Bolivia lleva tres semanas al borde del abismo. La Paz sufre bloqueos, desabastecimiento de alimentos, combustibles e insumos médicos —incluido oxígeno para hospitales— y gases lacrimógenos en el centro de la ciudad. El presidente Rodrigo Paz, con apenas seis meses en el poder, enfrenta la peor crisis política que el país andino ha visto desde 2019. Y detrás de buena parte del caos hay un hombre que no aparece en ninguna fotografía de las marchas pero que las impulsa con precisión desde su bastión en el Trópico de Cochabamba: Evo Morales, el ex presidente nprófugo de la justicia, acusado de trata agravada de personas por haber mantenido una relación con una adolescente de 15 años durante su mandato.
Marcha
La llamada "Marcha por la Vida para salvar Bolivia" partió el 12 de mayo desde Caracollo, en Oruro, recorrió 190 kilómetros por el altiplano y llegó el lunes 18 a La Paz. La encabezaron campesinos, indígenas aymaras del movimiento Ponchos Rojos, mineros que devuelven granadas de gas con una patada y militantes cocaleros afines al ex jefe de Estado.
El objetivo declarado es exigir la renuncia de Paz y el cese de los procesos judiciales contra Morales. El objetivo real —que nadie en el entorno evista se molesta demasiado en ocultar— es desestabilizar al gobierno hasta hacerlo caer.










