AnálisisEl presidente de la CAF dice que es hora de volver a poner la palabra integración en el léxico de los gobernantes de América Latina.'América Latina y el Caribe tiene que pasar del qué al cómo: de los consensos generales a las decisiones concretas, de la aspiración integracionista a la ejecución', dice Sergio Díaz-Granados. Foto: iStock24.05.2026 00:24 Actualizado: 24.05.2026 00:24

Dentro de pocas semanas, para ser precisos el próximo 22 de junio, se cumplirán 200 años del inicio del Congreso Anfictiónico que tuvo lugar en el convento de San Francisco en ciudad de Panamá. Convocada por Simón Bolívar con el propósito de impulsar la unidad de los pueblos del hemisferio, la cita se caracterizó por disensos y ausencias que hicieron difíciles las deliberaciones, las cuales concluyeron veinte días después.Al final los delegados aprobaron el “Tratado magnífico, titulado de la Unión, de la Liga y de la Confederación perpetua”, que solo sería ratificado por la Gran Colombia unos meses más tarde y cuyo contenido fue calificado de impráctico. A pesar de la frustración de lo que sería descrito por el propio Libertador como un intento fallido, el esfuerzo puso de presente el sueño de acercar a los pueblos de las Américas.Han sido incontables los intentos de alimentar ese anhelo desde entonces. Numerosos esquemas de carácter regional y subregional muestran un balance variopinto que comprende algunos avances y no pocos tropiezos. LEA TAMBIÉN Aún así, no tengo duda de que hay que seguir persistiendo en el propósito de acercarnos mucho más. Ese es el objetivo fundacional de CAF, el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, que nació hace más de medio siglo cuando un grupo de visionarios suscribió el acuerdo de Cartagena, que le daría paso al Grupo Andino.Uno de ellos fue el presidente de Colombia de aquel entonces, Carlos Lleras Restrepo, cuyas palabras no han perdido vigencia. “La integración es el camino, la integración es el destino, la integración es el espíritu”, afirmó en un discurso pronunciado hace casi seis décadas.En medio de un panorama global marcado por la incertidumbre –donde la velocidad de los cambios a menudo supera la capacidad de adaptación–, ese postulado se renueva con un sentido de urgencia, y le traza a la entidad a mi cargo un mandato contundente.Este no es otro que el de trabajar con más ahínco por la integración, para cerrar brechas y combatir la pobreza; para jalonar progreso, desarrollo y prosperidad; para potenciar el comercio, generar empleo y enfrentar la informalidad; para afrontar la triple transición: verde, digital y energética; al igual que para proteger ecosistemas estratégicos.Y, desde luego, integración para defender los valores democráticos que sostienen el espíritu de convivencia, la libertad y nuestro futuro compartido. LEA TAMBIÉN Sergio Díaz-Granados, presidente de la CAF. Foto:CAFRazones de pesoLas turbulencias financieras, las tensiones geopolíticas, la fragmentación del comercio y la incertidumbre ya no son episodios pasajeros en el mundo. Forman parte de una nueva normalidad.Frente a ese escenario, América Latina y el Caribe tiene que pasar del qué al cómo: de los consensos generales a las decisiones concretas, de la aspiración integracionista a la ejecución. Por eso insisto en que la integración ya no es solo una opción deseable ni una consigna histórica. Es un imperativo de desarrollo, competitividad y posicionamiento global.El desafío está en lo que todavía no hemos logrado conectar. Hablamos de autopistas, corredores logísticos, puertos, pasos de frontera, grandes obras de infraestructura. También de inversiones prioritarias en agua, educación, salud y protección social.Hay lecciones claras de las experiencias internacionales. Europa entendió hace 70 años que la integración debía apoyarse en sectores estratégicos, concretos y productivos. El Tratado del Carbón y del Acero convirtió intereses compartidos en estabilidad, escala y futuro común.América Latina y el Caribe necesita avanzar con ese mismo sentido práctico. Eso implica menos fragmentación y más proyectos, más infraestructura, más financiamiento coordinado y más resultados.Nuestra región tiene lo que el mundo necesita: alimentos, energía, agua, biodiversidad, minerales críticos, talento joven, capacidad empresarial y una posición geográfica privilegiada. Pero ese potencial no se libera solo. Para