Lejos de ablandarse como consecuencia de la amenaza de una nueva ofensiva estadounidense e israelí y cuando se cumplen cinco meses desde el inicio de las últimas y masivas movilizaciones antigubernamentales, el régimen de los ayatolás —en manos de los temibles Cuerpos de la Guardia Revolucionaria, la unidad de élite e ideológica de las Fuerzas Armadas iraníes— sigue optando por la represión interna a fin de evitar nuevas amenazas a su supervivencia política.La voluntad de la Administración Trump por llegar a un acuerdo con Teherán —y su renuncia al cambio de régimen— que ponga fin definitivo a la contienda —en las últimas horas se especula con la posibilidad de que sea cuestión de horas o días— hace respirar a unas autoridades iraníes que han sufrido importantes pérdidas en su cúpula política y militar, empezando por la desaparición del que fuera hasta el pasado 28 de febrero su líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, y graves daños en sus infraestructuras y capacidades militares y energéticas. A pesar del balance triunfalista del presidente estadounidense, informes recientes de la Inteligencia de su país apuntan a que las fuerzas armadas iraníes han recuperado el acceso a la mayoría de sus emplazamientos de misiles, lanzaderas e instalaciones subterráneas, como reportaba esta semana The New York Times.Tras emplearse a fondo durante el mes de enero para sofocar las mayores protestas antigubernamentales de los últimos años —dejando varios miles de muertos—, un levantamiento iniciado por comerciantes del Gran Bazar de Teherán convertido rápidamente en una impugnación general del régimen nacido de la revolución de 1979, los mandos actuales de la República Islámica siguen usando el mismo manual de actuación: despliegue de las fuerzas de seguridad en las calles, duras condenas y ejecuciones de disidentes y aislamiento del mundo (la semana que viene el apagón de Internet cumplirá tres meses).Los mandos actuales de la República Islámica siguen usando el mismo manual de actuación: fuerzas de seguridad en las calles, duras condenas y ejecuciones de disidentesEl malestar, en medio de un rápido deterioro de la situación económica —a la mala situación que venía gestándose en los dos últimos años hay que añadir los efectos de la contienda—, está lejos de haberse disipado, pero la guerra, por un lado, y la memoria de la actuación de las fuerzas de seguridad y paramilitares del régimen en Teherán y otras ciudades del país, por otro, hacen imposibles, a día de hoy, nuevas manifestaciones públicas de oposición en las calles de las ciudades del país de Asia Central.Así las cosas, la condena a muerte sigue siendo el más cruel y ejemplarizante de los castigos, como son más conscientes las autoridades iraníes. Así, Naciones Unidas asegura haber verificado la ejecución de al menos 32 presos políticos y de conciencia desde el estallido de la contienda el pasado 28 de febrero. La cifra representa para la ONU un aumento masivo, toda vez que en todo 2025 se computaron un total de 45 ejecuciones por motivos políticos. Por su parte, la entidad Human Rights Activists (HRA), con sede en Estados Unidos, documentó un total de 50 ejecuciones globales entre el 28 de febrero y el 13 de mayo, precisando que 32 de ellas correspondieron a presos por causas políticas y de seguridad.Entre los motivos que han justificado las condenas a muerte, además de la participación en las masivas protestas del pasado mes de enero o la pertenencia a grupos de oposición en el exilio, se añade el del espionaje para Israel o Estados Unidos. “De acuerdo con la asociación de derechos humanos HRANA, las ejecuciones de tipo político o de seguridad en Irán representan el 71% del total desde que Estados Unidos lanzó sus ataques. Al menos 16 individuos que han sido detenidos durante las protestas han sido condenados a muerte. En general, podemos esperar un recrudecimiento de la represión de la disidencia usando el ataque estadounidense como justificación”, afirma desde Bruselas a 20minutos el consultor independiente en derechos humanos Diego Naranjo.Podemos esperar un recrudecimiento de la represión de la disidencia usando el ataque estadounidense como justificación“Con el inicio de la guerra, el régimen intensificó su política represiva contra su propio pueblo ante el temor de que este pudiera aprovechar la situación para emprender la lucha para derrocarlo. La República Islámica emplea la guerra como pretexto para llevar a cabo más represión en las cárceles y eliminar al mayor número posible de presos políticos basándose en acusaciones falsas como espionaje para el enemigo”, recuerda la presidenta de la Asociación Iraní pro Derechos Humanos en España, Fariba Ehsan.“El pasado día 7 de abril, Mohseni Ejeii, jefe del Poder Judicial iraní, dio instrucciones claras a los jueces y fiscales para que aceleraran las sentencias de muerte de los ‘agentes del enemigo’”, explica a 20minutos la activista residente en Madrid, quien asegura que “el régimen utiliza la práctica de las ejecuciones como una herramienta para extender temor entre la población y así evitar posibles protestas populares. Irán ostenta el récord mundial del número de ejecuciones practicadas por un gobierno”.El reciente ingreso en un hospital iraní como consecuencia del empeoramiento de su estado de salud de la premio Nobel de la Paz 2023 Narges Mohammadi —quien acumula múltiples sentencias que superan en total los 44 años de prisión por cargos como como “conspiración contra el sistema”, “propaganda contra el Estado” y “reunión y colusión”- ponía recientemente en el foco la situación de los presos políticos en la República Islámica.En este sentido, la presidenta de la Asociación Iraní pro Derechos