La frase “Ecuador, el país de los cuatro mundos” ha sido utilizada frecuentemente como eslogan promocional de mi país y destaca su diversidad geográfica y natural, al aludir concretamente a las cuatro regiones naturales que conforman su geografía: Costa, Sierra, Amazonía y Región Insular (Galápagos).

La idea de este lema promocional es que, en un territorio considerado relativamente pequeño, de 256 mil km², Ecuador concentra “cuatro mundos” distintos en clima, paisajes, biodiversidad y cultura. Sin embargo, reducir a Ecuador únicamente a esos “cuatro mundos” sería quedarse corto. El país es también un mosaico de historias, pueblos, sabores y saberes que trascienden la geografía.

La Costa ecuatoriana es una extensa franja fértil bañada por el océano Pacífico y flanqueada al este por la cordillera de los Andes. Sus playas, sabanas y estuarios han sido históricamente espacios propicios para la generación de riqueza económica, pero también para el desarrollo de culturas ancestrales.

Allí florecieron culturas precolombinas como Valdivia, Chorrera, La Tolita, Manteña y Huancavilca, cuyos vestigios arqueológicos dan testimonio de antiguos intercambios marítimos en el Pacífico. La Costa alberga ciudades pujantes como Guayaquil, Manta, Machala y Esmeraldas, y es también el principal polo agrícola y pesquero del país, con productos emblemáticos de exportación como el banano, el camarón, el atún y el cacao. Este último, juntamente con la concha Spondylus, fue posiblemente uno de los primeros productos intercambiados entre las culturas precolombinas de la costa del Pacífico de Sudamérica y Mesoamérica.