Henry Kissinger le criticaba a Bill Clinton cuando era presidente, sobre todo en la guerra de los Balcanes, que el demócrata era un dirigente formado en la era de la televisión y que, por lo tanto, tomaba decisiones de política exterior influenciado por las imágenes. El ex secretario de estado concluía que así perdía el foco estratégico de las cuestiones. Si lo viese al Milei de hoy sumergido en X, diría algo semejante. El primer mandatario tiene todo el derecho del mundo a pensar que existe una divergencia grande entre el Boletín Oficial y los medios masivos, pero esas son las reglas del juego: existen medios de todo tipo y color, que pueden influir más o menos sobre la opinión pública, pero es lo que hay. Si un líder se queja de esto, todo el tiempo le costará interpretar que la realidad final es una conjunción complicada de los factores mencionados. Todos los líderes sienten en algún momento que la percepción es injusta con ciertos datos objetivos. Por ejemplo, esta semana fue pletórica de buenas noticias económicas: sigue la acelerada acumulación de reservas (ya compró el 90 % del piso de 10.000 millones que se propuso para el año), se detectó una recuperación económica fuerte en marzo según el EMAE del Indec, creció el índice de confianza del consumidor de la Universidad Di Tella luego de tres meses de caída, hay excelentes números en el comercio exterior y anunció una nueva baja de retenciones a las exportaciones de granos. Pero claro, esas no fueron todas las novedades de los últimos 7 días: el consumo masivo -los supermercados- siguen en retroceso y continúa hacia arriba la morosidad en los créditos. Por otro lado, el gobierno sigue anotándose éxitos en el parlamento. Esta semana fueron 3 en Diputados, signo de que el sistema de alianzas con los dialoguistas por ahora resiste, pese a los sufrimientos de los gobernadores. Con todo este cúmulo de datos alentadores económicos y políticos, ¿por qué persiste la disonancia entre percepción y realidad? Sobre esto hay, por lo menos, dos respuestas: 1) la realidad es heterogénea -como lo reconocen los propios funcionarios como Bausili- y 2) la batalla por la percepción no se gana citando estadísticas, como nos apuntó el gran George Lakoff hace 22 años. Para decirlo en términos maradonianos, percepción mata estadísticas (o relato mata dato, lamento decirlo).
Los marcianos y el Boletín Oficial
Milei exhibe logros económicos y parlamentarios, pero la crisis política y el malhumor social erosionan la percepción pública.










