SEMANA: Usted acaba de presentar un libro sobre el constitucionalismo en Colombia. ¿Por qué hizo semejante esfuerzo en compilar la historia justamente en este momento, cuando los vientos de constituyente son tan fuertes? Alfonso Gómez Méndez: El libro es resultado de una serie de reflexiones de mi cátedra de Historia Constitucional en el Externado. De ahí salen tres ideas que le resumo y que de pronto tienen que ver con lo actual. La primera es que Colombia ha padecido siempre una especie de fetichismo constitucional, que consiste en pensar que basta con cambiar la Constitución para que la realidad cambie. Es el mismo discurso, más o menos, que se está planteando ahora. Yo hago en el libro una comparación de cómo, mientras que en Estados Unidos, por ejemplo, se dedicaron a crear las condiciones para formar la nación, nosotros nos dedicamos a hacer y deshacer constituciones.SEMANA: ¿Cómo fue eso?A.G.: En solo el siglo XIX, aparte de constituciones de provincia, hubo constituciones nacionales en 1821, 1830, 1832, 1843, 1853, 1858, 1863 y 1886. Buena parte de las guerras civiles en el siglo XIX tenían como objeto cambiar, imponer o reformar una constitución. Las dos últimas fueron la de 1863, que fue la Constitución radical, producto de la única revolución triunfante, la de Mosquera contra Mariano Ospina Rodríguez, y que instauró el régimen federal y el régimen de libertades. Y la siguiente fue la de 1886, como reacción a la del 63. Pero en esos 105 años fue reformada en más de 79 ocasiones. Y la actual, que va a cumplir 35 años, tiene como 60 reformas. Mauricio Gaona le dijo a Petro que “la Constitución se cambia por necesidad histórica, no por capricho”: así le respondió el presidenteSEMANA: ¿Cuál es la segunda idea? A.G.: Con pocas excepciones, el constitucionalismo colombiano se ha construido a base de rupturas. Es decir, se cambia la Constitución desconociendo las normas vigentes para su reforma. La de 1863 se hizo por la revolución. La de 1886, por la derrota del Partido Liberal en la batalla de La Humareda. En 1905, el general Rafael Reyes convocó una constituyente que permitió eliminar el Consejo de Estado y la Vicepresidencia, además de prorrogar por cuatro años su periodo presidencial. Resulta llamativo que el país estuvo relativamente tranquilo cuando no se tocó la Constitución entre el año 1910 y 1936. SEMANA: Y esa reforma de la Revolución en Marcha fue quizás una de las más significativas de la historia. A.G.: Sí. En el Gobierno de Alfonso López Pumarejo se estableció el concepto de Estado social de derecho, que no es de ahora, la función social de la propiedad, la dirección general de la economía a cargo del Estado y la intervención del Estado para racionalizar la producción, distribución y consumo de la riqueza. Luego, hubo otras, una en 1945 y otra en 1949, cuando Ospina Pérez cerró el Congreso. El país no tuvo Congreso durante diez años. Ahí sí había bloqueo, no como se dice ahora. Y a esa ruptura le siguió otra, que fue el golpe militar de Rojas Pinilla en 1953. Y luego otra, la de la Junta Militar del 10 de mayo, y con ella el plebiscito del año 1957. Esta última no estaba prevista en el régimen constitucional, pero los partidos Liberal y Conservador la promovieron para superar la violencia e imponer el Frente Nacional. La participación ahí fue muy alta, más del 70 por ciento del censo electoral. Alfonso Gómez Méndez habló en SEMANA sobre la idea de una Asamblea Nacional Constituyente impulsada por Gustavo Petro. Foto: GUILLERMO TORRES REINA / SEMANASEMANA: Después, hubo otras reformas, como la de 1960 y la de 1968, pero lo más trascendental fue llegar a la Constitución de 1991. ¿Ahí también se habló de un bloqueo institucional? A.G.: Sí, pero en verdad no existía. ¿Por qué? El Congreso, el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial estaban funcionando. Funcionaban tanto que se había aprobado la ley de amnistía que permitió, durante el Gobierno de