Cada Mundial de Fútbol trae consigo una liturgia que se repite desde hace décadas y que atraviesa edades, clases sociales y generaciones: la fiebre por las figuritas. El ritual de comprar sobres, abrirlos con ansiedad, buscar la difícil, intercambiar repetidas y pegar cuidadosamente cada imagen en el álbum vuelve a instalarse con fuerza de cara al Mundial 2026. Aunque podría parecer apenas un juego o una moda pasajera, detrás de las figuritas existe un fenómeno emocional, psicológico y social mucho más profundo. Así lo explicaron Charo Maroño, doctora en Psicología, integrante del Depto. de Niños y Adolescentes de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), y Ricardo Rubinstein, médico Psicoanalista, autor del libro “Deportes al Diván”, también integrante de APA, quienes analizaron por qué tanto chicos como adultos se involucran intensamente con la experiencia de coleccionar y completar un álbum mundialista.
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Para Maroño, una de las claves está en la emoción que genera la expectativa. “Hay algo del orden de la excitación, de los nervios, de esa energía que produce abrir un sobre sin saber qué te va a tocar”, explicó. Esa incertidumbre activa emociones inmediatas: alegría cuando aparece la figurita buscada y decepción cuando no sucede. Sin embargo, detrás del juego aparece también una cuestión simbólica más profunda. “Completar el álbum representa, de alguna manera, la idea de llenar algo que está vacío. Habla de cierta fantasía de completud, de lograr tener todo”, sostuvo la especialista desde una mirada psicoanalítica. La lógica del álbum funciona entonces como una metáfora emocional: avanzar casillero por casillero hasta alcanzar un objetivo concreto. Para muchos chicos, ese proceso también implica aprendizaje y organización. Ordenar las figuritas, pegarlas correctamente, marcar las que faltan y administrar intercambios favorece conductas vinculadas a la meticulosidad y la paciencia. Pero el fenómeno no se queda en lo individual. El Mundial de Qatar 2022 dejó imágenes que probablemente volverán a repetirse en 2026: plazas llenas de chicos y adultos intercambiando figuritas, grupos organizados en escuelas, clubes y hasta oficinas de trabajo hablando el mismo idioma. “Late, late”, “difícil”, “repe”, forman parte de un código cultural que se reactiva cada cuatro años. Para la psicóloga, autora del libro “Un nuevo transitar ante el espejo”, remarcó especialmente ese aspecto social. “Promueve el intercambio y la interacción. Los chicos se juntan y negocian qué tienen y qué necesitan. Se arma una dinámica colectiva muy fuerte”, señaló. Ricardo Rubinstein coincidió en que las figuritas representan una puerta de entrada a un universo más amplio. “A los chicos los introduce en algo que trasciende lo familiar o escolar. Los hace sentir parte de una épica futbolística mundial”, explicó. Según el psicoanalista, el álbum permite que los chicos se sientan incluidos en una experiencia colectiva global. “Es una manera de pertenecer a algo más grande que ellos mismos”, afirmó. El proceso, además, construye hábitos y experiencias emocionales importantes. Rubinstein destacó el valor de la espera. “No tendría gracia comprar el álbum y llenarlo en un día. Lo importante es el ritual: abrir el sobre, descubrir qué tocó, organizar las figuritas y completar el álbum poco a poco”, indicó. Esa construcción gradual también fortalece vínculos sociales. Las figuritas generan espacios de encuentro y negociación donde aparecen reglas, lenguaje propio y formas de intercambio. “Los chicos socializan, aprenden a compartir, a negociar y a participar”, agregó. Incluso los juegos paralelos sobreviven al paso del tiempo. Rubinstein recordó clásicos como “el espejito” o “el puchero”, mientras hoy resurgen variantes como “el chupi”, jugado por nuevas generaciones. El álbum deja entonces de ser solamente una colección para transformarse en una experiencia cultural compartida. Pero el fenómeno no termina en la infancia. Los adultos viven el Mundial de las figuritas con una intensidad similar, aunque atravesada por otros componentes emocionales. “En los grandes aparece mucho la nostalgia”, explicó Rubinstein. “Los álbumes tienen una enorme carga afectiva porque remiten a distintos momentos de la vida: el Mundial 78, quién estaba, qué se hacía en casa, recuerdos de padres, abuelos o amigos”. Las figuritas funcionan como una máquina emocional del tiempo. Cada álbum puede convertirse en un archivo íntimo de recuerdos familiares y experiencias compartidas. Muchos padres y abuelos vuelven a comprar sobres no solo para sus hijos o nietos, sino también para reencontrarse con una parte de su propia historia. En esa experiencia aparece además la transmisión generacional. Adultos y chicos comparten una misma pasión, negocian figuritas, recuerdan jugadores y construyen momentos cotidianos alrededor del álbum. Maroño sumó otra mirada interesante: la relación simbólica con los ídolos. “La figurita difícil representa aquello que uno anhela tener. Puede funcionar como una forma de cercanía con esa figura idealizada”, explicó. Tener la figurita de Lionel Messi, por ejemplo, puede generar la sensación emocional de aproximarse al ídolo, de tocar algo de ese universo admirado. La “difícil” también encierra una lógica de conquista. Conseguirla implica paciencia, espera y cierta sensación de triunfo personal. Por eso la obtención de algunas figuritas se vive casi como una victoria. En tiempos dominados por las pantallas y la inmediatez digital, el álbum del Mundial conserva algo artesanal y emocional que sigue vigente. Obliga a esperar, salir a buscar, encontrarse con otros y construir una experiencia física y compartida. Campaña mundialista para la adopción de perros La Municipalidad de Salta y el Centro de Adopciones Matías Nicolás Mancilla lanzaron una ingeniosa campaña mundialista que ya es furor. A través de un álbum de figuritas virtual, presentan a los perros que esperan ser adoptados. La propuesta busca conectar a los vecinos con sus futuros compañeros. Cada figurita incluye la fotografía del animal, su nombre, edad y tamaño, permitiendo conocer sus características principales de forma visual. Para sumar creatividad, las instituciones organizaron a los perros en distintos equipos según sus perfiles. Esta estrategia permite identificar rápidamente al integrante ideal para cada hogar. La respuesta de la comunidad fue inmediata y las redes sociales se llenaron de comentarios positivos y consultas por adopción. “Capaz entre estas figuritas está ese compañero que te cambiará la vida”, expresaron desde la organización local. El objetivo es descomprimir la ocupación del centro sanitario. Actualmente, el refugio se encuentra al límite de su capacidad operativa, con sus 70 caniles totalmente ocupados por animales rescatados. Profesionales veterinarios y voluntarios de la Subsecretaría de Bienestar Animal trabajan diariamente brindando atención gratuita.












