Asuntos internosNinguna secretaria de presidente podr�a serlo sin un nexo emocional intenso con quien ocupa el despachoEl ex presidente del Gobierno, Jos� Luis Rodr�guez Zapatero, en Valencia.Europa PressActualizado Viernes,
mayo
22:50Audio generado con IASe llama Gertrudis, Gertru para todos, pero podr�a tener cualquier otro nombre. Ellas nunca suelen tener apellidos. Siempre son mujeres. Como las vestales de los templos romanos. Hay muchas mujeres como ella, secretarias de presidentes de Gobierno, de vicepresidentes, de ministros, de presidentes de bancos y hasta de directores de peri�dico o de televisi�n. Ellas son figuras en la sombra, imprescindibles para que esos grandes hombres brillen con la luz propia y ajena. Son mujeres que, sin darse mucha cuenta, acaban consagradas a un jefe, renuncian a vivir su vida para vivir la del jefe, dejan de comer a su hora para organizar la comida del jefe, se acuestan a la hora del jefe y cuando el jefe se levanta, ellas ya tienen organizadas la oficina y la agenda del d�a.Mujeres que igual filtran las llamadas de Estado del jefe, que le ponen con el presidente de Estados Unidos, que mandan flores, que ordenan comprar el champ� del jefe o que gestionan las citas m�dicas de la familia del jefe. Mujeres que nunca se quejan, que preservan a su jefe de todo mal, de los pesados y de los que no le dejan dormir la siesta. Mujeres a las que la palabra leales les queda muy corta. Mujeres invisibles salvo para los que las necesitan para acceder al jefe.Mujeres cancerberas, s�. Ellas siempre est�n de vigilia en el atrio del hombre poderoso. Sin ellas, nadie accede a �l. Abren y cierran la puerta a los que buscan hablar con el jefe. Los que dependen del jefe siempre les hacen la pelota, por la cuenta que les trae. Ninguna joven tiene vocaci�n de secretaria del presidente. A ese atrio del poder tampoco se accede mediante un t�tulo oficial, ni hay MBA que valga. Ah� se llega a trav�s de la confianza, de muchas horas de vigilia, de muchas experiencias compartidas y, sin lugar a dudas, a trav�s del cari�o. Ninguna secretaria de presidente podr�a serlo sin un nexo emocional intenso con quien ocupa el despacho del antedespacho donde se sientan.Como muchas mujeres lo hacen con sus maridos, ellas erigen una estatua hecha de materiales como carisma, personalidad, virtudes pol�ticas, liderazgo y otros dones. Y un mal d�a, el monumento se cae y les pilla encima. Los cascotes del derribo de la estatua las entierran a ellas primero que a nadie. Los jueces ponen a Gertru como la guardiana de la trama corrupta. Como antes pusieron a otras por actividades de sus jefes. Imputadas junto a sus jefes durante a�os. Sin otro delito que cumplir �rdenes y confiar en el jefe ciegamente, lo mereciera o no lo mereciera.