convertirlo en progreso, empleo, productividad y bienestar, requerimos integración efectiva. LEA TAMBIÉN Foto:Imagen de referencia iStock.Camino recorridoNo estamos partiendo de ceros. América Latina y el Caribe tiene avances concretos, capacidades acumuladas y experiencias valiosas sobre las cuales construir una agenda más ambiciosa.Me refiero a seis ejes específicos. El primero es el comercio. A este respecto la región ha edificado una base institucional importante. Desde los años 90, los países redujeron de manera significativa sus aranceles, ampliaron sus acuerdos comerciales y hoy una parte mayoritaria del intercambio regional se realiza bajo esquemas preferenciales.En segundo término, destaco la energía. Esta parte del globo tiene una ventaja estratégica: contamos con una de las matrices de generación más limpias del mundo y un potencial extraordinario para profundizar la integración. América Central, por ejemplo, ya ha demostrado que es posible construir mercados eléctricos regionales con reglas, institucionalidad e infraestructura compartida.Logística es el tercer punto en el cual también hay avances que vale la pena destacar. Varias naciones del área han mejorado sus capacidades en infraestructura, aduanas y facilitación comercial. Además, los volúmenes de carga ya superaron los niveles prepandemia en lo que corresponde a contenedores, mientras proyectos como el megapuerto de Chancay en Perú, la Hidrovía Paraguay-Paraná, el Corredor Bioceánico que va desde Brasil hasta Chile y numerosos pasos fronterizos modernizados muestran que la integración física está entrando en una nueva etapa. Así seguimos avanzando hacia corredores multimodales, plataformas digitales aduaneras y soluciones logísticas más sostenibles.Como cuarto elemento a resaltar está la conectividad digital. La construcción y expansión de centros de datos, los cables submarinos, las redes de fibra óptica y los servicios digitales avanzados están cambiando la forma en que nos conectamos con el mundo. Destacaría aquí proyectos como el Cable Humboldt, el Cable Firmina, los grandes corredores de fibra y los hubs digitales en Brasil, México y Chile.No puedo dejar de mencionar como quinto factor la movilidad de personas. Los flujos migratorios han llevado a muchos latinoamericanos y caribeños a moverse a otro país dentro de la misma región. Los cálculos hablan de 15 millones de individuos que hoy residen en una nación del área distinta de aquella que los vio nacer, lo cual abre un sin número de posibilidades.Esto conecta con el último eje, que es el turismo. Las llegadas internacionales ya superaron los niveles prepandemia en las Américas, algo en lo cual la conectividad aérea intrarregional ha sido decisiva. Junto a ello, el turismo sostenible se consolida como una oportunidad de desarrollo territorial.Por eso y sin pecar de excesivo optimismo destaco que contamos con acuerdos, infraestructura que nos une, mercados, corredores, rutas, instituciones y experiencias exitosas. La clave es darles escala y dirección estratégica. Y, por supuesto, resolver los cuellos de botella. LEA TAMBIÉN Foto:iStockLo que faltaAun así, la tarea no está completa. América Latina y el Caribe invierte por debajo de lo necesario para cerrar sus brechas de infraestructura, consolidar corredores de integración y fortalecer su competitividad.A lo anterior se suma una vulnerabilidad climática creciente, que afecta carreteras, pasos fronterizos, puertos, redes eléctricas y activos estratégicos. Por eso, integrar también significa construir resiliencia.No solo eso. La lista de pendientes es larga porque nos hemos quedado atrás en varios campos. Por ejemplo, en comercio, el reto es convertir la apertura en competitividad real. Acuerdos como el de Mercosur con la Unión Europea abren una oportunidad enorme, pero sus beneficios no serán automáticos.Muchos de nuestros países les dan facilidades a sus homólogos en la región, pero en la práctica enfrentan múltiples obstáculos, ya sea para venderle al vecino o para abrir mercados lejanos. La región requiere reducir costos de transporte, modernizar infraestructura, fortalecer la facilitación comercial, mejorar trazabilidad y elevar estándares sanitarios y fitosanitarios.También será clave desarrollar proveedores, atraer inversión, innovar y escalar capacidades productivas. Nada de eso es fácil ni rápido, pero en otras geografías