Cuando la historiadora Laurence Debray, autora de varios libros sobre la transición española y sobre el rey Juan Carlos, publicó Hija de revolucionarios, provocó llanto y crujir de dientes entre la intelectualidad de la rive gauche. Pues ese híbrido de memoria personal y ensayo cuestiona, critica y en buena parte rechaza el legado intelectual de sus padres, famosos y respetados intelectuales izquierdistas parisienses; critica la pompa majestuosa de la corte de François Mitterrand; y eleva un alegre canto a la transición española, al rey Juan Carlos y al estilo de vida en nuestro país, a su juicio más agradable y cordial. “Cuestioné ese legado, pero lo hice desde la izquierda”, dice ella. El libro obtuvo en Francia varios premios y un éxito notable. Ahora, las memorias del rey Juan Carlos I de España, publicadas bajo el título Reconciliación, en cuya redacción colaboró estrechamente con el autor, pasando dos años a su lado en Abu Dabi, han obtenido más premios y un éxito mundial unánime… salvo, en parte, en España. Como dijo el mismo Juan Carlos I al recoger el premio al mejor libro político del año en el Parlamento francés, “Nadie es profeta en su tierra”. Desde su piso de París Laurence Debray nos cuenta su singular trayectoria vital y sus impresiones sobre el rey que abdicó y cuyo legado político, inteligencia y flexibilidad admira.Laurence Debray (París, 1976) ha escrito varios libros sobre la transición española y la figura del Rey Juan Carlos ILaurence Debray (París, 1976) ha escrito varios libros sobre la transición española y la figura del Rey Juan Carlos I. Ha trabajado codo con codo con él, en el salón de su casa en Abu Dabi, durante dos años, para dar forma al libro de sus memorias, Reconciliación.Debray es una mujer vivaz, de notorio encanto parisién y cosmopolita, inclinada a sonreír y a reír, con mucho aplomo, convicción y claridad en la defensa de sus ideas.El comedor de su casa y detalle del tocador Flaminia PelazziLa víspera de que a don Juan Carlos le entregasen en el Parlamento francés el premio al mejor libro político del año por Reconciliación, hablamos con ella sobre esta autobiografía. También sobre su propio periplo vital y evolución política, recogido en Hija de revolucionarios (otro éxito muy popular y muy premiado en su país).Era 1989, su madre, la antropóloga Elizabeth Burgos (Valencia, Venezuela, 1941), dirigía el Instituto Francés de Sevilla, y la llevó consigo: “Dejé atrás”, escribió Debray, “los inviernos fríos y el mal humor de los parisinos. El perfume cautivador de las flores de azahar y del jazmín tuvo en mí un efecto inmediato. Viví cuatro años en Sevilla, en un estado de encantamiento permanente. Fue un renacimiento”.El padre de Debray pintado por Oswaldo Guayasamín Flaminia PelazziLaurence –hija del intelectual y prolífico escritor Régis Debray (París, 1940), que de joven fue camarada del Che Guevara en la guerrilla en Bolivia, cayó prisionero y fue liberado tras cinco años de cárcel, por mediación del general De Gaulle--, cuenta cómo esa estancia juvenil en Sevilla la deslumbró, le divirtió a rabiar y le iluminó mediante el juego de las comparaciones. Comparaba la pompa y solemnidad de la corte del presidente socialista Mitterrand –en la que fungía, en lugar destacado, su padre— y de los intelectuales izquierdistas con la manera de vivir española y la desenvoltura del Rey. Y no había color.Acaba de llegar Laurence Debray de tres semanas de promoción de Reconciliación por Sudamérica. Nos recibe en su piso sobre un boulevard arbolado del centro de París, decorado con cuadros de Roberto Matta, regalos del artista que fue su padrino –hacerse bautizar fue un primer indicio de rebeldía– aunque también podríamos haberla encontrado en Madrid, donde estudian sus hijos para que se familiaricen con la cultura y forma de vida española, y adonde ella va con frecuencia.Viendo su currículum y el de sus padres da usted la impresión de ser una intelectual parisiense elevada a la enésima potencia, prototípica.Totalmente. Soy un producto puro del barrio latino, casi la caricatura de los intelectuales del barrio latino. Sí. Y llevo una vida entre tres cafés y tres editoriales, escucho todo el día France Culture … Es la radio nacional, una cadena muy intelectual con programas de alta calidad y sin publicidad: un lujo… Pero mejor que “intelectual parisiense”, diga femme de lettres. Mujer de