El calor golpea con fuerza cerca del mediodía en los exteriores de la terminal terrestre de Manta. El sol cae sobre el parabrisas del bus número 9 de la línea 17, mientras los pasajeros esperan la salida.En el asiento del conductor está Gema Mendoza, 23 años, de cabello rizado, tez blanca, jeans y zapatillas deportivas blancas, quien, antes de arrancar, revisa los espejos y observa el movimiento de la calle.Algunos pasajeros suben y la saludan con naturalidad. Otros todavía muestran sorpresa cuando descubren que quien está al volante es una mujer.PublicidadElla responde con tranquilidad, acostumbrada a las miradas y comentarios desde que comenzó a trabajar hace apenas tres meses y medio en el transporte urbano.“Buenos días”, dice Gema mientras cobra los 40 centavos del pasaje a cada usuario.“Buenos días, guapa”, le responde uno de ellos y sonríe. Gema, en cambio, está seria, siempre seria. PublicidadPublicidadTransportistas de Manta advierten con apagar motores si el Municipio no revisa la tarifaUna vida marcada por el transporteLa historia de Gema Mendoza comenzó mucho antes de conducir un bus. Creció rodeada de choferes profesionales.Su padre, Miguel Ángel Mendoza Cevallos, todavía trabaja en el transporte urbano de Manta. Su hermano mayor también conduce buses y gran parte de su familia se dedica al mismo oficio.PublicidadDesde niña observó de cerca la rutina de quienes pasan gran parte del día en las vías.Mientras otros imaginaban profesiones distintas, ella sentía curiosidad por saber cómo era manejar una unidad de transporte pesado.“Me llamaba la atención desde chiquita. Siempre decía: ‘¿Cómo sería manejar un bus?’. Incluso a mi mamá, a ella le gustaría haber sacado la licencia”, dice mientras espera la hora de salida de su siguiente recorrido.La idea tomó fuerza el año pasado, cuando su padre le preguntó si quería intentar conducir un bus.PublicidadPrimero practicó. Después realizó el curso profesional y finalmente obtuvo la licencia que le permitió incorporarse al sistema de transporte de Manta.Su familia no dudó en respaldarla.“Mi papá y mi mamá me apoyaron desde el inicio. Yo soy la segunda de ocho hermanos, cinco mujeres y tres varones. Ellos están orgullosos. En mi familia el diésel corre por la venas”, cuenta.La única mujer al volanteEn medio de un oficio históricamente dominado por hombres, Gema Mendoza se convirtió en la única mujer que actualmente maneja un bus urbano en Manta. En Manta hay 160 buses rodando por las calles; son 160 choferes: 159 hombres y Gema, la única mujer.El terremoto le arrebató a sus hijos, pero Rocío Cevallos recibió dos nuevos tesoros“Las señoras y los adultos mayores dicen: ‘Qué bonito ver a una chica manejando un bus’. Incluso hasta ahorita, teniendo ya tres meses, todavía se siguen sorprendiendo”, comenta.Sin embargo, no todas las experiencias resultan positivas. También enfrenta comentarios incómodos o pasajeros groseros, situaciones que aprendió a manejar con paciencia.“Uno tiene que mantener la calma en este trabajo”, asegura.A pesar de eso, siente que poco a poco gana aceptación entre los usuarios frecuentes de la ruta. Muchos ya la reconocen y la saludan cuando suben a la unidad.El desafío diario del tráficoEl trabajo comienza desde temprano. Dependiendo del turno, su jornada se inicia a las 05:30 y puede extenderse hasta entrada la noche.Las largas horas frente al volante, el intenso calor y el tráfico forman parte de la rutina diaria.Para ella, justamente el tráfico representa el mayor desafío.“Uno trabaja con tiempos, y a veces, aunque vaya adelantado, termina atrasándose”, explica.La presión aumenta porque conducir un bus urbano requiere precisión permanente. No se trata solamente de avanzar entre vehículos. También debe calcular dimensiones, espacios y maniobras en calles congestionadas.“El largo y el ancho cambian todo. Hay que medir bien para no golpear un espejo o subirse a una vereda”, dice.“Mi hijo sería surfista como yo”: el relato de Brayan, quien perdió a siete familiares en el terremoto de PedernalesNueve meses de preparaciónAntes de sentarse al volante de la línea 17, Gema Mendoza estudió durante nueve meses en la Escuela de Choferes Profesionales de Tarqui, en Manta. Después llegó el proceso para obtener la licencia profesional y completar los requisitos necesarios para trabajar en transporte urbano.Aunque terminó la secundaria e intentó seguir una carrera, nunca pudo ingresar a la universidad.Según relata, intentó durante más de tres años conseguir un cupo, pero no obtuvo resultados.Aun así, no abandonó la idea de estudiar en el futuro. Por ahora, encontró en el volante una actividad que asegura disfrutar.“A mí me gusta mucho este trabajo. Amo lo que hago”, afirma.‘Transporto seres humanos’Es que cuando habla de conducir buses, su tono cambia. Ya no menciona solamente el tráfico o el cansancio físico. Habla de responsabilidad.“No transporto alimentos; transporto seres humanos, personas”, señala.Por eso, recuerda que al principio sintió nervios. Le preocupaba enfrentarse a la vía, reaccionar ante imprudencias y asumir la responsabilidad de llevar pasajeros diariamente.Con el paso de las semanas ganó confianza. Hasta ahora no ha enfrentado asaltos ni situaciones violentas durante sus recorridos, algo que considera importante en medio de la preocupación por la inseguridad en el transporte público.El orgullo de su familiaGema describe a su padre como un hombre reservado; pero, aun así, asegura que él se siente orgulloso de verla conducir un bus.“Dice que está orgulloso de mí porque estoy rompiendo estereotipos”, comenta.Su madre también terminó respaldando la decisión. Lo mismo ocurrió con tíos y familiares vinculados al transporte profesional, quienes hoy destacan que una integrante de la familia conduce un bus urbano en Manta.Lejos de verlo como una rareza, Gema Mendoza asume el oficio con naturalidad. Habla del volante como una actividad que lleva “en las venas”, una conexión heredada de años observando a su familia trabajar en las calles.La conversación termina cuando faltan pocos minutos para la siguiente salida. Los pasajeros comienzan a subir nuevamente al bus número 9 de la línea 17. Algunos la saludan antes de tomar asiento.Gema se coloca el cinturón de seguridad, acomoda las manos sobre el volante y arranca con seguridad. El bus avanza entre el tráfico y el fuerte sol de Manta, mientras continúa una rutina que todavía sorprende a muchos, pero que para ella ya forma parte de su vida diaria. (I)
‘El diésel corre por mis venas’: Gema, la única mujer que conduce un bus urbano en Manta
Con apenas tres meses y medio al volante, Gema Mendoza se convirtió en la única mujer que conduce un bus urbano en Manta.














