A veces la verdad no llega por una investigación. Llega por la boca de quienes la negaron durante años. Miguel “Miki” Torres, candidato a la vicepresidencia por Fuerza Popular, declaró algo que su partido había rechazado sistemáticamente. Dijo que la salida de Pedro Castillo fue el resultado de una operación política coordinada. “Los periodistas lo hicieron, el Congreso también lo hizo, el Ministerio Público también lo hizo”, dijo Torres con la naturalidad de quien reivindica una victoria. “Fue verdaderamente una suma de esfuerzos para que ese señor se vaya”, agregó.
Durante años, La República sostuvo que existía un pacto operativo entre el fujimorismo y sus aliados en el Congreso y otros sectores del Estado copados por ellos. Pero este editorial tampoco es una defensa de Pedro Castillo. Porque la confesión de Torres tiene dos caras y las dos merecen ser leídas con honestidad republicana.
La primera es la que Torres reivindica con orgullo: la operación. La segunda es la que menciona casi de pasada, con una ironía que trivializa lo que en realidad es muy grave: que Castillo “también puso su granito de arena”. Detrás del chiste hay un hecho que no se puede ignorar. Pedro Castillo intentó un autogolpe de Estado el 7 de diciembre de 2022. El expresidente disolvió el Congreso, pretendió gobernar por decreto. Eso fue un acto antidemocrático que merece ser llamado por su nombre.














