Respuestas “temporales, selectivas y a medida”. Son las tres características que reclaman la Comisión Europea y el Banco Central Europeo —también el Fondo Monetario Internacional— a los Gobiernos a la hora de aplicar medidas para paliar la crisis energética que ha provocado la guerra en Oriente Próximo. Que el bloqueo del estrecho de Ormuz se prolongue ya más de dos meses y la cotización del petróleo ronde los 100 dólares por barril de brent no les apea de esta triple exigencia, por mucho que España y, con mucha más insistencia, Italia pidan más flexibilidad con las reglas fiscales para responder. “Debemos mantenernos alerta para garantizar la solidez de las finanzas públicas”, ha advertido el comisario de Economía, Valdis Dombrovskis, al acabar la reunión de ministros de Finanzas de la zona euro, el Eurogrupo, este viernes en Chipre. Desde que empezó la guerra en Oriente Próximo, el político letón, un halcón en asuntos fiscales, advierte una vez tras otra de que esta crisis energética no es como la que provocó la invasión de Ucrania por Rusia, sobre todo porque los Estados miembros tienen menos margen presupuestario y, además, deben gastar en defensa para ganar autonomía en este terreno. Y eso es lo que ha vuelto a explicar en el encuentro de Nicosia, la capital de Chipre, país que preside el Consejo de la UE en la primera mitad de 2026. Esta posición cuenta con el contundente respaldo del BCE. “Cualquier desviación de estos tres principios realmente sería dañina”, ha subrayado su presidenta, Christine Lagarde, en referencia a las características que exigen en el diseño de las medidas de alivio de la crisis energética. La francesa también ha pedido coherencia entre la política monetaria y la fiscal, lo que redunda en la petición de que los Gobiernos sean muy selectivos con el gasto público y no echen gasolina al fuego de la inflación, ya muy avivado por las cotizaciones de los combustibles. La opinión de Lagarde y Dombrovskis ha sido muy mayoritaria en la reunión informal del Eurogrupo celebrada justo un día después de que la Comisión Europea presentara unas previsiones económicas que pronostican un frenazo económico. En ellas, los economistas del Ejecutivo de la UE rebajaron las proyecciones esperadas para 2026 en todos los Estados miembros, menos España, quedando el agregado de la zona euro en un magro 0,9%. Y, a pesar de esto, la postura mayoritaria se resume, en realidad, en esperar y ver si escampa. “Parece haber un acuerdo en la necesidad de tener una respuesta selectiva sin aplicar medidas de estímulo fiscal de amplio alcance, [...] teniendo en cuenta el limitado margen fiscal que tenemos”, ha descrito el presidente del Eurogrupo y ministro de Finanzas griego, Kyriakos Pierrakakis. “Lo que estoy diciendo define exactamente el consenso”, ha sostenido. Todas estas intervenciones han llegado al acabar la reunión de los titulares de Finanzas de la zona euro. Antes de comenzar el encuentro, el ministro español, Carlos Cuerpo, había reclamado a Bruselas “consistencia y coherencia” con los objetivos que viene planteando para superar la crisis a más largo plazo. La Comisión ha aprovechado la guerra en Oriente Próximo y el consiguiente encarecimiento del petróleo y sus derivados para apuntar hacia la desconexión de los combustibles fósiles como el camino que debe seguir la UE para reducir su dependencia y no quedar al albur de circunstancias geopolíticas que se escapan a la voluntad europea. Por eso, Cuerpo pide “flexibilidad” a la hora de aplicar las reglas fiscales. “Esto requiere de una enorme inversión y, por lo tanto, nuestras reglas en este caso tienen que ajustarse también tanto en materia de financiación europea como en materia de financiación nacional”, ha reclamado el ministro español. En esta posición, por el momento, se encuentra también Italia. No obstante, hay matices importantes entre Roma y Madrid. La primera capital, con su gobernante al frente, Giorgia Meloni, ha llegado a mandar una carta a Bruselas reclamando que la suspensión parcial de las reglas fiscales que se hizo en 2025 para facilitar el gasto en defensa incluya también las inversiones en renovables y las medidas a corto plazo para aliviar la crisis actual. Hace un año, la Comisión abrió la mano para que los Estados miembros que lo solicitaran pudieran gastar hasta un 1,5% del PIB más en armamento y seguridad sin temor a ser expedientados por exceder los límites del déficit público.Italia pide ahora que ese mismo paraguas sirva para todos los gastos que provoque la situación actual por la crisis energética. España, en cambio, lo limita: solo pide que cubra las inversiones destinadas a acelerar la transición energética hacia una economía descarbonizada: renovables, redes de transporte energético o baterías. No les respaldan, por ahora, los Gobiernos de países que en otras ocasiones similares sí que se han encontrado en esta posición, como Bélgica o Francia. Las circunstancias fiscales de estos Estados —con volúmenes de deuda pública que superan con holgura el 100% del PIB y con déficits anuales en 2025 por encima del 5%— ayudan a entender esa posición. Aunque en el caso de Italia, en una situación similar, esto no es lo determinante. Que la foto de este viernes sea, por ahora, un portazo a la petición de flexibilizar reglas fiscales no supone que vaya a seguir así en el futuro. A su llegada al centro de reuniones en Nicosia, el propio Pierrakakis ha venido a decir que si el estrecho de Ormuz no se desbloquea y se abre al paso del tráfico marítimo la coyuntura puede oscurecerse mucho más: “Junio será peor que mayo; julio será peor que junio”.
El Eurogrupo y el BCE rechazan relajar las reglas de gasto público para responder a la crisis energética
Italia y España reclaman, sin éxito, a la UE más flexilibilidad con las obligaciones fiscales para aumentar el margen de maniobra de los Estados
















