Hace unos días el canciller chileno anunció un “inédito” encuentro sobre seguridad a realizarse en Santiago, donde participarán altos representantes de Cancillería y de secretarías de estado encargadas de seguridad provenientes de países vecinos. Se trata de una cumbre de alto nivel donde se esperan autoridades de Perú y Bolivia y, eventualmente, de Ecuador y Argentina. Si bien la coordinación internacional para un flagelo que traspasa los Estados–nación es hoy en día una tremenda necesidad, lo cierto es que esta iniciativa no es inédita y corre el riesgo de quedar atrapada solo en lógicas de afinidad ideológica, cuestión especialmente relevante cuando el fenómeno del crimen transnacional que enfrentamos trasciende a los gobiernos temporal e institucionalmente. Fue en abril de 2024 cuando el presidente Gabriel Boric inauguró en sede de la Cancillería chilena la Primera Reunión de Ministros, Ministras y Altas Autoridades de Seguridad Pública y Crimen Organizado, en el marco de la presidencia pro tempore chilena del Consenso de Brasilia. En esa cita, donde participaron ministros, viceministros y representantes de Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, Paraguay, Surinam, Uruguay y Venezuela, se destacó la importancia de establecer mecanismos de cooperación, más allá de las diferencias ideológicas, para buscar estrategias conjuntas que permitieran prevenir y combatir eficazmente el tráfico ilícito de armas y drogas, el lavado de activos y mejorar las condiciones en los sistemas penitenciarios. Por ese entonces la constatación era una: el crimen organizado no reconoce fronteras y es preciso buscar soluciones comunes a problemas que amenazan los cimientos básicos de nuestro Estado de derecho.En efecto, tendemos a hablar permanentemente y, con razón, de América Latina como un continente de paz. Y es cierto, en un planeta plagado de conflictos bélicos, no deja de ser una fortuna vivir en un lugar del mundo que prescinde de ellos. No obstante, nuestra región ostenta también el triste récord de ser uno de los continentes más violentos del mundo. Según estadísticas de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc) de 2023, la región tiene una tasa de homicidios tres veces superior al promedio mundial (18 vs. 5,6 por 100.000 habitantes) y de ellos, el 50% de los homicidios totales en nuestra región están asociados al crimen organizado (en comparación con el 24% a nivel mundial). No obstante, de acuerdo a datos de Latinobarómetro de 2024, el problema es relevante, la preocupación más importante en la región es por lejos la economía. Y no es de extrañar, si se trata también de una región con altísimos niveles de desigualdad, lo que trae aparejadas una serie de condiciones de precariedad para la vida cotidiana de las personas que se vinculan, sin duda también, a la vulnerabilidad de las comunidades más desposeídas frente al crimen organizado.El mismo estudio muestra que, desde el punto de vista de las preocupaciones de la ciudadanía, la seguridad es la segunda prioridad en la región, del mismo modo, el estudio señala que existe también una diversidad de situaciones según país y, una curiosa y disociada realidad entre el miedo y la ocurrencia real de hechos asociados a la seguridad. En efecto, de acuerdo con el informe Latinobarómetro 2024, los países de la región que tienen las más altas tasas de homicidios no son los que más les preocupa el tema de la delincuencia como problema principal. Honduras, por ejemplo, es uno de los países que tiene la tasa de homicidios más alta de la región y, sin embargo, solo un 12% de su población señalaba la delincuencia como problema, mientras que, en Chile, uno de los países con la tasa más baja de homicidios en la región, el 45% de la población declaraba la seguridad como el problema más importante, siguiendo a Ecuador, que efectivamente enfrenta graves problemas de seguridad y criminalidad, con un 49%. Esto hace evidente que, en muchos casos, la discusión sobre los temas de seguridad y crimen organizado tiene bastante de subjetividad y de clima de opinión pública, alimentado en muchos casos por agendas electorales y políticas con cierta intencionalidad, lo que por cierto es una variable que no hay que dejar de atender cuando se trata de buscar respuestas más efectivas que efectistas.No hay duda que hay una singular coincidencia ideológica entre los convocados al encuentro de seguridad de Santiago, de hecho, la sintonía entre los participantes es algo que han rescatado especialmente como un activo las autoridades de la Cancillería. Participarán varios de los 13 países que estuvieron en el Escudo de las Américas en Estados Unidos en marzo pasado –a excepción de Perú, que no estuvo en esa cita por encontrarse con sus propios vaivenes políticos-. La iniciativa es creada por el Gobierno norteamericano para combatir el crimen organizado y el narcotráfico en la región. Todo ello, por cierto, bajo la poca discusión que existe en nuestra región de la Doctrina de Seguridad Nacional del país del norte que establece, entre otras cosas, una zona de influencia estratégica relevante en América, la contención de la influencia de potencias rivales (China, Rusia, Irán), el control de flujos migratorios irregulares y la protección de infraestructuras críticas y recursos estratégicos. Lo cierto es que un dilema tan relevante como el que enfrenta nuestra región requiere adoptar enfoques integrales, basados en la cooperación y el fortalecimiento de nuestras instituciones, sin sesgos ideológicos y buscar trascender la mirada de un solo Gobierno para ponerse en la sintonía que una mirada de largo plazo donde los reales beneficiados sean los ciudadanos y lo que se consolide sea una mirada de Estado y no solo de la autoridad de turno que busca el beneficio a corto plazo de la popularidad en las encuestas o buenos resultados en las urnas. Esto es especialmente importante para un Gobierno que acaba de hacer un cambio de gabinete en el Ministerio clave para estos efectos porque, entre otras cosas, su principal autoridad reconoció no tener ningún plan a dos meses de instalada una Administración que, precisamente, ganó bajo la promesa de ser implacables con el crimen organizado.