letras. Creo que esta denominación no se usa mucho en España. Pero la prefiero porque yo creo que una no se define por el sitio donde ha nacido, por sus estudios, por su profesión… sino por el recorrido que ha hecho, sea un recorrido intelectual o simplemente de vida. Y como mi patria es la literatura, la literatura francesa, me defino así, Mujer de letras. Además, este término me gusta por sus resonancias de los salones literarios del siglo XVIII, el siglo de las Luces… ¡Espero ser la heredera también de esto!Vestido de punto de rayas blancas y negras de CH Carolina Herrera Flaminia PelazziEstudió Historia en la Sorbona. Se sabe que también trabajó en la banca, supongo que por poco tiempo…No, no, estuve ocho años trabajando en banca. Es que también estudié en una escuela de negocios. Creo que la economía maneja el mundo. Es estupendo hacer historia, sociología, literatura… pero lo que lo determina todo es la economía. Estuve tres años en Nueva York, haciendo trading de obligaciones de países emergentes. Cuando me fui a Estados Unidos fue ya el colmo de rebeldía contra mis padres, porque ellos no podían venir a visitarme, no podían entrar en el país, donde estaban considerados terroristas. Y para ellos que yo estuviera trabajando en un banco de Wall Street era como si ya me hubieran perdido definitivamente. Luego regresé a París, donde estuve cinco años más en el Banco Lazare: es un banco más privado, de bonos de negocios, y ahí trabajé sobre reestructuración de deudas nacionales. Así que algo sé de banca. Pero eso no podía ser eterno.Esa idea que ha mencionado antes de que uno no es de donde nace sino que uno es un proceso de formación, se menciona en 'Reconciliación' … ¿Verdad?Sí, en un pasaje del libro se cita un poema de Machado, los conocidos versos “caminante, no hay camino,/ se hace camino al andar”. Cuando estuve la primera vez en Sevilla, Alfonso Guerra, a quien Machado le gusta mucho, me lo hizo leer mucho, así que me lo conozco un poco, y el rey también…Volvió de sus años de Sevilla a París llevando bajo el brazo una reproducción de 'Las Meninas' de Velázquez y un poster del rey Juan Carlos. Estudió en París y en Londres, hizo su tesis sobre la transición española a la democracia…Bueno, la transición española fue una obra maestra de la política. Desde fuera a todo el mundo le parecía imposible pasar de la dictadura a la democracia sin violencia. Se esperaba asistir a otra guerra civil o a otra dictadura.…Y luego, en 2017, publicó 'Hija de revolucionarios 'es un libro que en España no ha fracasado comercialmente, pero debería haber tenido mayor resonancia, por lo menos a mi juicio, entre otros motivos porque invita a los españoles a vernos, y a ver nuestra historia reciente de forma menos autocrítica.En Francia, siendo una mujer un poco joven, y siendo mi primer libro con una tesis digamos un poco fuerte, sorprendió. Y molestó mucho ¿eh? Primero porque hay un factor de crítica generacional; cuando se publicó, la generación de mis padres estaba en todas partes, en los centros de poder, en los medias; entonces, que la niña les venga a decir: “Oye, vamos a hablar en serio de lo que nos habéis legado, lo bueno y lo malo, y vamos a hacer por lo menos un balance…”, les hizo sentirse un poco amenazados… Y además contribuyó a la resonancia el debate un poco tenso que sostuve en el programa L’Emission Politique de la tele nacional, con Jean-Luc Mélenchon (candidato de France Insoumisse, fuerza de extrema izquierda, a las elecciones presidenciales de 2017); él se sulfuró; no podía tolerar que yo le dijese: “Oye, que yo a los diez años estuve en campamento de pioneros en Cuba, yo el comunismo lo conozco desde dentro. Y tú, ¿de verdad quieres aquello para Francia? ¿Ese es el plan?” En fin, para mí Hija de revolucionarios, además fue una investigación muy importante en el plano personal.La litografía es de Alexander Calder Flaminia Pelazzi¿Una investigación?Sí, investigaba, porque yo buscaba la culpabilidad de mi padre.¿Cómo se tomó él el resultado de su “investigación”?Se disgustó mucho. Para mis padres fue duro, les tocaba el orgullo. Y el éxito que obtuvo el libro empeoró las cosas, porque ganó muchos premios y se vendió muy bien. Para cualquier padre verse cuestionado por su hijo no debe de ser fácil. Además, para peor, a mi padre no le gusta compartir la fama… (risas).