Humanos en España llama a no olvidar otros casos de presos menos mediáticos de detenidos, como los de la abogada y activista en favor de los derechos humanos Nasrin Sotoudeh, la activista en pro de los derechos de las mujeres Fatemeh Sepehri —también con salud precaria—, o del estudiante y medallista en las Olimpiadas Internacionales de Astronomía y Astrofísica, quien recientemente rechazaba el perdón concedido por las autoridades iraníes.Por su parte, en una línea similar la psicoterapeuta y activista iraní residente en España Mediss Tavakkoli recuerda a 20minutos que “el régimen siempre ha mantenido la represión mediante arrestos masivos y ejecuciones tras cada protesta”. “Después de las manifestaciones de enero pasado y en medio de la guerra, estas medidas se han agravado”, añade.Los crímenes que se cometen en Irán a nadie importan, porque los derechos humanos son solo una formalidad y una figura decorativa para el mundo“Actualmente en Irán hay cientos de detenidos menores de 18 años. Los crímenes que se cometen en Irán a nadie importan, porque los derechos humanos son solo una formalidad y una figura decorativa para el mundo”, lamenta la joven, que ha sufrido amenazas de las autoridades de su país por su actividad en pro de los derechos de las mujeres y las libertades políticas, y lamenta que el previsible fin de la guerra acabe por retirar a Irán del foco de la atención mundial.CFPPI: 366 personas pueden ser ejecutadasTodo apunta a que las próximas semanas y meses seguirán produciéndose ejecuciones masivas. Desde la Campaña para la Liberación de los Presos Políticos en Irán (CFPPI, por sus siglas en inglés), entidad con base operativa en Canadá y Reino Unido, se denuncia las dramáticas realidades que viven los presos en los centros penitenciarios de todo el país. Actualizado al 17 de mayo, la CFPPI ha hecho público un listado con las identidades de los 366 individuos (66 mujeres y 300 hombres) que serán ejecutados o se encuentran en peligro de ser condenados a muerte en Irán a fin de tratar de detener el horror.La lista de las 366 personas en peligro de ser ejecutadas o condenadas a muerte por Irán. Descargar La portavoz de la entidad y ex presa política, Shiva Mahbobi, asegura a 20minutos que “el objetivo del régimen es infundir miedo en la gente para evitar un nuevo levantamiento como el que hubo a comienzos de año”. “Aunque no hay en estos momentos manifestaciones en las calles del país, no es cierto que los iraníes hayan dejado de quejarse del gobierno. Las condiciones de vida han seguido empeorando y en la memoria de todos están los miles de muertos de enero. Las autoridades iraníes luchan a la vez contra EEUU e Israel, pero también contra su propio pueblo”, afirma a este medio la activista exiliada, quien lamenta la indiferencia de cancillerías y sociedades en Occidente ante la realidad cotidiana de los iraníes bajo el régimen teocrático.La última campaña de la CFPPI pone el foco en las condiciones de las cárceles de la República Islámica, las cuales, según la entidad, son objeto de una campaña deliberada de abandono sanitario. En concreto, el colectivo denunciaba la semana pasada la realidad que se vive en la cárcel del Gran Teherán (conocida también como de Fashafouyeh) tras la detección de un brote de sarna entre los presos.Según la entidad en pro de la liberación de los presos políticos en Irán, el brote se encuentra en estos momentos descontrolado a resultas de la falta de medios sanitarios y las pésimas condiciones de higiene existentes en el centro penitenciario, con capacidad oficial para unos 15.000 internos. “El régimen ha desplegado una nueva táctica: privar de manera sistemática de asistencia sanitaria, incluidos medicamentos, a los presos, aunque es, por desgracia, una estrategia que ya hemos visto antes”, dice Mahbobi.Irán representó el 80% de las ejecuciones en 2025Si las ejecuciones no han dejado de producirse en los primeros meses de 2026, el anterior año fue especialmente negro en este capítulo en Irán y en todo el mundo. Un reciente informe de Amnistía Internacional da cuenta de que las ejecuciones aumentaron un 78% en todo el planeta —hasta sumar un total de 2.707 muertes por pena capital—, la cifra más alta registrada por la entidad no gubernamental en 44 años.Irán, no casualmente, marcó la diferencia al duplicar el año pasado el número de ejecuciones. La República Islámica representa, según Amnistía —que en este caso no distingue entre ejecuciones vinculadas a razones políticas o de conciencia—, nada menos que el 80% del total de estas muertes, con 2.159: un récord en décadas para el régimen teocrático nacido en 1979.Capítulo aparte merece el balance de lo ocurrido durante el pasado mes de enero. Como consecuencia de la acción de las fuerzas de seguridad iraníes contra los promotores y participantes en las protestas de enero, miles de personas perecieron en las calles o ejecutadas tras juicios sumarísimos, y varias decenas de miles más fueron detenidas. Las cifras, en todo caso, difieren enormemente entre las ofrecidas por las autoridades iraníes y organizaciones no gubernamentales, y también de una ONG a otra.Según HRANA, que tiene su sede en Estados Unidos, al menos 7.015 personas —6.488 manifestantes, 236 niños y 76 civiles no manifestantes— murieron como consecuencia de la violencia de las fuerzas de seguridad. La entidad mantiene, además, otros 11.744 casos adicionales bajo investigación. Por su parte, la ONG Iran Human Rights (IHR), cuya sede se encuentra en Oslo, reportó un mínimo verificado de 3.428 manifestantes asesinados. Sus fuentes médicas del Ministerio de Salud aseguran que solo entre el 8 y el 12 de enero murieron unas 3.500 personas (incluyendo fuerzas estatales).