Barco, la reincorporación del M-19 antes de la Constitución del 91. Entonces, con esa falacia, a través de un decreto de estado de sitio, se desencadenó un proceso de reforma constitucional que inicialmente era de una asamblea constitucional, luego pasó a constituyente y tuvo los resultados conocidos. Hay muchas cosas buenas en la Constitución, pero el origen fue una ruptura. Y ahora estamos otra vez en lo mismo. SEMANA: ¿Cómo ve esa constituyente que tanto promueve Petro? A.G.: Él tiene ese cuento, pero no dice para qué. Uno se pregunta: ¿qué dificultad hay para que los problemas del país se resuelvan con las normas de la Constitución vigente? Esto de ahora no es más que un embeleco que se está utilizando con fines puramente políticos.Gustavo Petro agitó las redes sociales por hablar de la constituyente: le pasaron factura por promesa que hizo en mármolSEMANA: ¿Usted cree que nos estamos jugando la Constitución en las urnas? A.G.: Por la forma como el Gobierno ha llevado el debate, entonces se está pensando que, si se vota por A o B candidato, puede haber una nueva Constitución. Yo creo que eso es un coco. La constituyente es un coco que sirve para mover al electorado.SEMANA: Hay muchas versiones sobre esta constituyente. Gustavo Petro la promueve, Juan Fernando Cristo la rechaza e Iván Cepeda habla del acuerdo nacional. ¿Cuál cree que sea la realidad? A.G.: Mucha confusión. Porque, curiosamente, por ejemplo, usted menciona que el doctor Cristo dice que no está de acuerdo con la constituyente, pero no se sale del proyecto político que la está impulsando. Entonces, yo opino que, a mi juicio, eso es un falso debate.El exfiscal Alfonso Gómez Méndez. Foto: león darío peláez-semanaSEMANA: El profesor Gaona dice que la expresión “acuerdo nacional” es un arquetipo o un disfraz en el proceso que va de la democracia a la dictadura constitucional. ¿Está de acuerdo?A.G.: Mucha gente usa esa expresión sin saber realmente de qué está hablando. Porque uno dice “acuerdo nacional”, ¿y eso qué quiere decir? ¿Quién va a estar en desacuerdo con que se consiga la paz, se derrote la pobreza o la corrupción? Y voy a decir una cosa que puede parecer una herejía: mucha gente repite como loro eso de “el acuerdo sobre lo fundamental”, como decía Álvaro Gómez, pero Álvaro Gómez nunca dijo qué era lo fundamental. De manera que esos, más que proyectos políticos, son frases con alcance político-electoral.SEMANA: El presidente Petro dijo que lo veremos de exmandatario, en las plazas y los parques, promoviendo la constituyente. ¿Qué piensa? A.G.: Ya lo conocemos. Gustavo Petro, más que gobernante, es un ideólogo y activista. Yo creo que él está en su ley, más bien en su derecho, de que ya como expresidente se dedique a hacer lo que se le antoje. Ya los colombianos verán si le paran bolas o no. Lo que creo es que hoy en día eso, a mi juicio, es más una bandera para agitar campañas que una necesidad del país.Gustavo Petro, la constituyente y las elecciones: el análisis de Mauricio GaonaSEMANA: Esta campaña está muy polarizada. ¿Usted piensa que se están traspasando unas líneas rojas?A.G.: La política, per se, es polarizante. Yo no sé por qué le tienen tanto miedo al tema de la polarización. La política es polarizante en todas partes. Pero lo que sí tiene que haber es una línea roja: no utilización de armas, no combinar armas con política, no usar la mentira, no usar el engaño y no caer en la descalificación personal. Aun así, que haya sectores de la sociedad que piensen distinto a otros y quieran imponer sus ideas por la vía democrática es lo normal en cualquier sociedad.
“La Constituyente es un ‘coco’ para mover el electorado": advierte Alfonso Gómez Méndez
El exfiscal Alfonso Gómez Méndez pone en contexto histórico la propuesta, liderada por Gustavo Petro, de una asamblea nacional constituyente, en medio de la campaña presidencial. “La constituyente es un coco que sirve para mover un electorado”, dice.















