Ricardo “Rico” Verhoeven, un gigantón de Países Bajos, cuyo físico imponente de 1.96 metros y 117.300 kg lo transformó en ídolo y héroe del Kickboxing, fue habilitado por el Consejo Mundial de Boxeo (CMB) a combatir por su título Pesado -con el mero antecedente de tener una sola pelea ganada hace doce años- y estuvo muy cerca de convertirse en el último gran misterio explosivo que atesoraban las pirámides de Guiza. Casi como si fuese un tributo a los primeros grabados encontrados en las cavernas egipcias, del hombre frente al hombre: puño a puño, allá por a.c 6.000 que con el correr del tiempo se convertiría una de las primeras justas atléticas de la historia -en esa región- bajo las dinastías de Pepi I y Pepi II. Sólo un campeón como el ucraniano Olexsandr Usyk (105.300 kg), con una gélida concentración y justeza en sus golpes claves, pudo quebrarlo y vencerlo por KOT a los 2´59” del 11° round.Oleksandr Usyk golpea con fuerza a Rico Verhoeven, que no se achica ante la embestidaKHALED DESOUKI - AFPEste sábado se vivió un hecho asombroso; con un escenario formidable adaptado en la Acrópolis, donde una escenógrafa lumínica maravillosa que intercaló la riqueza cibernética y el buen gusto, nos introdujo en una recopilación fascinante de la evolución del hombre y sus conquistas deportivas.Y tal así fue, Usyk, de 1.91 metros, debió esforzarse al máximo para equiparar las acciones ante una disparidad física –de alcance y kilaje- que lo complicó. Jamás pudo tomar la primacía en el marcador del match y pese a que las tarjetas indicaban: dos de ellas empate en 95 y la restante sostenía ventaja mínima para 96-94 para Rico, coincidente con los guarismos de LA NACION.¿Qué pasó en el ring? Verhoeven, un hibrido pugilista con movimientos torpes de un peso completo de la década del ´30, como Max Baer, Jack Sharkey o Ernie Schaaf, pero notable kickboxer, no pudo complementar su asfixia atlética sobre Usyk con algo vital en el boxeo: la absorción de los golpes. Y los pocos claros aplicados por el ucraniano lo dañaron y derribaron en el undécimo round, cuando el juez estadounidense Mark Lyson paró el combate precipitadamente en el último segundo del asalto. Por deducción y desarrollo, con sólo un “soplido” Usyk hubiese definido en el capítulo final. Sin embargo, “el luchador” puso en riego la corona del “boxeador”. Así de claro y así de directo.Los tres partícipes claves de la reunión salieron airosos: Usyk, a los 39 años, denuncia un desgano palpable para sostener este oficio. Su mente y su corazón siguen en Ucrania; y desde los tiempos de la guerra con Rusia modificó sus horizontes y deseos personales. Sin embargo, siguió acumulando desafíos al final de match.Oleksandr Usyk arrincona a Rico VerhoevenKHALED DESOUKI - AFPEl Consejo Mundial de Boxeo (CMB) se lució con la elección de un atleta de otra disciplina como Rico Verhoeven que justificó su designación de retador a la corona vapuleando las múltiples críticas recibidas. Entre ellas: éste cronista del diario LA NACION.Por último: Rico, que descubrió un nuevo mundo con pagas únicas y difusión universal que seguramente lo eyectará a otro combate internacional de pronóstico reservado para él. Sólo un deporte como el boxeo es capaz de recobrar para una justa atlética un escenario como éste: las pirámides egipcias. Y nadie tuvo en cuenta, a modo mitológico, que pudo haber preexistido un papiro faraónico que casi provoca la sorpresa mas grande de todos los tiempos. Oleksandr UsykBoxeo InternacionalBoxeo