Antonio Tajani

23/05/2026 a las 19:29h.

Desde que estalló la guerra entre Irán y Estados Unidos, Italia se ha movilizado junto con los socios europeos, el G7 y los organismos multilaterales para facilitar el cese de las hostilidades, asegurar la reapertura del estrecho de Ormuz y devolver estabilidad en Oriente Próximo. En este marco, nuestro país ha manifestado su disponibilidad para participar, una vez terminado el conflicto, en una coalición internacional de carácter defensivo, para devolver la libertad de navegación en el estrecho.

Como he recordado en estas horas interviniendo en Comisión ante el Parlamento italiano, para nuestro Gobierno el bloqueo de Ormuz no representa una simple crisis regional, sino un choque global destinado a repercutir en la seguridad energética, en la competitividad industrial y en los equilibrios económicos internacionales. Un riesgo especialmente relevante para todos los países de la región, pero también para un país exportador como Italia, cuyas exportaciones representan alrededor del 40 por ciento del PIB.

El estrecho de Ormuz, como sabemos, es un nudo estratégico del comercio mundial: por ese pasaje transita casi el 20 por ciento del petróleo global, una cuarta parte de las exportaciones de gas natural licuado y una cuota relevante de las materias primas necesarias alas cadenas de producción internacionales. La inseguridad de las rutas comerciales y el encarecimiento de la energía ya han empezado a producir efectos sobre las familias y las empresas europeas. A pesar de la desaceleración del comercio global y el impacto de los aranceles, en 2025 las exportaciones italianas crecieron igualmente un 3,3 por ciento, confirmando como la estabilidad de las rutas marítimas es fundamental para la economía nacional.