Oficialmente, la reunión nunca existió y nadie la confirma. En los propios pasillos del Panal, dirigentes de primera línea se encargan de desmentirla. Sin embargo, el rumor del hermético encuentro entre Mauricio Macri y el gobernador Martín Llaryora desató un cimbronazo transversal y en los búnkers de cada espacio ya se dedican a tabular las consecuencias de este mitin.
En el búnker de Luis Juez también siguen de cerca cada uno de estos movimientos. La experiencia de los viejos zorros del Frente Cívico hace que miren de reojo y sospechen de las últimas movidas generadas en la Capital Federal. La lectura en el entorno del senador cordobés es pragmática y desprovista de romanticismo: entienden que el expresidente está jugando un ajedrez complejo donde el interior es apenas una pieza de descarte. “A Macri lo único que le importa es la Ciudad de Buenos Aires, el resto del país le interesa muy poco”, sintetizan en la mesa chica juecista, donde tienen claro cuál es la única obsesión real del líder del PRO.
Aseguran que la urgencia de Macri por blindar su pago chico se aceleró tras la salida de Manuel Adorni de la grilla de postulantes porteños luego de las acusaciones al jefe de Gabinete sobre varios hechos de corrupción. Sin el exvocero presidencial en la cancha como candidato para gobernar la Ciudad de Buenos Aires, el panorama cambió.













