Por aquí y por allá proliferan libros, cursos y charlas que tienen al estoicismo como gran reclamo: estoicismo para afrontar las adversidades personales, para superar una ruptura, para mejorar el rendimiento profesional o para sortear el estrés empresarial… Estoicismo para lo que haga falta, estoicismo como la fórmula mágica que hace que cualquier problema deje de sentirse como eso, como un problema.
Puestos a ir a buscar a la Antigüedad soluciones filosóficas para malestares posmodernos, bien podríamos habernos fijado en los sofistas. Aquellos artistas del palabreo fueron expertos en opinar sobre cualquier asunto, en sofisticar la retórica a conveniencia y en sacar rédito a la idea de que la realidad es lo que el interés personal quiere que sea, características todas ellas muy de nuestro tiempo. Pero no, ha sido el estoicismo el que ha aportado la base para una de las filosofías de moda.
¿Por qué el estoicismo?
El estoicismo es una doctrina filosófica que busca fortalecernos anímicamente para afrontar mejor las acometidas del mundo exterior y, como hoy sentimos que el mundo es especialmente hostil, tiene todo el sentido pensar que esta es la razón que explica su éxito. El credo estoico también propugna otras metas, como por ejemplo desarrollar una vida virtuosa que ayude a la humanidad a sentir que el mundo es su hogar común, pero aquello por lo que más se lo conoce es porque trata de reducir el sufrimiento interior. Si hoy la sensación de crisis es transversal y, además, roza lo apocalíptico, ¿por qué no echar mano de una filosofía indicadísima para momentos de crisis?














