El mundo de la literatura ofrece un universo tan vasto que un lector puede optar por diversos caminos y no solo por las novedades editoriales. Están los clásicos, que siempre nos dicen algo nuevo; así como están los libros que en el momento en que se publicaron no tuvimos la oportunidad de leerlos. O los que nos recomiendan los amigos. O los que tenemos desde hace años en nuestras bibliotecas y esperan ser leídos. O los que nos regalan y etcétera.A veces es el título del libro el que nos llama la atención. En otras ocasiones es al autor o a la autora a quien queremos conocer a través de su escritura. Hay tantos celebrados nombres. Hacía tiempo que deseaba leer una novela de la escritora mexicana Guadalupe Nettel, de quien leí, hace años, algunos cuentos. El pasado abril me adentré en su novela Después del invierno, que en el 2014 ganó el Premio Herralde de Novela.Mientras la leía, en ocasiones pensaba que esta era una obra un tanto anodina, pero al pasar la página o en el siguiente capítulo pensaba que no. Cuando la terminé, concluí que era una novela interesante y, como dicen en mi familia, a su propio aire. Habituados, como habitantes de este tiempo, a lo rápido, a lo truculento o a lo impactante, una obra reposada, con cierto tinte de nostalgia, la percibimos, tal vez, como lenta. Sin embargo, celebro que esta escritora explore otros caminos narrativos.También ensayista y editora, Nettel (Ciudad de México, 1973) ha obtenido a lo largo de su carrera significativos galardones.Aunque son varios los personajes de Después del invierno, Nettel decide darles voz a dos. La historia se cuenta a dos voces. Claudio, un editor cubano residente en Nueva York; y Cecilia, una joven mexicana que estudia literatura en París, son los narradores, quienes aparecen en el libro de manera alternada. Cada uno, en sus respectivos capítulos, cuenta su día a día y esa narración está salpicada de flashbacks que nos permiten saber sus orígenes, su pasado y acaso también sus secretos temores.Claudio, quien trabaja en una editorial, tiene una novia mayor que él. Se llama Ruth, es diseñadora y es la que de algún modo le resuelve la vida, pues es la versión femenina del sugar daddy. Lo que sabemos de ella es a través de la voz prejuiciosa de él. Cecilia, una joven oaxaqueña, solitaria en una ciudad en la que está por estudios, se enamora de su vecino italiano llamado Tom, un joven a quien le gusta visitar los cementerios y padece una grave enfermedad. Cecilia nos muestra París en su cotidianidad, en los lugares que no son necesariamente turísticos.Las historias de Claudio y Cecilia en algún momento se cruzan. Por medio de una amiga en común, se conocen y de inmediato se enamoran. Pero la novela no se centra en aquel romance. El encuentro de los dos personajes protagonistas no es lo que define al libro. La historia profundiza, sobre todo, en aspectos como la enfermedad y el desasosiego que causa, así como en lo que significa migrar y dejar atrás la vida familiar, la casa, el barrio, la gente, para insertarse en otros espacios. Es una obra que nos enfrenta, asimismo, a la experiencia de la muerte. A la soledad, a las pérdidas, al dolor, a las mutilaciones, y a cómo actuamos frente a estas realidades, porque los seres humanos estamos abocados siempre a tomar decisiones.En las páginas de este libro se hallan referencias musicales, literarias, una exploración sobre el habla como identidad; y, sobre todo, está la vida que sucede en el interior de cada uno, en ese espacio al que nadie, salvo uno mismo, puede ingresar. (O)