, con el paso de los años las ferias del libro han evolucionado en el país, al dejar de ser mesas y estands de venta de libros para convertirse en espacios de promoción y fomento de la lectura.

“¿Cómo podrían los niños o la gente tener acceso a los libros si no es a través de estas ferias del libro, donde no solo vamos a vender libros, sino también vamos a tener actividades que acerquen a los niños y a la población en general a los libros?”, expresa.