¿Pero esas heridas han cicatrizado ya, no?Sí, desde luego; yo escribí lo que le tenía que decir, lo que no le conseguía decir. Pero él ya es una persona mayor y le tengo mucho cariño, está en el campo y voy a visitarle.‘Juan Carlos I. Reconciliación. Memorias’, publicado en España, por Planeta Flaminia PelazziVolviendo a 'Reconciliación': es un documento fascinante, y único, entre otros motivos porque los reyes no suelen escribir sus autobiografías, aunque algunos le reprochan al autor que, siendo rey, escriba, y otros, que no lo cuente todo, que sobre algunos asuntos pase de puntillas.Él cuenta lo que quiere. Tenga en cuenta que son unas memorias, y, dentro de ese género, uno cuenta lo que le parece.Entre sus anécdotas más curiosas está la que explica cómo, viniendo de la tutela y el respeto personal a Franco, supo ganarse la confianza de Santiago Carrillo sin ni siquiera conocerle, a través de Ceaucescu. Declara haber desarrollado una franca amistad con Carrillo. Ahora bien, llevarse bien con dos personajes tan antitéticos y denostados como el dictador y el secretario del partido comunista parece demostrar una inteligencia política notable.Desde luego. Mire usted, como le he dicho, yo vengo de una familia de lo más intelectual que se pueda imaginar, y con un elitismo intelectual que quizá es muy francés: para atreverse a hablar en público o a hacer cosas, antes tienes que haber hecho tantos o cuantos doctorados en la École Normale Supérieure, haber estudiado mucha filosofía política. Pero que un hombre como el rey Juan Carlos, que ha estudiado muy poco, y desde luego no tiene un doctorado en ciencia política, tenga esa agilidad política de no encerrarse en ninguna ideología, y luego hacerse amigo personal del diablo, que eso era para Franco Santiago Carrillo… y todo, además, con mucha simplicidad, directo, me parece admirable. Él tiene ese valor de saber dar y recabar confianza. Y por cierto, tiene mucho respeto por esa izquierda del pasado. El otro día, cuando fuimos a Sevilla, lo primero que hicimos fue ir a tomarnos un café con Alfonso Guerra. Llega de Abu Dabi, y lo primero que hace es tomarse un café con Guerra. ¿No le parece significativo? No se encierra en el pasado, en unos esquemas… Pero yo creo que la flexibilidad, la enorme habilidad que ha demostrado es una característica de todos los grandes políticos. Todos los grandes son así.Un rincón del salón de su apartamento Flaminia PelazziPara escribir este libro ¿viajó usted mucho a Abu Dabi?Viví allí dos años. Trabajaba con el rey casi cada día. La idea era que el texto fuera como su voz, que se extendiese como su forma de hablar, de contar las cosas, que a veces puede ser más seco, a veces más detallado. Hablamos en francés, el texto original es en francés. Luego lo tradujo al español mi madre. Como me visitaba con frecuencia en Abu Dabi, un día el rey le dijo ¿”No quieres trabajar con nosotros, en vez de pasear por la playa?” Y la puso a traducir.¿Cómo definiría al rey Juan Carlos?Él asume lo que es. No es un producto de tres jefes de comunicación. Todos los directores de comunicación con él no pudieron hacer nada. Es lo que es, no se esconde, no tiene una pulsión políticamente correcta. Incluso en Reconciliación, no se para a pensar si algo que va a decir dolerá a unos. En ese sentido, los códigos han cambiado en el siglo XXI, y él no ha cambiado. Él nació antes de la Segunda Guerra Mundial, su mundo no es éste, en que hay cosas que ya no se hacen, que ya no se dicen, que no se pueden hacer.Detalle del tocador, con joyas y un frasco ‘vintage’ de Guerlain Flaminia PelazziEl final del libro es un poco melancólico. Repite un par de veces: “Siempre he estado bajo el paso de la obligación”.Yo creo que es la única persona que me he encontrado en la vida que no ha tenido nunca libertad. Estuvo desde el principio destinado a ser rey, no artista o arquitecto o cualquier profesión que le hubiera parecido atractiva. Luego tiene una vida estrictamente organizada por Franco, luego tiene que asegurar la corona y la democracia. Nunca tuvo la libertad de hacer lo que le da la gana, nunca. Estar siempre obedeciendo a la corona, a lo que le digan, no tiene que ser fácil.Tampoco tiene que ser fácil, después de una vida tan viajera, acabar varado en una jaula de oro, en el destierro, como en el cumplimiento de un maleficio familiar.Espero que escape algún día de ese maleficio… Él quiere dormir en su cama.