acabó siendo posible a punta de voluntad y persistencia.Ya que toco el tema, es menester decir que, en logística, el obstáculo sigue siendo claro: mover bienes en la región todavía cuesta demasiado. La dependencia excesiva del transporte por carretera, la baja participación ferroviaria y fluvial, las demoras fronterizas y la limitada multimodalidad nos restan competitividad.Por su parte, la infraestructura debe entenderse como habilitador de oportunidades. Esto implica conectar mejor las ciudades, las zonas campesinas y los territorios fronterizos. En el mundo rural, resulta clave mejorar caminos terciarios y redes de acceso que acerquen personas, bienes y servicios.Tampoco puedo pasar por alto que, en energía, la región tiene una oportunidad estratégica para desarrollarse, pero necesita más instalaciones y mejores reglas.También se requieren marcos regulatorios confiables, mecanismos de solución de controversias y condiciones que den certeza a países, empresas e inversionistas.Dado el salto tecnológico que hemos observado, es posible hacer mucho en conectividad digital, en donde la gran oportunidad está en reducir fricciones. La digitalización aduanera, la interoperabilidad de plataformas y los puertos digitales pueden acelerar el comercio intrarregional y mejorar la posición de la región frente a la relocalización de plantas.Y no puede olvidarse lo que falta en mercados financieros. Aquí la región está obligada a superar una restricción estructural: baja profundidad financiera, mercados de capital poco desarrollados, alta concentración en la banca tradicional y divergencias regulatorias que encarecen las operaciones transfronterizas.Sobrepasar esas barreras es indispensable para movilizar ahorro regional, ampliar el crédito de largo plazo, atraer inversión y financiar infraestructura. Contar con sistemas de pago interoperables, mercados más profundos y marcos regulatorios más convergentes puede convertirse en una ventaja decisiva LEA TAMBIÉN Foto:Agencia Nacional de InfraestructuraDel dicho al hechoSin desconocer el camino que hemos recorrido, no tengo duda de que el mensaje de fondo es claro: la integración regional ya tiene avances, pero ahora necesita entrar en una fase de ejecución más ambiciosa. Esta consiste en menos barreras, más infraestructura. Menos diagnósticos y más proyectos.Pasar de promesas a realizaciones exige recursos y capacidad de ejecución. En lo que corresponde a CAF, de ahora hasta 2031 estamos asumiendo un compromiso claro: vamos a movilizar al menos 10.000 millones de dólares para financiar proyectos de integración en toda la región.Se trata de iniciativas de alto impacto para impulsar una integración efectiva y sostenida en el tiempo. Estas comprenden la ampliación de aeropuertos regionales en Colombia y el aumento de capacidades en radares por 300 millones de dólares, al igual que la construcción de nuevo aeropuerto para El Salvador por 350 millones de dólares, para solo nombrar un par.Fuera de prestar dinero, nos corresponde apoyar en la estructuración de proyectos, algo que ya hacemos de manera importante. En materia de cooperación técnica, entre 2021 y 2025 aprobamos 408 operaciones por más de 160 millones de dólares para emprendimientos relacionados con la integración regional. Ahora, para los próximos cinco años, aspiramos aumentar esa cifra en al menos 50 por ciento, contabilizando recursos propios y recursos de terceros.Somos conscientes de que los montos que mencioné constituyen una fracción de lo que se necesita para demoler las barreras que les impiden a nuestros países acercarse como es debido. Tengo claro igualmente que hay distanciamientos de otro orden que dificultan ponernos de acuerdo.No obstante, hay que dar pasos en la dirección correcta. Uno de ellos es el de volver a poner la palabra integración en el léxico de nuestros gobernantes, para que podamos volver a soñar con un propósito común. Solo así, la quimera de Bolívar que desembocó en el Congreso Anfictiónico de Panamá dos siglos atrás llegará a tener alguna posibilidad de convertirse en realidad en un futuro, ojalá no muy lejano.(*) Presidente ejecutivo de CAF, Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe. Fue reelegido para un segundo mandato de cinco años (2026-2031) al frente de la institución. Sigue toda la información de Economía en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.