¿Qué maldición cargará encima Keiko Fujimori para que repita en cada elección el mismo papelón? En el 2011, Jorge Trelles inmortalizó “nosotros matamos menos” en una entrevista que hoy se usa como material educativo de lo que no se debe hacer. En el 2016, fueron las acusaciones contra Joaquín Ramírez y un audio vilmente editado que probó exactamente lo contrario a lo que sus editores querían probar. En el 2021, consiguieron tener a todos a raya, pero en este 2026, de donde menos se esperaba, surgió el candidato a la vicepresidencia y senador electo, Miguel Torres. Coincidentemente, un 20 de mayo, igual que Trelles. Es decir, en la recta final de la carrera. Para cualquiera que siga la política peruana es notorio el papel de Torres en el fujimorismo. Compañero de clase de Kenji Fujimori en el Colegio Recoleta, hijo del congresista y abogado personal de Alberto Fujimori, Carlos Torres y Torres Lara, Miki para los amigos, siguió sus pasos como abogado de la familia. Como lo han referido los cercanos**,** ha sido un “Consiglieri” familiar. Desde armar y desarmar personas jurídicas para la familia en negocios como Limasa, hasta negociar con todas las familias políticas: los Acuña, los Luna, los Cerrón, en dupla con Luis Galarreta. Todos pueden recordarlo recriminando a Kenji (“tus sobrinas van a visitar a tu hermana en la cárcel”, anticipaba) en una esquina del hemiciclo la noche que salvaron de la vacancia a Kuczynski o cargando el papel higiénico en la puerta de la prefectura meses más tarde. Es, pues, una persona de la absoluta confianza de Keiko Fujimori, parte del círculo íntimo, cuyo consejo legal y político es apreciado. En la entrevista del jueves se le notaba sobrado, con muchas ganas de jactarse del triunfo de un proyecto personal. Proyecto que, por esas ingratitudes del destino**,** nadie había sabido reconocerle. En resumen, Pedro Castillo no fue vacado por dar un golpe de Estado. Nada de eso. Lo que tuvimos en el Perú fue una “gesta de contención”. Usar la palabra gesta no es casual. Alude al heroísmo (no reconocido) de quienes derrocaron a Pedro Castillo, quien con su golpe de Estado solo “contribuyó con un granito de arena”. Dijo textualmente esto: “Sacar al señor Castillo no fue sencillo. Van a decir que se sacó solo. No fue así. Los periodistas lo hicieron, el Congreso también lo hizo, el Ministerio Público también lo hizo. Fue verdaderamente una suma de esfuerzos para que este señor se vaya”. ¿Castillo no fue vacado por dar un golpe de Estado por su entera responsabilidad? Eso creía yo. Pero parece que no es así para el fujimorismo. ¿Qué pasa cuando un grupo de personas conspira para derrocar a un presidente? Eso se llama sedición en el Código Penal. Y para los que les parezca una exageración, una “tergiversación”, les podemos recordar el artículo 45 de la Constitución**,** donde se señala con meridiana claridad que el poder emana del pueblo y que ninguna persona puede arrogarse el ejercicio de ese poder. “Hacerlo constituye rebelión o sedición”. El asunto es políticamente letal por otra razón. En febrero del 2023, IPSOS le preguntó a la población si creía que Pedro Castillo había dado un golpe de Estado o si, por el contrario, el Congreso le había dado un golpe a Castillo para colocar a Dina Boluarte como presidenta. Pese a que el acto golpista de Castillo fue visto por todo el país en vivo, un sorprendente 43 % culpó al Congreso. Pero, con el tiempo, esta percepción no disminuyó. Por el contrario, ha crecido. En junio del 2023 era 50 %; en diciembre del 2024 era 55 % y en abril del 2025 ya era un 59 % el que consideraba que Pedro Castillo era una víctima de un golpe de Estado ejecutado por el Congreso. Esta última medición traía información por nivel socioeconómico. Los que creían que Castillo había sufrido un golpe (y no al revés) eran 25 % en el NSE A; 48 % en el NSE B; 56 % en el NSE C; 63 % en el NSE D y 66 % en el NSE E. Las letales palabras de Torres no han hecho sino confirmar esta errada percepción. Ha alimentado, con entusiasmo, la teoría del derrocamiento institucional y el martirologio de Pedro Castillo, quien, no siendo popularísimo, ha podido endosar sus votos a un pésimo candidato como Roberto Sánchez. Con ese 10 % de voto emitido le bastó para estar en segunda vuelta. ¿Dónde es más extendida la percepción de que Castillo fue derrocado? En los NSE más bajos. ¿Dónde se está peleando la segunda vuelta? Justamente ahí. Lo que ha hecho Torres es regalarle la narrativa a Sánchez. Cualquier asesor en comunicación política le hubiera aconsejado no solo no hablar de su “gesta”, sino atacar a Sánchez alejándolo todo lo posible de la imagen (más reconocible) y del “martirio” de Castillo. Es decir, dejar a Sánchez sin sombrero. Eso era lo que tenían que hacer. ¿Qué hizo la vanidad de Torres? ¡Ponerle un sombrero más grande! Y no es que en la tienda de Sánchez no tengan problemas graves. El plan de gobierno de JP incide en la derogatoria expresa del capítulo económico de la Constitución, la columna vertebral de la estabilidad y del crecimiento económico. El plan es un desastre parecido al Ideario Programa de Vladimir Cerrón. Felizmente ninguno de los dos llegará a concretarse porque no tuvieron, ni tendrán, los votos. Pero, en campaña, ofrecer un estatismo del siglo pasado solo ahuyenta (más) a la inversión, sin la cual no hay nada: ni trabajo, ni impuestos, ni crecimiento, ni desarrollo, ni consumo. ¿Qué ha hecho Sánchez? Reclutar a Oscar Dancourt y Pedro Francke para que propongan moderación socialista desde el caos. ¿Cuál es el “verdadero” plan? ¡Lo están elaborando! Eso dijo Dancourt esta semana en Canal N. Mientras tanto, Sánchez asegura que no habrá “hoja de ruta”, en clara alusión al gobierno de Ollanta Humala, que abandonó ese espantoso plan llamado “La Gran Transformación”, que de ejecutarse hubiera sido la gran postergación. ¿Cree que así logrará el voto popular? Puede asustarlos y perderlos. Está jugando con fuego al meterse con el bolsillo. Faltan dos semanas para las elecciones. Del lado de Fuerza Popular no hacen sino confirmar su poco afecto por la democracia y del lado de Juntos por el Perú, su imbatible deseo de destruir la economía peruana a punta de improvisación. “Entre el cáncer y el sida”, dijo Mario Vargas Llosa en la segunda vuelta del 2011. Ahí estamos, de nuevo, una gran mayoría de peruanos: un poco indecisos y otro poco hartos de la pobreza de la oferta electoral, una vez más.
¡Ay, Miki!: le pusiste un sombrero más grande, por Rosa María Palacios
"Faltan dos semanas para las elecciones. Del lado de Fuerza Popular no hacen sino confirmar su poco afecto por la democracia y del lado de Juntos por el Perú, su imbatible deseo de destruir la economía peruana a punta de improvisación".












