Hace más de cuatro mil años, los constructores del famoso círculo de piedra de Stonehenge levantaron estructuras que hoy siguen siendo un misterio. Ahora, gracias a un ambicioso proyecto de reconstrucción, el Salón Neolítico Kusuma ha sido recreado. Se trata de una réplica de siete metros de altura que permitirá a los visitantes acercarse a la vida cotidiana de los antiguos habitantes de la región y comprender mejor cómo trabajaban y se organizaban. El proyecto, liderado por la organización de conservación English Heritage, está junto al centro de visitantes de Stonehenge, en Salisbury Plain, y requirió la colaboración de más de 100 voluntarios durante nueve meses. Con un coste de 1,5 millones de euros, la obra utiliza únicamente herramientas de piedra replicadas y materiales locales, de acuerdo con los hallazgos arqueológicos del sitio Durrington 68, descubierto a dos millas de distancia, cerca de Woodhenge. Esta iniciativa combina rigor científico e interpretación histórica, y ofrece una experiencia única para el público y las escuelas. Diseño y construcción: un hallazgo arqueológico cobra vida La estructura reproduce un edificio cuyos restos fueron estudiados por primera vez en 1928 por Maud Cunnington y reexaminados en 2007 por el Stonehenge Riverside Project. Su diseño incluye un anillo de postes en forma de herradura y cuatro pilares centrales, lo que sugiere un techo que podría haber servido para ceremonias, almacenamiento o alojamiento de trabajadores. El salón ha sido construido por un equipo de voluntarios de English Heritage utilizando métodos históricamente auténticos y materiales de origen local. Foto: Patrimonio Inglés Según Luke Winter, arqueólogo experimental responsable del proyecto, “Todo en ese edificio crecía en este paisaje hace 5000 años. Hemos contado literalmente cada golpe de hacha en la construcción”. Winter admite que inicialmente dudaba sobre la existencia de un techo, pero la propia edificación lo convenció: “Ahora estoy 75% seguro de que fue una estructura con techo”. Además, el salón mantiene una alineación precisa con el solsticio de invierno, al igual que Stonehenge, lo que muestra el conocimiento astronómico de los constructores neolíticos. Los hallazgos de cerámica y restos animales cercanos indican que se utilizaba para banquetes comunitarios, rituales o almacenamiento colectivo, y revelan una sociedad organizada y colaborativa. Aprendizaje y experiencia: el salón como ventana al Neolítico El salón no solo es un ejercicio de arqueología experimental, sino también un espacio educativo. Las escuelas podrán interactuar con la historia a través de actividades como la elaboración de queso prehistórico o la fabricación de vasijas de barro, lo que permitirá a los estudiantes “aprender haciendo”, en palabras de Iona Keen, jefa de aprendizaje de English Heritage. El objetivo es llegar a casi 100.000 estudiantes al año, con acceso gratuito para grupos educativos y juveniles. “El Neolítico forma parte del currículo nacional”, afirmó Keen, y añadió que la sala interactiva permitiría a los niños “retroceder en el tiempo”.