“No voy a dejarles el club a los anti Racing”. La frase no es nueva, pero ahora adquiere otra fuerza. El contexto la delimita, le da otro sentido. Racing pierde, Racing queda eliminado, Racing vuelve a ver los fantasmas de otros tiempos. Pero lo que es peor: Racing se quiebra internamente. La eliminación en la Copa Sudamericana ante Caracas estuvo lejos de ser un accidente. Es, en definitiva, la consecuencia previsible de un semestre en caída libre. El empate ante Caracas en un Cilindro sin público –otra consecuencia lateral de la falta de gestión en el club: acceder a que se reciba al equipo con miles de bengalas sin importar las consecuencias– funciona como el punto de inflexión. O de ciclo cumplido, con el asterisco de que como se trata de Gustavo Costas, nada está dicho. Con uno de los planteles más caros y de mayor jerarquía del fútbol local, el balance deportivo del semestre es lapidario. Y los resultados, por primera vez, exhiben el desgaste de la conducción de Costas. Si su llegada se cimentó sobre la mística del sentido de pertenencia y el amor incondicional por los colores, si los éxitos de la Copa Sudamericana 2024 y la Recopa 2025 homologaron su condición de terapeuta de grupo, de inflador anímico y emocional, este 2026 mostró una preocupante involución identitaria.
El laberinto de Racing y la grieta interna: Costas o Milito
El fracaso deportivo de este semestre se explica, en parte, por la falta de conexión entre el presidente y el entrenador-ídolo. También por desempeños individuales alarmantes, como el de Maravilla Martínez y Solari. El salto de calidad que nunca existió y un horizonte entre el deseo del presidente y la realidad que se impone.










