El otro día estaba en el kiosco de la esquina cuando escuché la frase. Un chico, no más de doce o trece años, le decía a su amigo “tengo dos Messi repetidos, te las cambio por la difícil”. Hablaban con la solemnidad de dos diplomáticos cerrando un tratado. Atrás, una fila de adultos esperaba para comprar paquetes. Una señora se llevó cinco. El kiosquero me miró y dijo que no las podía tener guardadas, que volaban. Tengo que confesar algo que me cuesta admitir. No siento la fiebre mundialista. Cuando todo el país se pone celeste y blanco yo me siento un poco fuera de cuadro. Pero algo en la locura del álbum me obliga a frenar. Hace años que colecciono cartas de Pokémon y Magic: The Gathering, así que la escena del kiosco me sonó conocida desde otro lugar. Los números ayudan a dimensionar la cosa. El álbum del Mundial 2026 trae 980 figuritas, contra las 638 de Qatar. El ejemplar sale unos 15 mil pesos y cada sobre de siete figuritas vale dos mil. Para completarlo sin repetidas hace falta un mínimo de 295 mil pesos. Las estimaciones de probabilidad calculan que un coleccionista que no intercambia puede terminar gastando más de 2 millones de pesos. Más de dos palos. Por un álbum.

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