La imagen de largas filas de montañistas esperando su turno para alcanzar la cima del Everest dejó de ser excepcional para convertirse en una escena cada vez más frecuente. En la última temporada, esa saturación volvió a quedar en evidencia y reactivó un debate que lleva años: cuántas personas deberían poder intentar subir la montaña más alta del mundo.El reclamo más reciente provino de una voz difícil de ignorar. Kami Rita Sherpa, el hombre con más ascensos al Everest, pidió que se limite la cantidad de permisos que otorgan las autoridades de Nepal ante el aumento de expediciones y el riesgo creciente en la cima.A sus 56 años, Kami Rita no solo volvió a coronar el pico de 8849 metros, sino que lo hizo por 32ª vez, superando su propio récord. Desde su primera ascensión en 1994, participa casi todos los años en expediciones como guía, un rol clave para la seguridad de los escaladores extranjeros.El conocido guía de montaña sherpa Kami Rita, es recibido en el aeropuerto a su regreso del Everest tras fijar un nuevo récord con su ascenso número 32.Niranjan Shrestha - APTras su último regreso a Katmandú, fue directo: “Este año estuvo muy concurrido en comparación con el año pasado porque había más clientes. Es necesario que las autoridades controlen este número”.El dato que respaldó su preocupación es contundente. Solo el miércoles pasado, 274 escaladores alcanzaron la cima por el lado nepalí, la cifra más alta registrada en un solo día en esa vertiente. En total, el gobierno de Nepal otorgó 494 permisos para esta temporada, a los que se suma una cantidad similar de guías sherpa que acompañan a los expedicionarios.El resultado es una concentración inédita de personas en un tramo extremadamente angosto y exigente de la montaña. En la última etapa antes de la cima, los alpinistas avanzan sujetos a una cuerda fija, lo que los obliga a moverse en fila. Cuando el flujo se vuelve demasiado denso, se generan verdaderos “embotellamientos” a más de 8000 metros de altura.Récord en el Everest: 274 alpinistas lograron ascender en un día por la ladera sur de la imponente montaña@satoriadventuresEse es uno de los principales riesgos. En la llamada “zona de la muerte”, donde el oxígeno es escaso y las condiciones climáticas son extremas, cada minuto cuenta. Las demoras obligan a los escaladores a permanecer más tiempo expuestos al frío, el viento y el agotamiento, lo que aumenta las probabilidades de accidentes.La situación de este año tuvo un factor adicional. La ruta de ascenso desde el lado chino, en el Tíbet, permaneció cerrada, lo que concentró a la gran mayoría de los intentos en la cara sur, desde Nepal. Esa combinación derivó en una presión mayor sobre los permisos y sobre la propia logística de la montaña.El pedido de limitar el número de ascensos no es nuevo, pero gana peso cuando proviene de quienes conocen el Everest desde adentro. Los guías sherpa, que no solo acompañan sino que también instalan cuerdas, cargan equipo y abren camino, son quienes primero perciben cómo cambia la dinámica en la montaña.Kami Rita es uno de esos casos. Hijo de uno de los primeros guías sherpa, acumuló décadas de experiencia no solo en el Everest, sino también en otras cumbres de más de 8000 metros como el K2, Cho Oyu, Manaslu y Lhotse. Su advertencia no se limita a esta temporada, sino que apunta a una tendencia sostenida: cada año hay más expediciones y más personas dispuestas a pagar para intentar llegar a la cima.El Everest se convirtió desde hace décadas en un objetivo global que combina deporte, turismo de aventura y prestigio personal. Pero ese crecimiento también trajo nuevas tensiones: sobrecarga de rutas, impacto ambiental, acumulación de residuos y una presión creciente sobre los equipos locales que sostienen las expediciones.Kami Rita Sherpa pidió que haya un mayor control en los permisos para escalar el EverestPRAKASH MATHEMA - AFPNepal, cuya economía depende en parte del montañismo, enfrenta un dilema complejo. Limitar los permisos implicaría reducir ingresos, pero mantener el ritmo actual puede comprometer la seguridad y la sostenibilidad de la actividad.En ese contexto, el planteo de los sherpas vuelve a instalar la discusión sobre cómo regular el acceso a la montaña más emblemática del planeta. No se trata solo de una cuestión de números, sino de definir qué tipo de experiencia —y qué nivel de riesgo— están dispuestos a aceptar quienes intentan alcanzar la cima del mundo.Mientras tanto, la escena se repite: filas en la cresta final, esperas prolongadas y una montaña que, cada vez más, parece quedar chica frente a la cantidad de personas que buscan llegar a lo más alto.El pedido de mayor control se da en un contexto de cifras inéditas en la montaña. El escalador británico Kenton Cool alcanzó esta semana la cima del Everest por vigésima vez y amplió su propio récord entre los no nepalíes, en una temporada en la que más de 600 alpinistas ya lograron coronar el pico. Con información de AP y AFP.
Everest: tras una temporada récord y la saturación en la cumbre, crecen los pedidos para limitar los ascensos
Los récords de ascensos y la concentración de alpinistas en la cima reavivan el debate sobre la seguridad en el Everest y el límite de permisos otorgados por Nepal










